Hay que verlos
Conciertos / León Benavente

Hay que verlos

8 / 10
DJ Gel — 25-02-2020
Empresa — Jimmy Jazz
Fecha — 22 febrero, 2020
Sala — Jimmy Jazz Gasteiz, Vitoria-Gasteiz
Fotógrafo — Music Snapper

El pasado sábado todos queríamos estar entre León y Benavente. Ya antes de abrir las puertas, en la hora de espera de más, no cabía ni un alfiler en la acera de la Jimmy Jazz de Vitoria – Gasteiz, confirmando el “Sold Out” de los 4 monos. Una vez dentro, esperamos otro rato largo con frío y hubo momentos de silbidos e impaciencia que no consiguieron que el concierto comenzara antes de las 22.30h.

Vitoria es una ciudad muy cómoda. A veces tan cómoda y pequeña, que da gusto ver cómo algunas salas se esfuerzan en traer a los mejores artistas y cada vez se realizan más conciertos de este estilo. Es emocionante ver que tienen sus seguidores y que acudimos a las convocatorias. ¿Estáis ahí? Sí. El tamaño de la Jimmy es perfecto para estos eventos, se ve bien casi desde cualquier esquina y aunque en ocasiones se empieza a quedar justa, qué queréis que os diga, me hace hasta ilusión.
Pocos disfraces dentro, a pesar del carnaval que rondaba el exterior. Algún punky con tatuajes falsos, algún ochentero con peluca ya desplazada hacia atrás y una cuadrilla de Abrahanes Bobas”, con peluca blanca de rizos, patillas y gafas de pasta como solía llevar él. Nota de blancolor a la espera. Abraham les veía desde el cristal del camerino.

Por fin a las 22,30h en punto (tal y como apuntaban los rumores y las publicaciones contrarias a la info de las entradas), comienza el espectáculo. Abraham, con ese traje negro entallado, impecable, que ni el Raphael más elegante, aparece al frente. Los demás músicos profesionales, ordenados, atentos. Aún serios. La cosa empezaba suave y, valga la repetición, con la canción “4 Monos”. Era el primer tema que escuchábamos, y el primero también del último disco: “Vamos a volvernos locos”, proyecto que venían a presentar a Vitoria.

La elegancia de Boba, se puede apreciar muy bien cuando canta despacio, cuando aún está seco y con los rizos más vivos del indie aún en su sitio. Cuando se mueve lento, con esa plumilla de los clásicos como Bowie, Jagger o Iván Ferreiro. Seguimos con “Amo”, echando de menos un poquito a Eva Amaral, que colabora en el disco. Y con “Como la piedra que flota” atravesando la “Ribera” y algún paraje más, llegamos a un “Estado Provisional”. Provisional también el casi a capela de “Ánimo valiente”, para llegar progresivamente al éxtasis colectivo en el momento en que tocan “Volando Alto”o “Tipo D”: crítica, realidad, rabia, sonidos láser y movimiento. Sobre todo movimiento.

En poco rato, la cosa va cogiendo tono. Las canciones van cogiendo velocidad y la mirada de Boba se va volviendo más directa, más incisiva, ¿lasciva? Sí, coge un tono que sobrepasa la insolencia. Pocos encuentros se mantienen según van pasando los minutos con el mismo nivel de adrenalina que provocan Abraham, Eduardo, Luis y César. No sé cuantas maneras de presenciar un concierto existen, pero alguien debería escribir sobre esto. Yo experimenté casi todas solo en este concierto: el alto que nos has visto venir y se te planta justo delante. La mejor amiga desconocida del concierto, que se sabe hasta la última letra igual que tú. El que ha bebido más de la cuenta y baila como un pogo lo que no pega que sea pogo. La pareja que se cantan entre ellos con complicidad máxima. Y La Mochila. La mochila que, curiosamente es de la persona que más baila de todos los festivales del mundo. Sí. Esa mochila.

La sala va saltando cada vez más alto y se vuelve a quedar pequeña. Pero mola. El público es casi uno. Hemos pillado el ritmo y no nos van a bajar de aquí. Vamos a seguir volando alto. Y Abraham sigue hablando sucio. Alto y claro. Se va despeinando, y al quitarse la americana tampoco nos sorprende que su camisa esté empapada. Si yo misma tengo los vaqueros pegados después de tanto salto. Según sus rizos se van alisando, mojados también, pedimos a gritos que nos lleven a “California”, la echaba de menos, hace tiempo que no la pincho. El ventilador de debajo del teclado no consigue secarle las canas al boss.

“Ayer salí” es un hit, aunque la confundamos al principio con el otro hit (“Tipo D”). La canción de León Benavente con la que más identificados podemos sentirnos casi cualquiera de los mortales. Y el viaje no podía terminar mejor que alcanzando el grado de “Brigadas”. Licenciados todos y todas y llegando al “Estado: Fan”. Ya está. Nos han ganado.

La banda se despide, tras muchos agradecimientos y aplausos de un público satisfecho y disfrutón como ellos. Absolutamente hermanados. Saboreando las más de 2 horas que duró el baile. Han cumplido las expectativas de cada uno de los que comentan al terminar. Los que ya los conocíamos lo hemos vuelto a disfrutar. Los que los descubrían el sábado, están sorprendidos y extasiados. A todos se nos ha olvidado ya la espera, el frío del aire acondicionado y el horror de música que sonaba justo al terminar el bolo. Seguro que seguimos sonriendo con satisfacción días después.

“Vamos a volvernos locos” es el nuevo disco de León Benavente, y vaya si nos volvimos. Literalmente. Como si Europa hubiera muerto. Como si fuéramos a morir mañana. Sabiendo, como nos recuerda Izal, que a los locos nos verán bailando.

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