El desierto de los Monegros albergó el pasado 18 de julio a más de cuarenta mil personas en la decimoquinta edición del Monegros Desert Festival, desde hace años una de las fiestas veraniegas más importantes de la península. El buen tiempo en comparación con ediciones anteriores y sobre todo el trabajo de casi sesenta artistas repartidos en cinco escenarios hicieron que los asistentes quemasen las suelas de sus zapatillas durante las veintidós horas que duró el festival. Miles de incondicionales de la electrónica, tanto españoles como extranjeros, estaban esperando a que abrieran las puertas del festival a primerísima hora de la tarde. Uno de los primeros platos fue Fran The Breakstorm, que empezó con dubstep machacón para enlazarlo más tarde con hitazos de drum’n’bass, acompañado de sus compañeros en las fiestas Breakstorm barcelonesas, MC Prince Osito y MC R-vee.
Más tarde nos mudamos de escenario para asistir al set de apertura de Cristian Varela. El estandarte del techno español –con el pelo más largo y con unos cuantos kilitos de más que en las fotos- caldeó el ambiente con una buena sesión, tanto en cantidad como en calidad. Un poco antes de lo previsto, Carl Cox -uno de los grandes reclamos del festival- tomaba el relevo de Varela con más toneladas de techno a sus espaldas. El de Oldham hizo lo que mejor sabe hacer: una perfecta simbiosis entre música y público aún a sabiendas de lo que va a pasar a continuación. Lo de Pendulum, más que un set pareció un concierto con los greatests hits de los Aussies, donde todo el público coreó al unísono temas tan resobados como el más que cansino “Tarantula”. Por su parte, los brasileños Pet Duo pusieron a su público a botar desde el primer minuto, aunque se les vio mucho más serios que de costumbre. Poco después los hermanos Hartnoll salieron a escena. Orbital ofrecieron un directo más bailable que en el Sónar aunque el guión fue prácticamente el mismo que en el festival catalán. Tras los ingleses, le tocó el turno a Sven Väth, que brindó una buena sesión de minimal llenita de glitches y clicks. El kaiser decidió acabar su set con un “Thriller” de Michael Jackson de principio a fin, que hizo saltar hasta al apuntador. Justo después apareció en escena Richie Hawtin con un tema introductorio de Alva Noto para seguir con su minimal de loops infinitos. El capo de M_nus ya no es santo de devoción de este cronista, aunque estuvo mejor que en otras ocasiones. Los que sí que están en plena forma son Crookers. Los italianos nos demostraron una vez más que no tienen escrúpulos a la hora de seleccionar sus tracks. Pincharon lo que quisieron cuando quisieron en un escenario Eristoff abarrotado de gente. Otro gran triunfador de la noche fue Vitalic. Pese la corta duración de su actuación el francés vino dispuesto a hacer un directazo con su particular electro. La mezcla entre el sonido y unos visuales sencillos (pero de infarto) en tonos azules, hizo que Pascal Arbez pusiera el desierto del revés. Gracias al retraso en el escenario San Miguel Xperience de Tego Calderón al principio de la noche, pudimos ver el final de la sesión de Ricardo Villalobos, que estuvo en su línea. En la recta final de su discurso minimalero, el chileno abandonó los platos para ponerse a ondear la bandera de su país durante un rato. Poco más tarde, Tiga, que cambió de registro para esta ocasión, tomó las riendas del cotarro con un techno-house que no acabó de convencer. Por su parte Dave Clark, aunque convenció a sus fieles, no arriesgó demasiado y desplegó un set simplemente correcto. Casi a la par, en el escenario Apokaliptika, O.B.I ponía una versión tras otra bajo el manto devastador del schranz. Ya de día, salió a escena Ben Sims. Para sorpresa de todos comenzó poniendo un “Billie Jean” de escándalo que solo sirvió de excusa para el remolino de techno subido de bpm’s que venía detrás. Ya con las neuronas achicharradas por el sol mañanero y con menos gente en la pista de baile, el londinense cedió el mando a Sino, que desplegó un live con más techno, esta vez algo más tranquilo, aunque no por ello menos efectivo. Por lo que se pudo apreciar, parece que Technasia está encantado con la compañía de Marc Dosem y viceversa. En la recta final, Ken Ishii desplegó un techno muy fino con pinceladas de techno de Detroit y Valentino Kanzyani jugó en la línea pero sirviendo ritmos más duros. El encargado de cerrar el festival fue Dj Murphy. El escenario grande volvió a llenarse, como se había llenado a media noche, de un público que a esas horas ya sólo buscaba el subidón fácil y las típicas bocinas techno-house. Una vez fuera del recinto, todavía se podía ver a la gente bailando en el aparcamiento, pero eso ya es harina de otro costal.
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