Improv al poder
ConciertosJohn Mcphee & Chris Corsano

Improv al poder

7 / 10
Raúl Linares — 15-02-2016
Empresa — Giradiscos
Fecha — 10 febrero, 2016
Sala — Clamores
Fotografía — Mariano Regidor

El concepto de “ir a tu aire” se puede aplicar a la perfección a la vida y milagros del saxofonista John McPhee, que a sus 76 años que viaja en furgoneta, va acompañado por un batería que podría ser su hijo (o nieto si nos apuramos) –con el que ha grabado un par de discos y que es conocido también por haber tocado con gente de postín como Sonic Youth o Björk– y vive una segunda juventud en Europa gracias a la reedición de sus discos publicados en el sello suizo HatHut, especializado en rescatar rarezas dentro de este estilo desde mediados de los setenta.

McPhee comenzó a tocar el saxofón desde muy joven, influenciado por luminarias del denominado free jazz como fueron Ornette Coleman o Don Cherry. Al igual que ellos su fuente de inspiración proviene del estado de gracia que tengan la noche o sesión en la que den el concierto o graben el disco, que normalmente suele ser inspirado y novedoso, aunque para los neófitos sea un poco más difícil entrar en su juego. Tampoco es que sea necesario ser un experto en este tema, tan solo tener ganas y paciencia, dado que cuando uno va a un concierto de este tipo no va a escuchar una reproducción lo más fidedigna posible de una grabación en disco, aquí uno va a dejarse llevar por la mente e imaginación de (en este caso) un par de artistas que pese a la diferencia de edad están totalmente compenetrados.

Casi todo el concierto se desarrolló de una forma similar, fueron cuatro o cinco improvisaciones de unos diez/quince minutos cada una en las que McPhee daba el pistoletazo de salida con alguna línea melódica a la que Corsano seguía de una forma más o menos ortodoxa, hasta que en un momento dado McPhee comenzaba a improvisar, desvariar, modificar y pervertir esa melodía mientras que Corsano hacía lo propio con la base rítmica. Pese a que a veces parecía que perdían totalmente el control y la cabeza se notaba que había química y entendimiento, sobre todo por esos momentos en los cuales uno comenzaba a bajar la intensidad y el otro le seguía. Todo esto bajo la atenta mirada de una sala Clamores llena hasta la bandera que no decía ni "mu" hasta que no había un silencio largo que indicase que ya se podía aplaudir. Una experiencia diferente y grata que tenemos que agradecer de nuevo a la promotora Giradiscos, que sigue con el sano (y necesario) empeño de acercar a Madrid todo tipo de propuestas de calidad, ubicadas dentro del underground de casi cualquier estilo, ya sea electrónica, jazz, post-punk o metal, algo que se agradece y valora.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.