Conciertos de la vida hay muchos, pero conciertos de la vida de uno se pueden contar con los dedos de una mano. Y cuando pasan, es difícil aguantarse y no decirlo hasta el hartazgo: de la vida, de la vida y de la vida. Fue verle el traje a Eef Barzelay y enseguida supimos que iba a ser así. Era el mismo traje que ya conocíamos de otras visitas con Clem Snide: blanco, con una especie de paisaje con anochecer bordado en la espalda, pero se veía distinto con la duda planeando sobre nuestras cabezas. ¿Tocaría nuestras canciones favoritas de Clem Snide o se centraría en “Bitter Honey”, su disco en solitario? Tampoco habría sido un problema, pero... Empezó a tocar canciones de Clem Snide y aquello se convirtió en lo dicho. Los fans nos dejamos la voz cantando cada una de sus canciones y él nos regaló un repertorio en perfecta comunión con todos. El que no era fan, ese día lo fue. Los amigos fueron más amigos y todos nos regocijamos acordándonos porque algunas músicas son más importantes que otras. “Fill Me With Your Light”, “Jews For Jesus Blues”, “Let’s Explode”, “Forever, Now And Then”, “Something Beautiful”, “I Love The Unknown”, “No One’s More Happy Than You”,… todo ello regado con momentos mágicos como su versión de Cristina Aguilera (¡”Beautiful” es una gran canción!), o amagos de Galaxie 500 (“Tugboat”) y Neutral Milk Hotel (“Two Headed Boy” supo a gloria). Antes, Dayna Kurtz había impresionado con esa voz que Dios le ha dado, Bitter Springs volvieron a demostrar que son el mejor grupo de pop rápido y hooligan que puede verse ahora mismo. Y después, Damon & Naomi dieron un concierto la mar de bonito con Michio Kurihara (Ghost) haciendo discretas virguerías como acompañante de lujo. El broche final lo pusieron Frank and Walters. Cuando sonaron “After All” y “Colours” nuestros corazones volvieron a llenarse de Gazelles y clips de colores. El Minifestival siempre ha dado noches mágicas, pero esta tardará en borrarse de nuestras cabezas.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.