FIZ Festival, pop y electrónica para las masas
Conciertos

FIZ Festival, pop y electrónica para las masas

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28-09-2013
Sala — Multiusos de Zaragoza
Fotografía — Jaime Oriz

Dicen que cuando algo funciona es mejor no cambiarlo. Algo así deben pensar los organizadores del Festival Independiente de Zaragoza (FIZ) y para su edición número trece (que ya es decir para una ciudad como la capital aragonesa) han repetido la fórmula que tan buenas resultados de asistencia les ha proporcionado en los últimos años: una banda local con calidad demostrada; los grupos nacionales indies que más tirón tienen entre la juventud; un artista de pasado glorioso, pero lejos de sus mejores momentos y Djs de probaba eficacia. El éxito de público volvió a ser evidente y es destacable la cada vez mayor presencia de gente joven en el festival. Las salas de conciertos apenas logran arrastrarla, pero un evento de estas características es infalible. Otro asunto es que la calidad musical se ha mostrado por debajo de otros años, aunque casi diez horas de música da para alegrías.

El duro trago de abrir el festival le tocó a Big City. No se amedrentaron y ofrecieron el concierto más sutil de toda la noche, con algunos de los momentos más inspirados. No les acompañó el sonido, pero no fue un impedimento para que desplegaran con pasión sus hermosas canciones, bañadas por el mejor pop beatleniano, los sonidos del folk americano y las guitarras de los 90. Que con “The Way the Trees Are” no hayan recibido más parabienes es un misterio, y más cuando empieza con una joya como “Hello winter”. Con el timón firme, condujeron el concierto hasta el final sin altibajos para acabar con la celebrada “The Smiths”.

Después de entregar unos muy interesantes discos y habiéndose labrado un público fiel, The New Raemon ha decidido abandonar los escenarios. Para la recta final de esta gira, Ramón Rodriguez ha querido contar con el apoyo de otro de los nombres más queridos del indie nacional: Miguel Rivera, de Maga. No fue un simple convidado de piedra y a la segunda canción ya sonaron los acordes de “19”. El setlist se convirtió en una especie de grandes éxitos, en el que los temas ganaron en intensidad pero perdieron en detalles. Tampoco dejó escapar la oportunidad de acompañarles Ricardo Vicente y rescataron uno de los temas de su proyecto junto a Francisco Nixon, “El problema de los tres cuerpo”. Su acertada versión de “Te debo un baile” de Nueva Vulcano supuso la última canción de la velada y se convirtió en la despedida oficial de The New Raemon. Se le echará de menos.

Supersubmarina es uno de los motivos de este rejuvenecimiento del FIZ. Sus letras, con voz muy afectada, conectan con el público joven y su indie de manual les favorece. Tienen un directo sólido y trabajado pero caen en más de lo debido en trucos demasiado fáciles (esas arengas a la ciudad...). Sus canciones no son nada que no ya hayamos escuchado en infinitas ocasiones, pero han sabido aprovechar como nadie el hecho de estar en el momento y lugar apropiados.

Poco a poco, las guitarras iban dando paso a la electrónica. Citizens! poseen maneras, no buscan recurrir a los ritmos facilones para compensar melodías poca inspiradas, Miman las canciones y las dejan fluir. Podrían ser unos perfectos sucesores de esa máquina de hits llamada Hot Chip, pero su pop con tintes electrónicos se sitúa muy por debajo en inspiración Pueden alardear de contar en su repertorio con buenos temas (“True romance”, “Reptile”) pero no fueron suficientes para triunfar. Hay que darles tiempo.

Dorian son unos viejos conocidos en Zaragoza. Los catalanes son unos asiduos a nuestros escenarios y su público fiel, cada vez más variopinto, no pierde ocasión para disfrutarlos. Con la profesionalidad que les caracteriza en directo, pero unos puntos por debajo de lo que son capaces, ofrecieron un repaso a sus dos últimos trabajos (sin olvidar “A cualquier otra parte”), aunque con cierta sensación de piloto automático, Dorian regalaron un show convincente y cerró con una soberbia “Tormenta de arena”.

El peso de ser la estrella de noche recayó en los hombre de Norman Cook, más conocido como Fatboy Slim. Hace casi una década que no publica material nuevo, pero no ha dejado de faceta de DJ en todos estos años y su fama no ha decaído. Es un valor seguro en cualquier festival. El que esperase una sucesión mezclada de sus grandes éxitos se sentiría defraudado. Los que acudieron a la cita para presenciar una fiesta llena de acid, en la que hay más subidas y bajadas que en un gráfico de la prima de riesgo española, se llevaría una buena alegría. Cook siempre ha tenido un alma de “hooligan” pero a un artista tan genial que ha regalado éxitos como “Praise you” o “Weapon of choice” y ha formado proyectos como Freak Power o Pizzaman, hay que exigirle mucho más. Él puede y debe.
Claro que la sesión de Fatbloy Slim pareció un ejercicio minimalista de techno alemán comparado con lo que ofrecieron The Zombie Kids. Electrónica de garrafón, cercana a Scooter, pero sin su gracia y macarrismo. Totalmente olvidables. No, no todo vale y no todo funciona. En el fondo no debe ser tan fácil conseguir lo de Norman Cook.

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