Pellejos, ¡se armó el bochinche!
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Pellejos, ¡se armó el bochinche!

7 / 10
Carlos H. Vázquez — 08-02-2013
Empresa — El Volcán
Sala — Taboo
Fotografía — MAriano Regidor

¿Qué podían hacer unos músicos de formación con un “ajustador” de seguros? Pues llegar a Madrid desde México y armar el bochinche bajo el estridente nombre de Pellejos presentando un LP de igual nombre. A esas alturas de la noche poco importaba ya dejar caer alguna que otra neurona entre la gente pasada de rosca que por allí pululaba. Y eso que Pellejos es una borrachera de Bukowski con un chute de Jim Morrison. ¿Podría tildarse como algo negativo? Lógicamente… no, y menos viniendo de unos “carnales” con ganas de liarla en su primera visita a España.

Después de las doce de la noche y cuando las brujas salían de caza, Mariano Villalobos (batería), Esteban Aldrete (guitarra) y Daniel Guzmán (bajo) se tomaban su tiempo afinando los instrumentos a la espera de Ignacio Perales, el vigoroso y corpulento vocalista que no se cortaba un solo pelo en pasarse las leyes por el arco del triunfo dando caladas a un porro a la vez que bebía a morro de una botella de mezcal saludando a los “reptiles invertebrados” que desde el suelo lo observaban. La legalidad establecida no estaba presente.

La verdad es que la estampa era curiosa viendo a los músicos antes de empezar el show: cualquiera diría que esos chavos no eran más que unos pipas sacados de una película ochentera de Alvaro Vitali poniendo a punto el equipo de la noche. Pero no, nada de eso. Pese a la estética que portaban, los chicos regaron de rock y blues (y una actitud muy punk) al selecto -pero escaso- público presente con el rock and roll old school de ‘Gente poseída por rockolas’, primera de la tanda de nueve canciones que embrutecieron la palabra de Pellejos. “A España la quieren regresar al tercer mundo”, dijo Ignacio después de escupir ‘Gas’, uno de los temas más representativos y más significativos de la banda del D.F., entablando un hilo de urbanidad marginal brutal. ¡Lástima que dejaran en el banquillo la tan apreciada ‘No estás solo’!

El romanticismo no tenía cabida ni en ‘La morralla del amor’ ni en la salvaje ‘Baby’, aunque ésta última narraba los raptos de recién nacidos en los hospitales mexicanos para ser vendidos más tarde en los Estados Unidos. Y es que, como dijo el oscuro cantante: “Ya ven que los gringos lo compran todo”. Cada nueva canción iba a más. Subiendo y bajando el ritmo de la percusión y del olor de la marihuana. Ya era el momento de sentenciar: Pellejos eran cojonudos y un grupo perfecto para Tarantino.

Letras apocalípticas, ensoñaciones, demonios (‘Abuelita’) y negritud eran parte del ritual en cada rola. No tenían trabas ni censuras. Sonaban a lo que tenían que sonar. El canto se dirigía hacia los discursos ocultistas más inquietantes dando la espalda a la técnica y precisión en ‘El alimento del miedo’, sentimiento gore para metáforas cárnicas. Pero en realidad no hacía falta virtuosismo, sino actitud bien “chingona” con soberbia, esa misma que finalizaba en ‘Las joyas de la familia’ cerrando la sórdida velada en la que la oscuridad tenía la última palabra. For all you pussy lovers!

Un comentario
  1. Era un cigarro!!!!! No un porro OK ???

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