Arrancó la primera jornada del festival más azucaradamente pop del año en la capital aragonesa con no mucha respuesta de público aparentemente, aunque la sala iría llenándose poco a poco hasta llegar al lleno de la segunda noche. Nobel fue el grupo encargado de abrir el festival, con una propuesta desenfadada y juvenil (su simpatía y entusiasmo sobre las tablas fueron un punto a su favor), que supo entretener y poner en contexto a los asistentes más madrugadores. La Monja Enana tuvieron que lidiar con un sonido pobre que restó tirón a su tecno pop adhesivo aunque allí estaban todos sus (numerosos) incondicionales para apoyar al grupo y corear temas tan pegadizos como “Números” o “Me enamoré de un robot”. Con una expectación más que notable llegaría después DA, sereno y seguro al contar con la solvencia de las canciones de “Dormidos en el zoo”, el cual iría desgranando tema por tema destacando hits –que ya lo son- como “Para siempre” o “Todo puede ser“.Hidrogenesse serían los encargados de poner la nota freak a la jornada. Túnicas, tacones y pose de “artistas iluminados” mezclados a partes iguales en una actuación que más que gustar, asombró. El segundo día presentó un lleno casi absoluto desde su inicio, y es que ahí estaban Nosoträsh como primer reclamo. Las de Gijón tocaron en un formato eminentemente acústico, que demostró la solidez de sus canciones y su madurez como grupo, logrando entre muchas otras cosas que el respetable corease “Arte” a voz en grito. Y miren, los pelos de punta. Garzón, quienes si renunciasen a postulados como “ensayar es de cobardes” serían todavía más grandes de lo que ya apuntan, regalaron un concierto agitado y plagado de estribillos imposibles de sacarse de la cabeza, repasando uno de los mejores cancioneros del pop hecho en castellano. Tras ellos, le tocaba pisar el escenario del antiguo teatro a La Casa Azul y poner así el punto y final a esta edición del festival. La respuesta no pudo ser más entusiasta. Toda la Oasis fue cómplice desde el primer momento de las evoluciones de Guille Milkyway, que aprovechó para poner toda la carne en el asador manteniendo atenta a su audiencia aunque, en algunas ocasiones, el modo de alternar temas para bailar con otros mucho más tranquilos marease un poco. De todos modos, pocos artistas son capaces de convencer a tanta gente, y lo que es más de agradecer, lograr que la sonrisa se les mantenga durante horas.
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