Gran edición del Santander Music
Conciertos

Gran edición del Santander Music

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22-07-2011
Sala — Campa de la Magdalena / Santander
Fotografía — Charo Celis

La edición de este año del Santander Music arrancó en el nuevo Escenario Santander, lo que permitió que el jueves contara con conciertos más atractivos que en ocasiones anteriores.

Abrieron Tulsa, como dúo y en acústico, un formato en el que sonaron planos y monótonos. Mucho más entretenidos estuvieron Betacam, el proyecto del torrelaveguense Javier Carrasco. Reconvertidos en trío, empezaron con un sonido guitarrero para pasar después a un electropop que sorprendió gratamente y que recordaremos como un alarde de pop naïf sin complejos, fresco y efervescente. El columpio asesino salieron a matar; subieron a los Pixies y a Suicide en el stuka de Primal Scream y bombardearon el auditorio con bilis y electricidad malsana, en lo que terminó en una de las mejores actuaciones que les he visto.
El viernes, ya en la campa de la Magdalena, Polock pusieron fondo sonoro a la entrada del público al recinto. The Pains of Being Pure at Heart tienen una colección de canciones que dejan en evidencia a artistas con carreras mucho más dilatadas que la suya; por desgracia, sobre el escenario quedaron sanas y desganadas. Empieza a ser preocupante la incapacidad de estos neoyorkinos para sonar como tienen que hacerlo. Mando Diao no vinieron para repartir guitarreo ni baile, o al menos no tanto como en otras ocasiones. Acompañados de un piano y un cuarteto de cuerda, los suecos repasaron lo mejor de su carrera en un recital elegante pero al que le faltó sangre. Mucho más enérgica y sucia fue la actuación de los británicos Crystal Fighters, grupo con uno de los directos más comentados de este verano; lo suyo es una exhibición de poderío que pese a recurrir a trucos un tanto verbeneros consiguen que estos funcionen y así llevar el desmadre a la campa. Eso sí, a estas alturas también convendría que alguien les enseñara cómo se toca la txalaparta. No consiguió una respuesta tan unánime del público la propuesta de El Guincho; en cualquier caso, el canario hila mucho más fino que los anteriores, y aunque la tosca sonorización borró muchos recovecos de sus canciones, no impidió que se pudiera disfrutar con uno de los directos más complejos e inclasificables del panorama actual.
El sábado, Hola a todo el mundo se llevaron el título a la indumentaria más cantosa del festival con sus disfraces de superhéroes de barrio. Por otro lado, es espectacular ver a los cinco componentes trabajar juntos para hilvanar sonidos y tejer canciones, pero también es cierto que no debo de tener un corazón tan puro como el que se necesita para disfrutar de una propuesta tan jovial. Es posible que ahora mismo la mayor parte de los comentarios que Russian Red suscita en los medios provengan de polémicas extramusicales, pero su directo debería servir para que la atención vuelva a lo importante: con muchas más tablas y desparpajo sobre el escenario, sin tantos efectismos a la hora de cantar y con una buena banda a sus espaldas, no hay duda de que brindó uno de los mejores conciertos del festival. The Ting Tings llevan años explotando su nombre sin más justificación que ese par de hits incontestables que son “Great dj” e “It’s Not My Name” y la imagen de su cantante brincando por el escenario. Sí, son uno de los grupos con más morro que yo recuerde, pero en ningún momento tratan de disimular la broma que son, y así consiguieron poner a bailar a todo el público. Les perdonaremos una vez más. Los franceses Jamaica jugaron a ser unos Phoenix, aunque la comparación con sus compatriotas todavía les queda un tanto grande, y su actuación quedó en un mero pasatiempo para esperar a James Murphy. El líder de los desaparecidos  LCD Sondsystem cerró el festival con una sesión llena de funk, house y post punk mientras empezaba a caer una fina lluvia. Y es que el verano en Santander es así: el tiempo respetó la fiesta, pero es raro pasar un fin de semana entero sin estar pendiente de lo que pueda caer del cielo.

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