A tenor del fandom, es probable que mucha de la gente que llenaba la sala Capitol durante el primer concierto de Patrick Watson en Galicia (y ubicado dentro de la programación adicional del Underfest Xacobeo) fuera conocedora de su reciente tragedia. Pero alguno habría que no tuviera ni idea de que perdió la voz justo antes de presentar su octavo álbum de estudio, “Uh Oh” (Secret City, 25), una obra que lo sitúa como artista de referencia del pop de cámara y el folk poético contemporáneos.
A veces hacen falta pocos gestos para transmitir empatía, y eso le pasó a Watson en Santiago de Compostela. Acompañado por su banda y Ariel Engle –aka La Force– (miembro de Broken Social Scene), Watson tejió con intensidad y delicadeza los temas del disco que confeccionó cuando le dijeron que no iba a poder volver a cantar. Fuerza y fragilidad marcaron el concierto porque así es su música: canciones que suenan en series, películas, anuncios y redes sociales, caracterizadas por la voz rasgada y un combo en el que melodías y letras se pasan por la turbina hasta alcanzar altas cotas de emotividad.
Así fue desde el envolvente comienzo en la capital gallega, donde, con un sobresaliente espectáculo de luces, Patrick Watson pilotó el helicóptero con el toque experimental y electrónico que, en ocasiones, le gusta incorporar. Sentado al piano, como en “House On Fire”, este fue –junto a las voces de Watson y La Force– el otro gran protagonista, integrado a la perfección con una soberbia batería, al igual que el bajo, la guitarra acústica y el resto de instrumentación.
Nunca habla de política, o eso dijo, pero en Compostela dedicó un tema a 'los que se están cargando el planeta', antes de recordar que su cantante preferido es el venezolano Simón Díaz y que le gustaría hablar mejor español porque le encanta cantar en este idioma. Desde luego, “Melody Noir”, de su álbum “Wave” (Domino, 19), sonó deliciosa; como “Je te Lesserai des Mots”, y aún con la torpeza de parte del público demasiado centrado en demostrar su amor por el canadiense, él siguió jugando a hacer su magia, usando al público de coro en más de una ocasión, como en “Big Bird in A Small Cage”.
Debió de darse cuenta del riesgo de caer en un punto repetitivo a mitad del concierto, cuando se entregó al trap de la mano del autotune. Y continuó haciendo lo que mejor se le da con “Man Like You” y “Here Comes The River”. Con las pasiones ya del todo desatadas entre el auditorio, los bises dejaron hueco para hits del tipo de “Lighthouse” y “Silencio”. ‘Perdí la voz, porque hablaba demasiado alto’. Parece un guion de película, pero es su vida en verso.

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