Su libertad se esconde en su música
Conciertos / Iván Ferreiro

Su libertad se esconde en su música

8.5 / 10
Javier Escorzo — hace 3 años
Empresa — Get In
Fecha — 27 enero, 2017
Sala — Zentral
Fotógrafo — Javier Escorzo

Que el concierto de Iván Ferreiro iba a ser un éxito se sabía desde antes incluso de entrar en la sala; bastaba con ver la concurrida cola que llegaba hasta la plaza del Ayuntamiento de Pamplona mientras aguardaba el momento de acceder a la sala Zentral. El gallego vive un momento dulce, quizás el mejor de su ya larga carrera, y eso se refleja en sus discos y también, afortunadamente para él, en la asistencia a sus conciertos.

Con todo el papel vendido y la sala a rebosar los músicos salieron al escenario, dispuestos a vencer y convencer desde el primer compás. Lo hicieron con dos temas de sus últimos discos, los que ha grabado con Ricky Falkner: “Dioses de la distorsión” y “El bolsón de Higgs”. Ferreiro escogió un arranque denso, formado por esas dos canciones oscuras. Con la radiante “Casa, ahora vivo aquí”, que abre su último trabajo, se produjo un cambio de ritmo. Después llegó el primer himno de Piratas, “Inerte”, el que fuera primer single de aquel magnífico “Relax”, el último álbum de estudio de la banda.

Sólo habían tocado cuatro canciones, pero el público ya estaba rendido y los músicos impidieron que bajase la intensidad con tres temas temas tan contundentes como “Toda la verdad”, “Canciones para el tiempo y la distancia” y “Pájaro azul”. Esta última canción, que comparte título con un poema de Bukowski, contiene un verso que bien podría resumir la manera de entender la música de Iván: “Mi libertad se esconde en mi música”. Y es que, si uno las analiza, descubrirá que las composiciones del gallego no siguen patrones clásicos; muchas de ellas carecen de estribillo o, si lo tienen, aparece casi al final de la canción. Las letras son crípticas y suelen permitir segundas, terceras o incluso cuartas interpretaciones. Todo ello denota una actitud libérrima a la hora de enfrentarse al proceso creativo. Y pese a lo atípico de su propuesta, o quizás precisamente gracias a ello, el resultado cala, y de qué manera, en el público, que repite como si de ensalmos se tratase las largas letras del vigués mientras contempla con fascinación lo que sucede sobre el escenario. En este momento resulta obligado mencionar a la nutrida banda que acompaña a Iván. Ni más ni menos que seis músicos (dos guitarras, dos teclados, bajo y batería) capaces de recrear fielmente todo tipo de arreglos.

Los temas nuevos (“La otra mitad”, “Dies irae”) se intercalaban con los más antiguos (“El viaje de Chihiro”, “Extrema pobreza”). “El equilibrio es imposible” no hizo sino caldear todavía más el ambiente. Tras “NYC” y “El pensamiento circular” la banda se retiró del escenario, pero a los pocos minutos volvió para ejecutar una desnuda versión de “Farsante”, una de las gemas de su último disco. Tampoco faltó la ineludible “Años 80”, una canción que no está entre las favoritas de Iván, pero que por demanda popular sigue presente en los repertorios. Y aunque quizás no sea tan conocida por el gran público, la energética “Como conocí a vuestra madre” demostró ser una de las más apreciadas por los seguidores de Ferreiro, con ese estribillo de melodía y mensaje tan absolutamente demoledor (“Y aún quiero saber qué es lo que me da, que me han vuelto las ganas de comerme el mundo”).

Con ella hicieron un nuevo intento de marcharse, pero todavía se reservaban un poker de ases para el segundo bis: La ranchera “SPNB”. El clásico de Piratas “Promesas que no valen nada”, seguida por el clásico de El Último de La Fila “Insurrección”. El clásico de los últimos tiempos “El dormilón”. Y el clásico de todos sus clásicos (al menos en solitario), “Turnedo”, después de bromear varias veces al decir que no la iban a tocar porque no podía permitir que su hermano cobrase más derechos de autor que él (Amaro Ferreiro fue quien compuso esa canción). Y por si fuesen pocos clásicos, antes de iniciarla, como viene siendo habitual, interpretó las primeras estrofas del clásico de Maga “Diecinueve”.

Fue, entonces sí, el final de una noche memorable. Iván Ferreiro está en un punto álgido de su carrera; acaba de grabar un disco extraordinario, tiene una banda inmensa y un repertorio de gran calibre que maneja sabiamente, engarzando un espectáculo con distintos ambientes, pero sin bajones. Definitivamente, ha alcanzado su madurez, en el buen sentido de la palabra.

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