Indyspensable 08
Conciertos

Indyspensable 08

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06-06-2008
Empresa — Junta Municipal de Villaverde
Fotografía — Archivo

Si organizas un festival con ánimo de lucro y cobras 70 euros por el abono de dos días, lo más seguro es que te quedes con pocas entradas en la mano: por fin estarás a punto de colgar el tan ansiado cartel de “No hay billetes”, independientemente de los grupos que toquen. Ya se sabe que hay hambre de festival, de asqueroso compadreo. Sin embargo, si organizas un festival gratuito, con un cartel que nada tiene que envidiar a los festivales de pago, un importante número de gente, de esa que se queja, en innumerables ocasiones, de que las administraciones públicas no promueven nada, que repite por todas las esquinas que la cultura debe ser gratuita (¿por qué no dirán nada de la gratuidad del alcohol?), lo mirará con malos ojos. ¿Para qué ver gratis a Russian Red, la ya no sorpresa del momento y más que confirmada realidad, cuando en unos días podré pagar por ello? A pesar de todo, ésta fue una de las propuestas que más interés despertó en la quinta edición del Indyspensable: la pálida Lourdes desafiaba a unos rayos de sol implacables y suplía con estilo la obligada extraña formación que presentaba. Esa misma noche tenían doblete en la sala El Sol, y había que multiplicarse para la última prueba de sonido del día. Lleva la madrileña del brazo a Sally Oldfield (ya sabemos que eso no es muy cool) o a Cat Power (nos vamos acercando a algo más in), y en cada actuación multiplica su altura. Difícil superar un estreno como “I Love Your Glasses”, Russian Red dejó su sitio a la otra propuesta folkie del festival. Aaron Thomas, a quien abandonar Australia le ha venido muy bien, pues cada día habla mejor madrileño, repasó temas de primer disco. Si con “Any More” o “Aw C’Mon” bailamos a lo Rufus Wainwright, con “Winter’s Gone”, la nueva, el espíritu Buckley sobrevoló el atardecer. Y en esto llegó el rock. Los madrileños Jet Lag, que han ganado con la presencia de Ramiro, antiguo batería de la banda, como frontman (“si es que Pablo no se movía”, se atrevió a decir alguien), siguen dejando de lado su etapa power popera (no estaría mal algún guiño a los nostálgicos) y lo dan todo volcándose en sus recientes trabajos. “Forever” es el disco adulto que le faltaba a Jet Lag. Con el público más entonado, y eso que la cerveza hacía tiempo que había tocado a su fin, Grupo de Expertos Solynieve (o La Cultural, según tengan el día) dispararon alguna de sus perlas como “Claro y meridiano”, “La Reina de Inglaterra” o su piccolo homenaje a Franco Battiato. Fue una pena el sonido: ahora que a Jota se le empieza a entender, tanto aquí como en Los Planetas, en el apartado sonoro no disfrutaron de una gran noche. Al contrario que 1990’s, que sonaron muy limpios, muy claros, pero demasiado lineales. Si Russian Red congregó a primera hora del viernes a un notorio número de gente, Charades, el sábado, no tuvieron la suerte de contar con tanto respetable. Eso sí, los pocos que quisieron empezar por la tarde la noche del sábado disfrutaron de todo un señor concierto. Si servidor creyera en el matrimonio, de mayor se casaría con Charades. Como concepto, claro. La sensación de felicidad que irradian hace que “Un día en Brighton” o “Rozando la suerte” se apoderen de uno. Con la mala vida que le da Isa a su Rickenbacker, todo se transforma en una cosa mucho más punk que pop. Dejó el cuarteto bien preparados los amplis para Layabouts. Los madrileños tendrían que grabar en breve un nuevo disco: su irregular estreno no hace justicia a la energía que muestran en directo. Cogiendo lo mejor del ahora de las Islas Británicas y mezclándolo con el do it yourself del ayer, el que marcó a toda la generación del imperdible, su directo arrasa cualquier forma de vida que haya sobre las tablas. Tras este huracán, el groove de The Right Ons acercó hasta Villaverde los sonidos más negros del festival. Con sección de metales al uso, recordar a Hot Chocolate, Sly Stone o a The Isley Brothers siempre es un grato ejercicio de respeto hacia tus mayores. Y si se hace con la fuerza de esta banda, pues bienvenidas sean las generaciones perdidas del planeta música. A continuación Krakovia, que siguen sin demostrar lo que se le presupone a una banda con referentes del calibre de The Cramps, se dejaron llevar por demasiados medios tiempos, demasiada actitud para tan pocas (y tan poco agresivas) canciones. Actitud no les falta a los enormes The Soundtrack Of Our Lives, pero en su caso eso es sólo un envoltorio para un directo rugiente épico, impecable como en sus últimas visitas, y que en este caso tuvo además la motivación de descubrirnos las canciones de su próximo álbum, al que titularán “Comunnion”. Y es que eso fue el fin de fiesta en Villaverde, una comunión rockera en toda regla.

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