A estas alturas de la película, donde las penurias económicas parece que no tienen visos de tener fin, es un milagro que podamos disfrutar de un festival internacional de rock gratuito de primer nivel. Andoain debería estudiarse como un caso insólito por estos lares y también del río Ebro para abajo. Y ya, de paso, nos vale de suculento aperitivo antes del Azkena Rock Festival que se celebra este fin de semana en Vitoria. Pero el éxito de Andoain es también el de un pueblo pequeño alejado de los circuitos musicales de Gipuzkoa -la palma se la llevan Donostia y en menor medida Irun- y que pese a los vaivenes políticos -donde antes estaba el PSE ahora en el ayuntamiento gobierna Bildu- se mantiene firme en su apuesta por el rock and roll.
En su séptima edición el cielo estuvo por momentos gris y plomizo, pero, afortunadamente, la única tormenta que se desató sobre una abarrotada plaza de Nafarroa fue la musical. Deben haber surtido efecto el boca a boca y las excelentes críticas de pasadas ediciones porque cada vez se reúne más público venido desde puntos geográficos bien dispares (León, Santander, País Vasco francés, Madrid…) y, por supuesto, también locales. Al finalizar el concierto de The Lookers, el segundo del Festival, se produjo una peculiar estampa que resume perfectamente el espíritu familiar de Andoain: un grupo de niños de unos 10 años fueron corriendo a pedir autógrafos a los chicos de Ziburu como si fueran los mismos Rolling Stones. El trío vascofrancés se mueve en las coordenadas de un punk urgente y juguetón en la línea de los Buzzcocks o unos Undertones tan frescos como lo están estos chavales de veintipocos años. Cayó también su habitual versión de The Creation (“Making Time”). Junto con Bakelite, -el dúo vizcaíno a medio camino entre el blues-rock y la Velvet Underground formado por Sergio Llanos (Athom Rumba) y Naiara Anasagasti- fueron los representantes vascos.
Otra versión, este caso el “I can only give you everything”, de The Them, fue de largo lo mejor de unos irregulares The Ape, el nuevo proyecto de Tex Perkins, un tipo que no para quieto pero al que la creatividad a veces le juega malas pasadas. En directo le ocurre lo mismo que en el disco: no entra a la primera, no engancha al oyente hasta que pasa un largo tiempo de digestión. Y en Andoain ese tiempo llegó al final de la actuación, demasiado tarde para entrar en calor. No es fácil cuadrar el orden de las piezas, pero visto el resultado final uno se hubiera atrevido a retrasar bien entrada la noche a un Kid Congo, muy sólido, en plena forma. Pero sin duda, los grandes triunfadores fueron The Woogles. Pasaron como un rodillo, incluso por encima de buena parte de la historia de Andoain, y su descarga de garaje y r&b no decayó desde la inicial “Take it To The People” hasta que una hora después acabaron tocando entre el público con la vitalidad de unos jovenzuelos en el primer concierto de su carrera.
No hubiera pasado nada si el festival se hubiera cerrado justo después. Hasta cuando Lisa Kekakula, la imponente vocalista de The Bellrays, gritó repetidas veces “It´s saturday night!” uno no podía evitar acordarse de que, efectivamente, había sido una gran noche de sábado gracias a unos veteranos garajeros
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