Con un cierto tufillo a temporada de verano festivalera, los asistentes a la fiesta electrónica Forward sabían de sobra que apostaban por una convocatoria de acierto. Los nombres del cartel (Ladytron, Soulwax, Tiga y Underworld) eran ya garantía de populismo y festejo hasta la salida del sol, en este caso duplicado entre Madrid y Valencia. Muchos acudían para comprobar la solvencia de una nueva propuesta del primer directo de la noche, la que se recoge en “Vocífero” de Ladytron. Si uno realizara una encuesta entre los presentes, quedaría algo latente su falta de fuerza escénica, el aburrimiento de la mayoría y la poca ayuda que la complejidad de sonido de una sala tempranamente vacía supuso para el cuarteto. Diplo tomó el relevo magistralmente, despertando un entusiasmo más que deseado entre el aforo. Claro que la aceituna del cóctel Fangoria, los cuatro temas previos de Nancys Rubias, agota tanto como irrita al personal. Por amor, como en muchas de las letras de Fangoria, Mario sigue siendo la indigesta pastilla que nunca queremos tomar, imposición previa a la gran actuación de su pareja e insuperable icono, Alaska. Fangoria y ella sí pueden y deben presumir de profesionalidad, ya sea en Mónaco o en Madrid, con el momento estelar de su actuación en la versión de “Flash” de La Prohibida. Kowalski pasó desapercibido. Y Underworld triunfó con eclipse de lentejuela, contorsión y color, aunque lo realmente excitante fue el repaso de su historial (desde “Cocrodile” a la más de media hora de remezcla de “Born Slippy”). Los belgas Soulwax no tuvieron desperdicio. Amenizaron sin freno la velada con una colección de sus remixes más efectivos, pese a que el público gesticulaba al aire lamentándose por las carencias del sonido. La noche despertó definitivamente con el más afable de los productores, el de sempiterna gorra, Tiga. Sin centrarse excesivamente en su último trabajo, ofreció diversión y bailoteo, provocando hasta algún desnudo integral de fémina en la primera fila. El canadiense se hizo fotos, firmó autógrafos y brincó, hasta en lo presencial, al lado de los últimos de la noche, 2 Many Dj’s. Ellos, con esta encarnación, son grandes mensajeros de la música, eternos on the road, de una ciudad tras otra y escenario más escenario, en su casa-bus de dos pisos y, en este caso, haciéndoselo pasar de escándalo hasta a los de seguridad. Con su sesión acabó una nueva cita, algo joven en logística y sonido, pero que, tal y como su propio nombre indica, deberá seguir adelante.
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