La sala Mardi Gras fue el lugar escogido para el pistoletazo oficial de la nueva edición del ciclo ‘Elas Son Artistas’. Una cita especial que contó con una habitual del espacio como la venezolana Georgina, quien, desde los primeros compases, demostró sentirse como en casa. Tanto, que ejerció como verdadera anfitriona de los presentes, a quienes agarró y acomodó rápidamente para llevarlos a un viaje del que deseó que saliesen felices y con el corazón abierto.
Y vaya si lo consiguió. Desde el comienzo en acústico, saliendo desde el camerino, construyó un repertorio en el que hubo gran protagonismo para algunos de sus grandes éxitos, pero también para las canciones de su recién estrenado nuevo disco “Un día de esos” (Auto, 26). Todo ello bien hilado con sus intervenciones. Georgina optó por hablar, explicar y contextualizar gran parte de los temas, además de reflexionar e incluso poner en valor los avances de la ciencia.
Sobre el papel podría parecer excesivo, pero lo cierto es que todo se sintió tan natural que en ningún momento se hizo pesado. Porque si por algo se caracterizó la hora y media de concierto fue por construir algo que iba más allá de lo estrictamente musical. La intérprete demostró que las canciones no solo se sostienen en lo sonoro, sino también en la honestidad. En esa capacidad de conectar con el público y llevarlo a un lugar más amable, a un espacio en donde el amor lo envolvía todo y donde, por momentos, todo parecía más bonito y habitable.
Un público que sabía a lo que iba, que acompañó con bastante respeto y que también cantó a pleno pulmón cuando tocaba. Un público que salió de la sala con la sensación de que todo lo malo se había esfumado, al menos durante un instante. En lo puramente musical, Georgina se presentó sobre el escenario acompañada de una guitarra, sosteniendo gran parte del repertorio únicamente en base a ese instrumento.
Es cierto que en algunas canciones recurrió a bases pregrabadas, algo que, lejos de resultar artificial, se integró con naturalidad, con temas creciendo al sonar más arropados. También hubo tiempo para una sorpresa muy celebrada: la aparición de Mikel Otero —uno de los miembros fundadores de Zenttric—, con quien interpretó “Solo quiero bailar”. Un momento en cierta manera improvisado, que no fue perfecto, pero que contribuyó a reforzar esa sensación de autenticidad tan presente durante toda la noche.
Porque, en el fondo, eso fue lo que definió el concierto. Puede que no fuese perfecto según ciertos estándares, pero tampoco era lo que la ocasión reclamaba. Tenía que ser como fue. Y precisamente si por algo se caracteriza un ciclo como ‘Elas Son Artistas’ (que esta temporada alcanza su novena edición) es por poner en valor el talento y la sensibilidad sin necesidad de rodearlos de artificios innecesarios.
Y así llegó un final que no podía ser otro que con “Supermujer”, la que bien podría ser la banda sonora, no solo del concierto, sino también del ciclo que está por venir. Georgina amenazó con volver y, viendo las caras del público y escuchando algunos de sus comentarios, lo más probable es que ese deseo se materialice más pronto que tarde.

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