Lluvia del Sur
Conciertos

Lluvia del Sur

-- / 10
12-10-2014
Empresa — Mono Monete
Sala — Diversos escenarios / El Puerto de Santa Maria
Fotografía — JM Grimaldi

Viernes
10 de octubre

Comenzaba el Monkey Week más extraño de la manera más inesperada: con lluvias intermitentes y aguaceros indefectibles. Una edición que ya estaba marcada por el terrible fallecimiento unos días antes del músico y colaborador de la organización, Fernando Cañas (al que fue dedicada tan emotiva edición), afianzaba su singularidad recibiéndonos con virulencia líquida. Y por eso decidimos que también íbamos a empezar a nuestra manera, caprichosa y vocacional, asistiendo a un concierto de dos nombres del festival que actuaban fuera del festival ese día. En la mítica coctelería Milord, el madrileño John Gray hacía las delicias de la concurrencia con su mezcla de electrónica de ahora con soul de siempre, que incluso le permitió el atrevimiento de versionar el “I want it that way” de Back Street Boys, para a renglón seguido y casi sin dilación, dar paso a uno de los grupos más sorprendentes de esta edición: Perlita. El trío que forman los hermanos Perles (Ledatres, Bigott) y Francisco Calderón (Úrsula, El hombre burbuja) jugaron sus cartas con su combo delirante entre el pop de envergadura sideral y el dubstep gaditano y guasón para terminar la fiesta con “Tempura Fried Vegetable”, un himno raro para gente extraña. De ahí a las Bodegas Osborne donde el quinteto valenciano Modelo de Respuesta Polar demostraban que cada vez son menos promesa y más realidad. Una realidad doliente y elegante que en la voz de Borja Mompó se convierte en un profundo pozo con fondo de melancolía y reminiscencias de dream pop de qualité. Empezaron vaporosos con “El tiemblo” y acabaron demoledores con “Miedo” y “La guerra y las faltas” Más tarde disfrutamos de Prehistóricos, unos chilenos con onda y con un pop grácilmente elaborado, complejo pero aparentemente sencillo que nos recordaba a unos Tachenko con acento. Su despedida con “Que suba el momento” nos dejó con ganas de más y lo encontramos con uno de los sleepers del festival, Muñeco, post-rock denso con costuras y escondites pero accesible, rotundo y con un punto irónico (desde los títulos a la manera de comunicarse), que les pone el foco dentro de un género con cada vez más grupos reseñables y matices. Los que le sobraron a Betunizer para dar un concierto rotundo, frontal, envenenado, tremendo. Animales armónicos, bestias pardas con un directo que noquea, debilita y enfurece. El público coreó “Imagina que matas a Jota” y “El ritmo que tú tienes” ante el despliegue rocoso de los duros valencianos. Holy Fuck tenía el listón alto pero tal vez dieron el concierto del festival, no por esperado menos disfrutable. Locura (creemos que no transitoria) kraut, proyecciones atmosférica de sonido psicotrónico, derroche de malos tratos a instrumentos insumisos y rebeldes. Una gozada paradójica: unos canadienses enseñando en el sur de España lo que es la fiesta, la actitud y el cachondeo.

Sábado
11 de octubre.

Había ganas de ver el nuevo hijo de Paco Loco, Dani Llamas y Juan Ewan, The Ships. Emulsiones rock a ritmo del tiempo y el espacio que los encuadray les pertenece. Tal vez echamos de menos un poco de capacidad de sorpresa, pero con propuestas tan honestas ¿para qué?. Ya que teníamos ganas de seguir con actitud y derroche, Juventud Juché nos parecía el maridaje perfecto. En un lugar con poca pinta de tener buena acústica (la lluvia obligó al cambio de escenario), los madrileños hicieron lo que mejor saben hacer: post-punk tropical con trazas de psycho-billy cañí. Iñigo Cabezafuego (en la foto) sabe hacer de todo y todo lo hace con sabor, y este año, acompañado por un violín y un batería, pues mejor todavía. Su pop universal de Iruña, su surrealismo costumbrista, sus mensajes sin fondo se desarrollaron entre el jolgorio del grupo y del respetable, que siempre agradece propuestas cristalinas y profundas como la del ex Atom Rhumba. Luego llegaron las decepciones: Maika Makovski en plan cantautora a la que le faltaba electricidad en su actuación en solitario, el grupo Siesta! al que le falta casi de todo y Delafe y Las Flores Azules al que le faltó haberse ido un poco antes en el único concierto del festival que se nos hizo largo. Anteriormente habíamos sido testigos de excepción de la última actuación de Ginferno y los saxos del Averno con ese sabor agridulce que tienen las despedidas. Cuesta aceptar que su propuesta única (entre The Pop Group, Jamiroquai y Goran Bregovic) se extinga en un momento en el que el extraterrestre de Kim Warsen se ha afianzado como el mejor frontman del panorama patrio con su mezcla de funk, surf, jazz, mambo y pop. Los que no paran de subir y esperamos que nunca se separen, son los murcianos Perro, que no tuvieron ningún inconveniente en destrozar cualquier convención y desplegando en gerundio su paleta de recursos vitales y artísticos: Fagotizando referencias, demoliendo pamplinas, armonizando el caos, supurando (buena) literatura. La doble batería de Aaron del Sol y Fran del Valle fueron resucitando el cuerpo y el espíritu de un cancionero rico en matices y autenticidad que tuvieron sus puntos culminantes en “Marlotina” y “En bicicleta”. Los gallegos de Unicornibot nos dejaron la sensación de que no hace falta decir nada para decir muchas cosas, que el post-rock y el hardcore son necesariamente compatibles y que si se tiene bases (rítmicas) puedes construir cualquier melodía descomunal y poliforme aunque el horario intente derribarlo todo.

Domingo
12 de octubre.

El domingo arrancamos con la gran sorpresa del festival: El lobo en tu puerta. Un trío inverósimil e indestructible que mezcla el blues rock de los manglares con el hardcore deslengüado trash gaditano, con un theremin como sentido de la vida y la fuerza motriz de su propuesta como alma inexpugnable. Una rueda a seguir y a disfrutar. Un pepinazo sorprendente. Más tarde María Rodés fue el contrapunto a estos tres elementos, pero su excesiva timidez y un público inadecuado (parlanchín, irrespetuoso, raro en el Monkey Week) lastraron un cancionero rico y luminoso, con ecos oníricos y una voz real como la vigilia misma. Cambiando de tercio, compartimos otra confirmación meridiana como son Los Nastys, bullangueros, resabiados, directos y febriles, ofrecieron uno de esos momentos que dan sentido a los festivales y que nos catapultan al sentido primigenio de la música como expresión animal: convertir un local pequeño como el Mondongo en dos planetas a punto de chocar y estallar en pedazos de energía. Bien por ellos. Y por The Saurs, que un rato antes, inundaron de inmediatez destroyer y adrenalínica un lugar en el que parecían no pegar ni con cola. El pegamento fueron temas indiscutibles como “Came to you” y ese “Ain't no deal” tan “garajero” como universal. Cansados tras tantas horas de ajetreo emocional y musical, decidimos ponerle punto y final a este Monkey Week extraño y vibrante con los dos grupos norteamericanos estrella. The Handsome Family catapultados a la fama últimamente por la serie True Detective y por el magnífico disco de versiones de Andrew Bird, llenaron el Teatro Pedro Muñoz Seca e hicieron las delicias de los incondicionales de siempre y de los nuevos advenizos con su americana de manual, su ejecución impecable y toda la capacidad de sugestión de unas melodías construidas a fuerza de historia(s) reales y derrotas cotidianas. Los canadienses The Sadies pusieron el brillante colofón final, con su técnica, su vida, su obra, sus voces, su pose sin poses y su interminable variedad de registros que dominan a la perfección y que hace de sus conciertos una experiencia placentera. Como ver tantos conciertos en tan poco tiempo y quedarte con ganas de haber visto muchos más. Como que todo el teatro se levantara a bailar con ellos cuando no teníamos fuerzas ni para estar sentados.

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