Fuerte y puntiaguda desfiló Nathy Peluso por el cierre del “Grasa Tour” en el Movistar Arena de Madrid. Una última noche para celebrar el éxito acumulado con orgullo. Un último cigarro para terminar la cajetilla y meditar sobre las direcciones tomadas en todos estos años. Un canto individualista bajo hits intachables, apoyo incondicional del público y grandes músicos en la sombra cogiéndole de la mano con fuerza.
“Oye mi gente, no sé si reír o llorar. Guau, la última fecha”. Como dueña y matriarca absoluta de su show; Nathy se subió al escenario recordándonos su poder de atracción desde que “Corleone” diera el disparo de salida al espectáculo. Los primeros bloques estuvieron protagonizados principalmente por un baile íntimo entre los temas de “Grasa” y clásicos que colocaron su lado más hip hop en el front row de la cita. Sonó pronto “Business Woman”, tuvimos la anécdota de la noche con “Delito” cuando se le “voló la peluquita” de forma literal acudiendo al suelo a por ella. Y generó una conexión muy física, cercana, con el público bajando a interaccionar en “Todo roto” mientras se proyectaba de fondo una animación de Ca7riel y Paco Amoroso con big booty energy.
El “Grasa Tour” es un fiel heredero de las giras previas de la estrella. Se sostiene en el discurso personalista construido alrededor de la figura de Nathy Peluso. Pocas veces pone el foco en otros factores, salvo un pequeño cuerpo de baile masculino que sirve de apoyo a la hora de contar la narración cinematográfica y “mafiosa” que enlaza los diferentes bloques del show. Pero, lo bueno es que sigue manteniendo con vida la frescura de los comienzos a la hora de ver gozar a Nathy sobre el escenario y ofrecer siempre una entrega plena defendiendo su propuesta a capa y espada. “Doy gracias por este ritual de la verdad, por ser consciente de mi don. Respétense, escúchense, que nadie os diga que sois menos. Confíen, los amo”, soltaba emocionada tras demostrar con “Ideas radicales” que siempre que entra en un área más melódica su talento reluce con mucha más fuerza. La voz de Nathy se disfruta en directo cuando se hace grande, fluye, se libera: “Gracias por confiar en mí como mujer, como artista. Juntos hacemos cultura, recuerdos. Sin música la vida estaría vacía”.
Nos acercábamos así al último y largo acto de cierre con cambio de look y la salsa entrando por nuestro cuerpo. “Yo sé que en mi público hay gente triunfadora, irreverente. Mientras nosotros triunfamos hay gente que se dedica a envidiar. Madrid qué regalazo, nunca voy a olvidar este momento. Gracias”, lanzaba Nathy para presentar “Envidia” y pocos segundos después quedarse emocionada en silencio viendo cómo la masa al completo coreaba desaforada la canción. Antes de la clausura, la artista quiso repetir la misma fórmula que en Barcelona y apostar por algunos temas de “Malportada”, su EP del pasado año. Temas que funcionaron sorprendentemente bien como “Que lluevan flores”. Junto a ellos, además, buscó también reforzar aún más su verdadera esencia colando canciones muy queridas como “Mafiosa” o “Puro veneno”. Hasta que finalmente su idilio, su gran noche de amor, llegó a su fin.
“Buenos aires”, una siempre adorada “Vivir así es morir de amor”, confeti por todos lados y “Remedio”. Terminaba una era importante para Nathy con este fin de gira. Aunque se podría decir que ya ha comenzado nueva etapa con la reciente colaboración junto a Marc Anthony que, por cierto, no quiso incorporar al repertorio de la despedida. “Qué musicazos tengo acompañándome por el camino”, miraba Nathy orgullosa a la banda haciendo referencia a todo lo que habían recorrido juntos. Y es que es importante destacar el enorme trabajo que han hecho estos, cita tras cita, “ocultos” a los lados del escenario para dejar el gran peso a la estrella, que sus deseos se cumplan, que brille como se merece. Cómo han empujado fuerte el “Grasa Tour” y han defendido un show plural que es capaz de deslizarse desde un sonido más pop o urbano; hasta una latin energy clásica e impecable. Eso sí, llegados a este punto, bien es cierto que nos toca mencionar que siempre nos sorprendará la falta de sororidad en la propuesta, la ausencia de mujeres sobre el escenario tanto en músicos como en cuerpo de baile; a pesar de los discursos de empoderamiento del repertorio. Ya que únicamente vivimos la breve y fugaz aparición de Lua de Santana en “Menina”.

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