Liturgia y jarana
ConciertosLos Planetas

Liturgia y jarana

8 / 10
Eduardo Tébar — 18-05-2015
Empresa — El Segell
Fecha — 09 mayo, 2015
Sala — Industrial Copera, Granada
Fotografía — JM Grimaldi

“Buenas noches. Somos Los Planetas”. Cinco años llevaban los granadinos sin publicar material nuevo, que habían agotado con rapidez las entradas para los tres conciertos, previstos en Granada, Madrid y Barcelona. La web oficial petó el día que salieron a la venta. ¿Expectación? Mucha. ¿Satisfacción? También. Unas veinticinco canciones. Tocadas del tirón, sin respiro para comentar los calambrazos. La banda, engrasada. Y Jota, disfrutándolo con los brazos abiertos. Además, las hechuras de la flamante sala Revert Industrial Copera —diáfana, sombría y con el escenario muy elevado— favoreció la comunión general y el ambiente de olor a incienso que confiere su rock litúrgico.

Pero Los Planetas nunca optan por principios fáciles. ‘Los poetas’ y ‘Virgen de la Soledad’ marcaron un arranque borrascoso. Nada de complicidades por la vía inmediata. Fase inicial de psicodelia flamenca de sabor acibarado. Un camino sin retorno. Un pozo sin fondo. El grupo ha macerado su sonido durante dos décadas. Y se nota. Nadie sobresale y todos basculan en bloque hacia arriba o hacia abajo. Cada pieza del engranaje retoza por libre y se ensambla en un conjunto perfectamente estuchado. La taquigrafía evanescente de Florent. La versatilidad plástica de Banin, intercalando teclados y guitarras. El trance rítmico de Eric. Y los matices añadidos por el menos antiguo de la formación, Julián Méndez ‘Checopolaco’, ex Lori Meyers, que aporta coros y engorda los estribillos. Uno no recuerda un directo de Planetas en el que las angulosidades del bajo se escucharan tan bien.

Con ‘Señora de las Alturas’, ‘Corrientes circulares en el tiempo’ y la cita de rigor a Enrique Morente en los fandangos de ‘Ya no me asomo a la reja’ entraron en calor. A partir de ahí, repescas arbitrarias y en longitudinal por su discografía. La veteranía era esto: echar la vista atrás e hilar retales sobre un cancionero al alcance de muy pocos. Del clímax con pirotecnia incluida en ‘Toxicosmos’ a su conexión con la reciente ‘Motores de combustión’. Del rescate de la lejana ‘Rey sombra’ al compás de Eric para introducir ‘Montañas de basura’. Y el lustre fanerotímico calando hasta los huesos. Jota se fumó un pitillo en ‘Devuélveme la pasta’ y puso a prueba a los guardianes de las letras explícitas de Spotify en ‘El duendecillo verde’. Mala leche pos15-M y retórica de la diferencia. Ah, y mucho indie de vieja escuela. O esa maravilla de motorik jondo en el ‘Romance de Juan de Osuna. Un cruce imposible entre Klaus Dinger y los Monjes Silos.

Imperó el buen rollo. Estuvieron generosos y hasta risueños en los bises: ‘Pesadilla en el parque de atracciones’, ‘Segundo premio’, ‘Un buen día’, ‘Alegrías del incendio’, ‘De viaje’… Y sí, las corrientes circulares existen. Se cumplían justo diez años de la noche —también en la Copera— en la que Lori Meyers iban como teloneros y se emanciparon a lo grande. En esta ocasión, los acompañantes de la gira son Pájaro Jack. El plantel liderado por Jaime Beltrán presentó “Vuelve el bien”, el trabajo con el que han saltado a El Volcán, el sello de Javier Liñán. En vivo, ya resultan apabullantes. Nutrieron su esencia folk de barniz eléctrico y modularon intensidades con infinidad de arreglos, voces clisadas como los ángeles y textos que sugieren más de lo aparente. Una velada que cierra con ‘La Copa de Europa’ no podía acabar mal.

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