Algo falla cuando las espléndidas canciones de Mate sólo consiguen media entrada en El Sol, aunque a lo mejor empieza a ser una batalla perdida y las cosas son como son y no como deberían ser. Pero esa es otra historia, y en esta hay material de sobra para que todo acabe bien: Alberto Matesanz, Mate, presentaba su segundo disco, “Ventajas de ser optimista”, y lo hizo con una sonrisa de oreja a oreja, casi como en un juego: “Melancolía de verano”, “Genoveva”, “La equilibrista”, “Los papeles” (con unos certeros coros de la escarlatina Almudena López)… Moviendo las fichas con soltura, manejando un pop de sonido clásico y limpio, haciéndolo tan fácil que parece mentira que sea verdad. Incluso los temas de su primer álbum, , “Sol de medianoche”, tuvieron un aire más luminoso que melancólico (“Bastante”, “Días”), acabando con un “Nadie lo puede explicar” en el que él mismo ejerce de comentarista, cantando aquello de que “después de todo no lo hice tan mal”. Sólo un pero entre tanto acierto: “Normal”, con su ritmo de bossa, resultó un poco atropellada, mientras que “Pipo” tuvo un encanto que no acaba de encontrar en el disco. Por allí andaba Teresa Iturrioz (Single), cuyo concierto hace unos meses, también en esta sala, me transmitió lo mismo que ahora Mate: una placentera sensación de felicidad. Y como dice éste último: “Es bastante…”.
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