Los Evangelistas, misa sónica
Conciertos

Los Evangelistas, misa sónica

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26-07-2012
Sala — Diversos escenarios / Cartagena
Fotografía — Eduardo Tébar

Anoche hubo un protagonista claro en el festival La Mar
de Músicas de Cartagena: Enrique Morente. Primero, en el cante por granaínas
lorquianas de Carmen Linares, que ofreció un recital mayúsculo. Poesía y
jondura a través de una garganta capaz de transportarte a las fosas abisales de
la vida. Aperitivo opíparo para la misa que llegaría después. Velas, incienso.
Y la presencia espectral del genio flamenco.

Los Evangelistas dispusieron los
aditivos para una homilía estridente. La imponencia del escenario, alzado entre
el puerto y vestigios romanos, potenciaba el efecto “Directo en Pompeya” que
tanto favorece a la puesta de largo de los granadinos.
Solemnidad y una acústica perfecta. Condiciones
necesarias para trasladar con solvencia un discurso profundo y, desde luego,
abigarrado. Esta vez sí, brillaron las atmósferas pinkfloydianas, el ruido con
duende. Cada uno sonó en su sitio. La plasticidad de la guitarra de Florent,
“un músico sideral”, según palabras de Antonio Arias. Los porrazos de Eric
Jiménez, golpeando la batería como un paso de Semana Santa. El trance abstraído
de J. El colchón lisérgico de los teclados de J.J. Machuca. Y el liderazgo de
Antonio, marcando ambientes con maestría en un bajo que a veces ejerce de
guitarra grave.

Abrieron la ceremonia como en el disco, con el ‘Gloria’
de “Misa flamenca”. Devoción, misticismo, Fray Luis de León. Siguieron por
bloques. Una fase más Arias (sobrecogimiento general cuando cayó ‘En un sueño
viniste’). Otra, guiada por J (‘Encima de las corrientes’, ‘Serrana de Pepe de
La Matrona’). El vocalista de Los Planetas aprovechó para sacar del petate lo
que no entró en el álbum, la ‘Soleá de la ciencia’ y ‘El pastorcillo’. Fascinante
metabolización del Morente ascético de “Cruz y luna”, aquel que se bañaba
desnudo en las aguas de San Juan de la Cruz. Más tarde, el clímax definitivo.
La irrupción de Carmen Linares, que estremeció hasta a los barcos en ‘Delante
de mi madre’, una –digamos– humeante seguirilla velvetiana. Tras ella, se
cumplió el guión y se sumó Soleá Morente, debutante en el mundo discográfico de
la mano de Los Evangelistas. “El mejor homenaje a mi padre es vivir su música”.
Y la vivió en la viciosa y desabrida ‘Yo, poeta decadente’, el caramelo de ‘La
estrella’ y un anticipo de lo que será el próximo álbum del proyecto con los
discípulos de su progenitor. Como broche, todos juntos en ‘Donde pones el
alma’. Carmen Linares y Soleá Morente fundidas en palmas y coros festeros. La
esencia del Enrique de “Sacromonte”. Pura labor de evangelización. Concierto
histórico en un festival que hace años albergó noches mágicas con “Omega”.

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