Fly Me To The Moon, sobreexposición emocional
Conciertos

Fly Me To The Moon, sobreexposición emocional

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28-07-2011
Empresa — Primavera Sound
Sala — Poble Espanyol
Fotografía — Dani Cantó

Prometíamos más sensibilidad y nos marchamos de la montaña mágica con una agradable sobreexposición emocional. Intuíamos belleza e intensidad, debíamos sumarle ternura: empezando por los halagos mutuos y constantes entre las bandas que nos ocupan. Así se explica que en la jornada inicial lo consumiéramos todo al por mayor, hoy era el día de la artesanía musical. ¿Podía ser de otra manera con Joanna Newsom abriendo la noche? Si bien reconozco –pecado- que durante el día, pese a lo soberbio de disfrutarla puntualmente, dudaba cómo encajaría más de una hora de su voz aniñada o de su frenesí folk, fue sentenciar el arpeo de “Bridges and Ballons” y prever algo grande entre manos. Haciendo fácil lo difícil –pese a la exigencia técnica i compositiva-, regalando matices vocales y luciendo tesitura, susurro, canto desgarrado o atronador, facilitándonos tempos endiablados y contratiempos desconcertantes -sin una progresión-… si pensabas lo que acababas de escuchar corrías el riesgo de reengancharte ya en otro mundo. Newsom y los suyos (violín, banjo, guitarra, flauta…) treparon por el folk más impredecible, con ejercicios sinfónicos imposibles, todo aliñado con tics de naturalidad: todavía duda Neal Morgan con qué baqueta acompañar a Newsom al piano, cómo acariciar su pandereta… Pura heterodoxia adictiva y más cuando lleva por título “Cosmia” o “Peach, Plum, Pear”. Cerraron con esta última y se marcharon sin bis, el público lo castigó con abucheos, aunque la herida ya había curado.

Los males se olvidaron rápido, teníamos a continuación uno de los discos del año cocinándose delante de nosotros: "Teen Dream" (2010) . ¿Los responsables del brebaje? Una de las delicias del circuito, siempre a debate entre lo popular y lo culto. Unos Beach House que, a juzgar por las caras de los allí presentes –y pese a lo huidizo de su música– llegaron profundo: cómo resistirse a “Walk in the Park” o “Norway”. Tan sólo con órgano o teclado en mano y guitarras dream la ensoñación ya era palpable. Transmitieron y el contenido de su LP no sufrió en directo más allá de algún desatino de Victoria Legrand, pese a sobresalir en su mayoría, evocando por momentos a Nico. Disfrutamos de un sonido envolvente y atmosférico, inmediato, en la línea de lo que pedía la noche, tras el recital etéreo que les precedió. Todos agradecimos enormes canciones a las que agarrarnos, sirva de ejemplo “Zebra” –de esas que desearías que no acabaran–. Entre los éxitos reconocibles, algo de material nuevo que nos deja con ganas de más. El bolo tuvo amago de quedar corto y finalmente se forzaron los bises: ¡No tropecemos dos veces con la misma piedra en un mismo día! Tuvieron que ser ellos los que se atrevieran a vestir de estrellas su escenario, como homenaje, tal vez, a dos días de Fly Me to The Moon, en el que las hemos visto brillar, y mucho, pese a lo tapado del cielo barcelonés.

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