Los barceloneses Odio París llevan unos meses avisándonos de que su disco de debut bien podría convertirse en una modesta sorpresa para todos aquellos que disfruten con el pop ruidoso de órbita planetaria. Hasta que eso ocurra, sus actuaciones dan la talla y les muestran como una formación sólida y muy en su papel (“Cuando nadie pone un disco” se convirtió en un merecido punto álgido del concierto). Quizás no fue su actuación más noise, pero sí sirvió para dejarnos con ganas de escuchar cómo suenan en estudio sus canciones. Ya sabemos cómo lo hacen las de Nadadora, que vieron publicado su tercer largo, “Luz, oscuridad, luz”, hace unos pocos meses. Algo menos ruidosos, pero igualmente guitarreros, los gallegos aceleraron el tempo de la noche con unas canciones fieles a la tradición del pop en castellano, que ganan en frescura al combinar voz masculina y voz femenina. En todo caso, fue el segundo escalón en una noche en la que todas las formaciones sonaron compactas. De hecho, la actuación de La Bien Querida, pese presentar parte del material a incluir en “Fiesta”, su segundo larga duración, fue una de las más consistentes que se le recuerdan en territorio catalán. Ana Fernández-Villaverde y David Rodríguez han conseguido ya que su banda suene cómo sus temas merecían a base de carretera. Y ellos son conscientes, mostrando mayor seguridad al interpretar incluso el repertorio que el público aún no conocía (el resto, las incluidas en “Romancero”, fueron coreadas por buena parte del público). Resumiendo, una noche sin altibajos y en la que las tres bandas participantes justificaron sobradamente su posición en el cartel.
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