Magia y corazón para un domingo lluvioso
ConciertosVerde Prato

Magia y corazón para un domingo lluvioso

9 / 10
Sergio Iglesias — 17-03-2026
Fecha — 15 marzo, 2026
Sala — Museo Guggenheim / Bilbao
Fotografía — Eider Iturriaga

Creo que no exagero cuando digo que ver a Verde Prato es una de las mejores experiencias que se pueden vivir hoy en día en un concierto. Porque Ana Arsuaga es, seguramente, la mayor artista que ha dado la última gran generación de músicos y músicas de Euskal Herria. Y es que canta como los ángeles, baila, interactúa con el público… y para todo ello no necesita grandes artificios, más allá de su equipo formado por un pequeño teclado, unas cuantas bases grabadas y unos loops utilizados con gran pericia. Suena sencillo ¿verdad? Y sin embargo, no creo que esté al alcance de muchas personas llegar tan dentro con tan poco.

Insistimos, y no es pasarse, que lo que la artista tolosarra hace encima del escenario es casi mágico, o al menos eso es lo que yo, personalmente, sentí durante su concierto del pasado domingo en el auditorio del Museo Guggenheim. Un escenario único para una personalidad única. Y es que, con las inclemencias climáticas que, durante todo el fin de semana, sufrimos en la capital bizkaina, se me ocurren pocos planes mejores que ir a disfrutar del calor de la dulce voz de Verde Prato, cómodamente sentados al calor de la elegante pinacoteca bilbaína.

Un concierto que se enmarcaba dentro de los actos de una nueva edición del festival Loraldia, y en el que, tal y como explicó la propia protagonista, se trataba de reivindicar la música, y la creación artística en euskera, y por eso mismo, tiró sobre todo del repertorio euskaldun, saliéndose de este guión marcado, tan solo en el bis.

El concierto tuvo absolutamente de todo, pero siempre enmarcado en el objetivo principal de la artista, que no es otro que transportar al oyente a su particular y bello mundo, en el que la música se trata con un gusto exquisito, no exento de cierta crudeza –como la vida misma- que destilan ciertas composiciones de Verde Prato como, por ejemplo, “Ez zinen”, perteneciente a su álbum de 2023 “Adoretua”, o alguna de esas composiciones que grabó junto al productor Bronquio en su EP “Erromantizismoa”, que le acercan a los sonidos más contemporáneos, y que sonaron justo antes de enfilar el bloque más especial de la sesión.

El momento reservado para repasar su original mirada al pasado, con versiones de canciones que ya forman parte del ideario musical de este país, comenzando con su reivindicación de la extraordinaria e inmortal figura de Lourdes Iriondo, una verdadera revolucionaria que supo sobrevivir y brillar en un mundo que, en su época, no destacaba por el protagonismo que se daba a las mujeres en la música. También sonó la versión de “Pakean utzi arte”, más cruda que la original de Hertzainak, incluida en su EP “Euskal Pop Erradikala”, del que también sonó “Zu atrapatu arte” de Kortatu, que sirvió como inicio a ese mini homenaje a Fermín Muguruza –y de paso, también a su hermano Iñigo- recordando a Negu Gorriak en “Amodiozko Kanta” y “Radio Rahim”, atreviéndose a marcarse unos discretos pasos de baile, que arrancaron los aplausos de un público que disfrutó muchísimo de esta parte del bolo.

Pero no se disfrutó menos el último tramo del show, donde sonaron la ya mencionada “Ez zinen”, y repasó dos piezas de su último trabajo hasta el momento, como la lírica y muy dadaísta “Ez dut behar” y la maravillosa y buenrollista “Bizitza eztia”, con la que se retiró por primera vez para regresar y despedirse por todo lo alto con “La cita”, la versión en castellano recién salida del horno de “L’appuntamento”—popularizada por Ornella Vanoni, que compartió con todo el público bajando del escenario para cantar entre la gente. Una aproximación al bolero que la acerca a registros diferentes en los que no estamos tan acostumbradas y acostumbradas a verla, pero que también le sientan estupendamente, y un regalo tan inesperado como maravilloso, con el que daba por concluido un concierto en el que, de nuevo, volvimos a disfrutar de lo bella que es la música cuando se le pone tanto corazón… Eskerrik asko Ana!

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