Fly Me To The Moon, experimento notable
Conciertos

Fly Me To The Moon, experimento notable

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27-07-2011
Empresa — Primavera Sound
Sala — Poble Espanyol
Fotografía — Dani Cantó

De vuelta al Poble Espanyol, de nuevo de la mano del Primavera Sound, bajo el amparo del Fly Me to The Moon y en dos jornadas. En esta primera, repitiendo formaciones con dispar suerte en el pasado PS.

Abriendo la noche, con algo de retraso –no sabemos si porque en el momento de salir a escena había más gente enfilando Montjuïc para ver a Bon Jovi que en la plaza o porque el show deslucía con tanta luz-, unos The Suicide of Western Culture que un servidor ya no debería descubrir a nadie, después de un debut homónimo sólido e ilusionante como pocos en el panorama patrio. Pues bien, los (que dure) misteriosos barceloneses, formato trío, salieron una vez más a jugar con sus cachivaches, fabricando y edificando en directo, a cacharrazo limpio. Un sonido sucio, industrial e incontrolado, acompañado a la perfección por proyecciones que por momentos nos hicieron despegar como aviones, sentirnos bombardeados por ritmos belicosos, o vulnerables como hormigas. Su apuesta por la electrónica viral, pesada, sin tamiz, engancha y los aleja cada vez más de comparaciones, y eso es muy bueno. Con cada vez menos recovecos entre el público, turno para las teóricas bestias de este primer round (TSOWC, dejaban el listón alto).
Animal Collective venían a hacer lo mismo que en estos últimos tiempos: tocar para ellos. Pese a que su setlist volvió a englobar nuevo material, sin descodificar, a excepción de alguna pieza de su excelente "Merriweather Post Pavilion" y alguna pincelada más de su discografía, la acogida del público resultó más que buena; todos sumidos en un tránsito acrítico del que, por momentos -a destacar “Summertime Clothes”-, me hice partícipe. Los de Baltimore son expertos en llevar a la catarsis al respetable, todo sin soltar palabra ni mediación entre temas y casi sin mirarse. Cada uno hace su trabajo, y lo hace muy bien. La lejanía puede llevar a que, más que un concierto, el show se convierta en una jam sin fin donde las estructures se visten y se desnudan con la misma facilidad que Panda Bear consigue engancharme cuando canta y se endemonia con los ritmos: corren con ese riesgo, y con mucho gusto. En conclusión, pop tribal, pasado por una miscelánea de estilos, efectivo y de mucha pegada, sin demasiada emoción, eso sí: aunque, ¿qué importaba eso hoy? Veníamos a experimentar. La emoción, ya llegará mañana.

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