No me importa repetirme cada vez que hablo de los festivales portugueses. No me importa repetir que hace tiempo que estos eventos allí se cuidan de otra manera, se plantean como un conjunto de placeres que van más allá de lo puramente musical. Para empezar, el lugar donde se localiza cada año este festival es un vergel atravesado por un río con unos alrededores que ya quisieran poder vender cualquiera de los festivales a los que acudimos en manada cada verano. Repetimos viendo jazz cada tarde en una pradera sombreada. Hemos disfrutado cada mañana en la misma pradera de sesiones de yoga (que practicaban otros…), de concursos de Air Guitar, de lectura de poesía… Distinto vaya. Pero miremos sobre los escenarios, que no han estado nada mal. El jueves llegábamos para la actuación de los portugueses X-Wife, valor seguro para la fiesta guitarrera y bailona. The Bellrays hacían lo que mejor saben hacer: arrasar a base de potente rock y enorme voz soulera. Una sorpresa descubrir que quien manejaba los controles durante su concierto era Edu, bajista de Tachenko. Los Mando Diao llegaban para enamorar a las fans y para regalar una de las mejores actuaciones del festival. Nunca fallan. Y la hora del circo llegaba a Paredes. Los que fueran iconos de una generación se presentaban frente a viejos y nuevos seguidores para dejarse tomar el pulso a base de “Anarchy in the U.K.” o “God save the queen”. Lástima que detalles como el insultar a quien intentaba subir al escenario colocasen a Johnny Rotten a años luz de aquel símbolo de agitación que fuera. Cambio de escenario, ya que en el Burn After Hours tocaba la salvaje actuación de unos The Mae Shi contundentes e impresionantes como aperitivo de una poco brillante sesión de Dj Amable, quien sabe y puede, cuando quiere, poner boca abajo al respetable. El viernes abrirían D30 el escenario Ibero Sounds Fanta Play On, a quienes seguirían los Layabouts, otra de las celebradas representaciones estatales en el vecino festival. El escenario Heineken comenzaba a llenarse para presenciar la propuesta de Two Gallants, elegante y sentida, como viene siendo habitual. The Rakes, desmarcados ya de su papel de teloneros de Franz Ferdinand sorprendieron y cumplieron. No así los primeros sustitutos del festival. The Sounds se marcaron una chabacana y previsible actuación que sirvió para que buena parte de los asistentes optasen por algo más productivo, como llenar la panza. Tiempo para unos Editors que si bien empezaron muy potentes se fueron apagando. Nada que ver con aquella actuación demoledora de hace un par de años en el portugués Super Bock Super Rock. Y por fin los Primal Scream estrenando disco. Algo cansados, pero incluso así resolvieron como la gran banda de directo que son su tiempo de show. Otros que no fallan. Y cambiábamos de escenario para una de las actuaciones que más me apetecía ver, la de unos These New Puritans que gustaron, pero que no me elevaron al estado al que quería llegar. De todos modos, nada se puede criticar de su hora de concierto. Y llegaba el día grande. Cambios en la parrilla del escenario grande adelantaban la actuación de The Mars Volta y provocaban algún movimiento más. De todos modos, otro de los mejores momentos del día llegaba con la aparición en el escenario pequeño de Dorian. Alabaron la iniciativa de la organización de la lectura de poesía y correspondieron con unos versos en portugués. Y lo más importante, entregaron un gran concierto e hicieron bailar al caer la tarde a todos los allí presentes. La clase indiscutible de Spiritual Front abriría el escenario principal, a quienes seguirían otros de los poco acertados “sustitutos”. The Teenagers, quienes venían a suplir la baja provocada por The Pigeon Detectives realizaron una de las menos reseñables actuaciones de la jornada. Poco importaba porque llegaba el momento de jugar en otra liga, esa en la que grupos como The Mars Volta encabezan. Sigo buscando las palabras para describir semejante burrada de show. ¿De qué planeta vienen estos señores? Actitud, aptitud, elegancia, energía. The Mars Volta fueron, sin lugar a dudas, la mejor cabeza de cartel que podía ostentar el Paredes de Coura. Impresionante. A dEUS les tocaba la papeleta de salir tras los marcianos, y vaya si aprobaron. Los belgas pusieron toda la carne en el asador para entregar otra de las mejores delicias del festival. A estas alturas no les iban a faltar hits para hacernos quedarnos hasta el final, digo yo. Wraygunn se encontrarían con que les tocaba cerrar el escenario grande frente a gran cantidad de compatriotas que disfrutaron con una actuación solvente. La noche (para algunos) acabaría en el escenario pequeño con Woman in Panic y Surkin. El cuerpo empezaba a resentirse ya al final de la tercera jornada, la verdad… Los bizarros Cómodo Wagon abrirían el domingo, seguidos de unos We are Standard que fueron capaces de hacer que la gente tirase de las reservas de energía que quedaban para tener frente a ellos a un auditorio bailón. Espero que este tipo de incorporaciones estatales al cartel del festival portugués continúen, aunque por aquí se podría hacer lo propio con gran cantidad de artistas lusos de demostrada calidad. Ra Ra Riot entregaron otro de esos momentos para recordar. Divertidos, solventes y exquisitos. Una banda a seguirle la pista, sin lugar a dudas. Las Au Revoir Simone derrocharon simpatía y un pop electrónico delicioso y perfecto para los cuerpos cansados de muchos de los asistentes. De la actuación de tributo a Joy Division me gustaría poder contar algo mejor, pero eso será cuando los consagrados músicos portugueses reunidos para la ocasión se tomen más en serio semejante encargo. Biffy Clyro arreglaría, a base de rock de alto voltaje el trago anterior. Desconocidos para el que firma, hicieron vibrar. Y aparecía el que fuera el niño bonito del indie. Qué atrás queda aquello ahora viendo a Lemonheads. Acelerados y sucios, les salva la larga lista de hits cosechada durante su carrera. Los tocaron. Los canté. Pero la imagen de Dando es la de una persona que provoca bastante pena y nostalgia. It’s a shame about Evan. Por suerte, la gran familia Thievery Corporation haría su aparición para deleite de un público con ganas de abandonar el escenario principal con un hedonista sabor de boca. Impecables, si pasamos por alto la reiterada metedura de para de su cantante brasileña empeñada en que estaba tocando en Oporto. Rápido hacia el otro escenario para no perder ni un segundo de unos Caribou con la base rítmica pasada de decibelios. Pero, ¿a quién le importaba? Tremendo concierto y fin de fiesta para aquellos que no acabásemos con la sesión de Twin Turbo.
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