A algunos pudo sorprenderles ver la sala grande de Razzmatazz hasta la bandera un miércoles a media tarde, sobre todo teniendo en cuenta la coincidencia de la cita con los conciertos de los ubicuos Geese, supuesta banda del momento, y la jornada inaugural del Primavera Sound en el Fórum encabezada por Wet Leg. Para muchos otros resultó algo de lo más lógico. Y es que los escoceses Mogwai, quienes han tocado en el festival varias veces desde 2003 y que en su presente gira celebran tres décadas de trayectoria, son sinónimo de un directo sin fisuras recorrido por las emociones y la intensidad. Verles en una sala reducida, además, resulta una experiencia difícil de olvidar. Quien la experimenta repite, y esta noche no fue una excepción.
El sexteto, capitaneado por Stuart Braithwaite, arrancó comedido en la meditativa ‘Yes! I Am a Long Way from Home’, aunque pronto llegaría el estruendo, con la distorsión desbordante de sus tres guitarras escupiendo decibelios en una espiral de ruido calculado. Calma y tormenta. Pasajes introspectivos y explosiones eléctricas. Una alternancia forjada por Mogwai en el ADN del postrock, mil veces clonado, y que la banda ha ido expandiendo y depurando hasta convertirla en todo un arte.
Con los años, sus composiciones han ganado en detalles y profundidad, ampliando su paleta sonora con tantos colores como las proyecciones de su set, una sucesión de auroras boreales y estelas cósmicas hipersaturadas. Pruebas de ello fueron el crescendo instrumental de ‘Auto Rock’, ‘Ritchie Sacramento’, ‘God Gets You Back’ o ‘Fanzine Made of Flesh’, sensibilidad y melodías pop combinadas con voces vocoderizadas y capas y capas de guitarra.
El cierre no pudo ser más épico con ‘My Father My King’, veinte minutos de extatismo ritual que revalidaron un dogma inmutable: el ruido puede ser bello. Los de Glasgow y sus seguidores lo saben desde hace mucho tiempo.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.