El concierto que ofrecieron Mäbu en la Sala Mardi Gras de A Coruña fue de los que ayudan a reconciliarse con la música en directo. De los que justifican cada euro invertido en una entrada. A priori no era una cita sencilla, por ser la segunda parada de la recién estrenada gira de presentación de su disco “ä – El Sonido de una Tierra Escondida” (Altafonte, 25). Y, sin embargo, en los algo más de ochenta minutos que duró el concierto, los protagonistas demostraron saber perfectamente lo que hacen sobre un escenario.
La velada la abrió Silvia Penide, con una actuación breve pero intensa. Interpretó tres canciones y varios poemas con la única compañía de su guitarra. Suficiente para llenar la sala de una emoción contenida que preparó el terreno para lo que estaba por venir. Tras un breve receso, las luces se apagaron y María Blanco, Txarlie Solano y Susi Gamboa se colaron entre el público para interpretar los cuatro primeros temas rodeados de la gente. Un inicio atrevido, marcado por un silencio casi reverencial, roto solo por coros espontáneos o aplausos tímidos. Una comunión inmediata, que dejaba claro que aquello iba a ser especial.
Ya sobre el escenario, María agradeció la presencia del público y confesó las ganas de interpretar íntegro el nuevo álbum. Y eso se notó: un concierto medido al detalle, donde cada engranaje tenía sentido. Si el disco en estudio suena bien, en directo adquiere una dimensión todavía mayor. Ayudó, y mucho, la respuesta de un público que mantuvo esa actitud ejemplar inicial. Respetando la música con un silencio profundo, solo interrumpido en los momentos justos para sumarse con coros o aplausos. Una situación que, sin duda, puede considerarse un éxito al dejar claro que quien acude a este tipo de veladas lo hace por lo que ocurre encima del escenario y no por postureo.
También hubo espacio para un momento especial, como fue la intervención de Tania Caamaño, con quien interpretaron el tema “Quédate a dormir” con interesantes maneras. Porque, aunque el protagonismo recaía en el disco estrenado en diciembre, también hubo espacio para otros temas de una extensa y cuidada discografía. Una combinación que funcionó a la perfección. El cierre de la noche. El broche de la noche recayó sobre “Cabeza de ratón”, certificando un concierto marcado por la emoción, canciones que adquirieron vida propia, y por el saber estar de una banda que en directo roza la perfección. Un concierto que, sin duda, merece ser vivido. Sobre todo, si uno quiere sentir que está en casa mientras escucha música en directo, con la sensación acogedora de estar bajo el calor del hogar propio.

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