Lleno en el paraíso
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Lleno en el paraíso

9 / 10
Martín P. Corral — 19-08-2026
Fecha — 15 agosto, 2026
Sala — Paredes de Coura (Portugal)
Fotografía — Cedidas por la organización - Foto de portada (Wet Leg) Hugo Silva

Ciento quince mil asistentes tomamos el municipio portugués de Paredes de Coura, de cerca de diez mil habitantes, los pasados 12, 13, 14 y 15 de agosto; también su anfiteatro natural y la playa fluvial do Taboao. Hace años tuve la oportunidad de acercarme a la joya de los festivales lusos para un único concierto y me quedé prendado de su escenario principal. Aquel día me prometí que volvería a vivir la experiencia al completo, pero no esperaba poder hacerlo con un cartel de excelencia internacional –Kneecap, Wet Leg (foto portada), Underworld, Bloc Party, Amyl and The Sniffers…– y nacional –A Garota Nao, Salvador Sobral, Sérgio & os assesores com amigos…– como el que presentaron esta edición. Así que tuve claro que este año era mi oportunidad perfecta.

Y es que tras cuatro intensos días, varios de ellos en jornadas maratonianas de cinco de la tarde a cinco de la noche para huir del efecto invernadero del camping –prácticamente única opción de alojamiento debido a las limitaciones del pueblo– puedo reafirmarme con total seguridad de que el anfiteatro natural, cuna del escenario principal –sin solapes, los conciertos se encadenan con el secundario Palco Coura Sem Paredes– es el auténtico protagonista del festival. Y esa, en parte, es exactamente la razón por la que decidí venir. Cada vez es más frecuente encontrarnos en boca de melómanos el concepto de “festigual”, festivales con carteles clónicos, así que yo quería volver a sentir que, tocase quien tocase, me encontraría con propuestas de calidad en un escenario prácticamente único y de una belleza natural extrema. Un escenario con una acústica y una visión sublimes desde cualquier punto del recinto. También se aprecia que, aunque el festival lleve el nombre de una multinacional, no está lleno de activaciones de marca constantes, sino que se desenvuelven en espacios reducidos y concretos.

Si bien es cierto que este es principalmente un festival de bandas –hasta para bailar, con esa techno marching band que es Meute–, también pudimos disfrutar de grandes propuestas electrónicas como los sonidos club británicos de Joy Orbison o el dúo barcelonés Dame Area, sin lugar a dudas una de nuestras bandas de mayor proyección internacional gracias a un post-punk industrial de indudable personalidad. A eso podemos sumarle solistas pop (CMAT), experimentales (Sophia Stel), música de raíz (Julia Mestre) o hasta un solo de piano del canadiense Patrick Watson. Pero mejor pasemos a desentrañar algunos de los directos más destacados de la 33ª edición de un festival que es un oasis, aunque masificado, para los amantes de la música en directo hartos de la coachellización.

Miércoles 12 agosto

CMAT
Tras el eclipse, nos acercamos al escenario principal a disfrutar de la principal propuesta pop de la edición. La irlandensa CMAT cantó su hit viral “Take A Sexy Picture Of Me” aunque tampoco era imprescindible para disfrutar su fantasioso, casi esperpéntico y siempre queer show. Músicos travestidos y un “Free Palestine” coreado al estilo Cha Cha Heels fueron el atrezo más tangible a una voz más madura de lo que pueda parecer de primeras, con un timbre similar al de Dolly Parton y una energía que junto con el vestido rojo que llevaba podía recordar hasta por momentos a la de Florence a+ The Machine, siendo esto palabras mayores. Los violines protagonizaron su sonido frente a las guitarras, aunque el mayor protagonismo de su show lo obtuvo la lata de Super Bock que bebía constantemente sobre el escenario y que acabó regalando a uno de los fans de las primeras filas que se la pedía insistentemente.

WET LEG
Lo que hace no tantos años parecía una novedad brillante del indie británico, hoy es una de las voces más diferenciales de un post-punk ácido, sexy y dramatizado que en España encarnan grupos como las shego. El dúo original de la pequeña Isla de Wight regresó a Portugal con su habitual formación de directo de cinco músicos, con un directo más compacto, más físico y mucho más ambicioso, en el que las canciones más perversas de “moisturizer” conviven sin complejos con los himnos que las catapultaron. La mayor dimensión instrumental no les ha hecho perder su sentido del humor, con una Rhian Teasdale de pelo rosa que parecía someterse a una sesión de exorcismo adolescente, aunque sí ha desplazado el centro de gravedad hacia atmósferas de bajos más protagonistas y guitarras más afiladas frente a lo que, en cierto momento, pareció un fenómeno pasajero.

KNEECAP
Tras tocar de forma consecutiva en los dos últimos Primavera Sound además de un Bilbao BBK 2025 del que resultaron ser una de las actuaciones más aplaudidas, el trío irlandés no necesita de otra cosa que de su talento y sincronización para hacer arder el escenario. DJ Próvaí dispara beats que atraviesan el hip-hop, el acid, el dubstep y el drum and bass mientras Mo Chara y Móglaí Bap escupen sus barras con una velocidad y ritmo que hace casi imposible escapar del pogo. El trío es capaz de universalizar himnos gracias a un humor, mala leche y forma de militancia que es imposible no resuene con una experiencia generacional comprometida.

Jueves 13 agosto

A Garota Nao
El descubrimiento luso que, sin duda, me llevo de esta edición es la siempre combativa cantautora Cátia Mazari Oliveira. Lo que empezara como algo íntimo, marcado por una suave melodía opacada por el áspero y cálido timbre de la artista, acabó como una manifestación contra la privatización de las playas portuguesas al grito de “A puta que os pariu a todos”. Por el medio, música de guitarras desafiando estereotipos sobre su género –ya sea este el musical o femenino– y su capacidad para hacer rock. El proceso entre estas tres etapas del concierto fue casi imperceptible para el público, demostrando su maestría en la construcción de intensidad sin necesidad de grandes gestos.

Hermanos Gutiérrez
El diálogo cinematográfico de guitarras de los Hermanos Gutiérrez prometía ser una de las actuaciones más emocionantes de la edición, pero entre el rock psicodélico de Kurt Vile & The Violators y el techno físico de Underworld, la preciosista parsimonia del dúo no fue adecuada para el penúltimo set sobre el anfiteatro natural. Las hipnóticas atmósferas experimentales que crean se perdieron entre un público disperso para un concierto que sería de excelencia en una sala, pero que apenas lució en Paredes de Coura.

Underworld
El dúo galés formado por Karl Hyde y Rick Smith, de sesenta y nueve y sesenta y siete años de edad, convirtió el anfiteatro en la mayor discoteca al aire libre de lo que llevábamos de festival. Un techno duro y oscuro vertebró los sonidos electro, acid y breakbeat, conduciendo los drops y falsos drops con los que transicionaron algunos de los temas más oscuros y experimentales de un repertorio que, lejos de vivir de la nostalgia, sigue incorporando nuevas formas de entender la rave. Entre visuales, sintetizadores expansivos y una producción sonora demoledora, Underworld volvieron a demostrar por qué su particular manera de mezclar hombre y máquina, que se convirtió en uno de los grandes referentes electrónicos de los noventa, no es solo capaz de perdurar sino también de actualizarse manteniendo toda su autoridad.

Viernes 14 agosto

Carolina Durante
Los Cuatro Chavales reunieron a todos los españoles posibles para cubrirse de sudor cantando y saltando bajo cantidades de calor considerables en la primera actuación del día en el anfiteatro. Menos teatralizados y más desinhibidos que en su paso por festivales del pasado verano, ofrecieron un show digno de lo que representan: ser una de las mejores bandas de la contemporaneidad en nuestro país. Ocho canciones bastaron para hacer un recorrido desde la que fuera la primera publicación post-OT de Amaia, su particular y exitosa versión de Marcelo Criminal “Perdona (ahora si que si)”, hasta el efectivo himno “Hamburguesas”, que sirvió como cierre. Un concierto redondo que, como “TOMÉ CAFÉ”, nos energizó para el resto de la jornada.

Bloc Party
Veinte años después de su primera actuación en el festival, el punk-electrónico a ratos dreamy y a ratos masivo de los británicos Bloc Party consiguió crear un ritual de forma literal que nunca antes había vivido en un concierto. De alguna manera, todos formábamos parte de un mismo pogo del que durante la totalidad del set bajaron a cientos de personas en los brazos de la masa de todas las alturas y rincones del anfiteatro natural como si fuesen una ofrenda a la música, al alma de Paredes de Coura. Un auténtico sueño lúcido.

M.I.A
Tras su más reciente y religioso álbum “M.I.7”, con siete samples de las trompetas del apocalipsis y un cierre de treinta minutos de silencio, me temía lo peor del show de M.I.A.. Aunque hubo momentos en los que disfruté, no creo que pueda decir lo mismo de la mayor parte del público. Con ese constante “pa-PA-PAA-PAAA!” típico de atracciones de fiesta mayor, la primera parte del concierto se la pasó moviéndose por el escenario como las propuestas más camp –y por qué no decirlo, malas– propias de televisiones sin presupuesto en Eurovisión. No se entendía una palabra de lo que decía y en un festival a destacar, con muy numerosas muestras de apoyo a Palestina por parte de los artistas, las imágenes proyectadas generadas con IA de los bombardeos en Gaza no generan ningún tipo de empatía, sino más bien algo de bochorno. Para el final del concierto se reservó a un coro gospel que cantaba algo similar al “I Love You Jesus” de Trisha Paytas o cualquier canción de campamento religioso entre el que por momentos aparecía M.I.A. disfrazada de lona azul de camping para tratar de entonar más barras ininteligibles. Un absoluto despropósito.

Carolina Durante - Foto de Hugo Lima

Sábado 15 agosto

Meute
Antes de tomar el anfiteatro natural, los once componentes de la techno marching band alemana volvieron a crear de forma orgánica una efectiva sesión de baile. Ofrecieron una actuación sorpresa a orillas de la playa fluvial do Taboao con la que crearon una improvisada rave acuática. Uno de los momentos más inesperados y especiales de la edición que, sin duda, quedará en el recuerdo de quienes lo vivimos. Sobre el escenario principal, Meute fueron los primeros en marcar el beat de la noche más electrónica del festival. Eso sí, con trompetas, bombos, marimbas y saxofones. Ni un solo sintetizador ni ninguna mesa de mezclas en el más disfrutado y multitudinario set “electrónico” de la edición. De especial identificación y resonancia para los locales, ya que los instrumentos son los propios de las romerías de la región portuguesa del Miño.

Thundercat
El atípico, entre camp y visionario, Stephen Lee Burner ejecutó sobre el escenario un ejercicio de virtuosismo llevando su bajo de seis cuerdas a una fiesta psicodélica donde el jazz, el funk y el r&b se cruzaron con una naturalidad sorprendente. Entre cambios de dirección, líneas imposibles y una batería y unos teclados capaces de seguir cada una de sus piruetas sin perder nunca el pulso, Thundercat llevó al anfiteatro por terrenos que podían haber resultado excesivamente complejos para un festival como este, pero que acabaron funcionando justamente por lo contrario: porque debajo de toda aquella técnica siempre había una canción, un groove al que agarrarse o un estribillo capaz de devolver la música al terreno más inmediato.

Amyl & The Sniffers
Un cierre perfecto para un festival de bandas perfectas. Rebosante y sin freno como es habitual, Amyl, una de las más carismáticas frontwoman de los últimos tiempos, acompañada por The Sniffers –batería, guitarra y bajo con absoluto dominio instrumental y bpm desorbitado para los estándares actuales– nos hicieron sudar la esencia del punk rock australiano desde The Saints hasta Cosmic Psychos entre los que han conseguido a base de tocar sin parar –unos setecientos conciertos en diez años sobre los escenarios– perfeccionar su sonido hasta ser los mayores representantes de su género en la actualidad. Su esencia por tanto es capaz de converger a la perfección con los valores del festival. Grandes exponentes internacionales con identidad nacional, pero que, sobre todo, saber hacer un rock que nos hace disfrutar a todos.

 

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