LEM FESTIVAL 2002
Conciertos

LEM FESTIVAL 2002

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10-01-2003
Empresa — Gracia Territori Sonor
Fotografía — Archivo

La sexta edición del LEM retornaba con una extensa selección de actuaciones –un total de cuarenta y siete- de muy distinto calibre que ha dejado tras de sí, sin contar altibajos consecuentes, un nivel más que notable. La misma organización, en el catálogo de mano, no se equivocaba al considerar como fundamentales las propuestas de Anne Gillis, con una inteligentísima performance de acompañamiento post-industrial, las alucinantes conversiones de luz a sonido de Marek Choloniewsky y al particular –y difícil- universo sonoro del Duo Des Autres. El ambient aislacionista –con pasajes de distinta fortuna- de Main y la fijación reiterativa por los drones de Schizotrope acabaron por confirmar en menor grado tales premisas, aunque el cartel depararía bastantes sorpresas más. Algunas de la intensidad de Kaffe Matthews, bordando una excepcional sesión de electrónica, o de los improvisadores brasileños LCD, superponiendo y cruzando todo tipo de fronteras. Una de sus jornadas más memorables, a las que hay que sumar las de Tore Honoré Bøe, cuestionando con reinventiva ciertos tópicos pertenecientes a la vanguardia, Akira Rabelais, convenciendo gratamente con sus desarrollos repetitivos, al igual que lo harían la acusmática desenfadada de LT Caramel o el rigor caótico de Steamboat Switzerland. Otros acontecimientos a mencionar vinieron de la mano de la bajista Cat Hope (por su muralla de bajas frecuencias), L. Kavanaugh & I. Birse y Teleform (ambos conduciendo el ambient hacia terrenos digitales) o las atmósferas de Ilios (intensidad entre calma y ruido). Lo de la Banda Municipal de Barcelona fue algo más descafeinado que en años anteriores donde sólo la imaginativa pieza de Llorenç Barber relució entre el minimalismo naïve de Phillippe Blanchard, la sutileza de Yolande Harris o el clasicismo de Sergi Jordà. Balago y 12twelve se colaron en el cartel, saliendo bien parados y dejando una brecha abierta para los grupos de rock en posteriores ediciones. Del capítulo de rarezas destacó Roberto Robao con su dudoso cabaret electroacústico y la desconcertante improvisación de Gisella Frontero, mientras que en el de ausencias brilló Zipperspy o A. Paganotti (Magma). Pero si hay que ser más conclusivos habría que poner enfasis en la desmesura dilapidadora de algunos conciertos -paradigmático Markus Breuss-, del mismo modo que shows como los de Convolution sirvieron para dar cuenta de un peligroso síndrome, el aburrimiento, que afecta a algunos trabajos de músicos establecidos, siendo totalmente superados por otros noveles, rebeladores de un potencial artístico envidiable. No en vano, el OFF, categoría donde descubrir nuevas promesas, servía este año para encontrar hallazgos como los de Marc Egea, uno de los pocos tañedores de zanfoña a la que aporta relecturas refrescantes y atípicas; Mortenson y su pop deconstruido, una de las sorpresas más excitantes del festival; Osso Bucco, aunando con sapiencia ambient, ruido y pop; o la divertidísima teatralidad de los majaretas Don Simón & Telefunken, inclasificable y única. En definitiva, un alud de nombres conformando un rotundo e inesperado éxito de público, de un evento que ya hay considerar necesario.

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