El experimento de juntar en nuestro concierto celebración del 20º aniversario de la revista a cinco jóvenes bandas, cada una de su padre y de su madre, resultó bastante revelador de los hábitos del público (también joven) que acude a conciertos hoy. En un día en el que en Madrid Jero Romero colgaba el sold out en Joy Eslava, Guadalupe Plata tocaban a la vuelta de la esquina y Varry Brava y Magic Numbers hacían lo propio en otras salas de la capital 600 personas se pasaron por el Teatro Barceló, lo que no está nada mal. Por desgracia la práctica totalidad lo hicieron con los horarios en la mano dispuestos a ver a alguno de los grupos del cartel, aquel que encajaba con su perfil musical y totalmente refractarios al resto de propuestas. Supongo que es el sino de nuestro tiempo, un momento en que todo va muy rápido y posibilidad de acceder a esa monstruosa fonoteca virtual que es Internet de alguna forma empuja a la hiperespecialización, actuando también como unas enormes orejeras que nos "protegen" de todo aquello que no se encuentra en nuestro punto de mira aquí y ahora. Supongo que dio en el clavo un veterano de los escenarios madrileños –no de los que se suben a ellos, sino de los que demuestran su compromiso desde abajo- que me decía ayer que eso de ofrecer un cartel en el que pop, metal, rap, rock y electrónica convivieran para disfrute del público se había terminado con los 90, y los hechos parecen darle la razón. Pues es una verdadera lástima, además de un paso más hacia esa (parece que) inevitable homogenización y previsibilidad de la música popular, cada vez más encerrada en compartimentos estancos, en guetos que se dan la espalda. A pesar de que nos lo ponen cada vez más difícil, desde estas páginas seguiremos luchando contra esos prejuicios, como por otra parte hemos hecho siempre desde el nacimiento de la revista hace ya dos décadas.
Y una vez hecha la reflexión inicial vamos a lo que propiamente sucedió sobre un escenario que pisaron en primer lugar Maybe Nots. Con una nueva formación que incluía cello eléctrico y Álex Matía que cubría la baja circunstancial de Miguel a la guitarra, hicieron en apenas 25 minutos un recorrido por su pasado -el EP “Easily”-, presente -su álbum”The Quick Brown Fox Jumps Over The Lazy Dog”- y futuro -adelantaron algún tema de un nuevo disco en preparación- mostrándose como notables instrumentistas aunque todavía demasiado tímidos a la hora de enfrentarse al público. Cuestión de tiempo. Sobre el escenario su deliciosa mezcolanza de estilos, ese pop-rap con excursiones puntuales por otros géneros, resulta algo más difusa y homogénea que en disco. Esa pérdida de matices la compensan con un sonido más robusto y enérgico.
También Jamie 4 President se encuentran en un momento de cambios. Ahora mismo la banda comandada por Jamie Ruiz Green tiene grabado un nuevo disco sin fecha definida de publicación y se ha armado apoyándose en el 75% de Fira Fem como instrumentistas. Además su paleta sonora se ha ampliado con algunos detalles electrónicos tanto en batería como en los sintes. Aunque donde mejor siguen desenvolviéndose Jamie 4 President es en el terreno del power-pop guitarrero. No es sólo que esas canciones sean -junto a las que muestran su reverso acústico y romántico- las mejores de su cancionero, sino que también es entonces cuando la banda más parece disfrutar sobre el escenario. Y nosotros con ellos.
A continuación nuevo cambio de paisaje entre el público y golpe de efecto sobre el escenario con la aparición de Roy Mercurio, muy bien acompañado por Kantz (vocalista de los metaleros Tenpel) y un dj espectacular a los platos. Como espectacular es la puesta en escena del ex Le Flaco, que combina rap, metal y hardcore tecno llevándolo hasta el punto de ebullición entre referencias explícitas a las tarjetas "black" y el desmantelamiento del estado de bienestar. Música de baile, callejera, apegada a nuestro día a día y que incluso cuenta con hits evidentes, como el coreado “WTF!”.
Aunque para tremenda la puesta en escena de Trono De Sangre. Para el cuarteto formado por componentes de otras bandas ilustres del post-hardcore madrileño como Another Kind Of Death o Emerge, cada riff se convierte en una cuestión de orgullo, casi moral, y en consecuencia se les va la vida en ello. Más allá del espectáculo técnicamente abracadabrante que supone ver al cuarteto desarrollar sus temas sobre el escenario, Trono De Sangre trascienden la cuestión de género (musical, claro) con una descarga de adrenalina muy bestia, capaz incluso de sobreponerse a una sala medio vacía y un escenario grande y elevado que no facilitaba precisamente la comunión con su público. Un nivel brutal en todos los sentidos y haría bien un festival como Primavera Sound, abierto a propuestas de este tipo, en apostar por ellos a una hora decente en vez de ocupar ese espacio con la última ocurrencia de Pitchfork.
Después de lo de Trono De Sangre parece que Persons salieran enrabietados, dispuestos a demostrar que ellos también pueden sonar duros, rápidos, encabronados. En ese sentido el concierto de la banda de El Escorial ha sido posiblemente el más cercano de todos cuantos les he visto a ese espíritu psych que impregna sus dos discos. Tanta intensidad se tradujo también en cierta pérdida de matices, sobre todo en la voz de Juanito ,y ahondó en esa extraña posición que Persons ocupan ahora mismo en la escena musical de nuestro país, convertidos en banda de culto a pesar del evidente gancho de canciones como “Ojos de león” o “Ley marcial”. En ese sentido la elección de una cover de Daniel Johnston, “La mano del diablo”, tiene algo de profecía autocumplida…
La noche la cerró entre operarios irrespetuosos que desmontaban el escenario JackWasFaster en su faceta dj. Capeó el temporal durante apenas 30 minutos, en los que ofreció una cálida sesión de house a cámara lenta que posiblemente habría disfrutado también el público que estaba a punto de empezar a entrar en la sesión disco de Barceló. Los operarios de sala, por desgracia, no lo entendieron así e hicieron todo lo posible por mandarnos para casa. Y no tardaron demasiado en conseguirlo.
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