Solían ponernos la piel de gallina. Solían hacernos hervir la sangre con “Summer Revisited”, “The Ones That Smoke Are Fool”, “Barcelona” y “Lazy Life”. Solían tocar “Taking The Bus” para entristecernos y lo único que conseguían era emocionarnos más. Solían, en definitiva, hacer que nos sintiéramos felices, afortunados, sólo por verlos. Entonces llegó “Last Fine Recordings” y las cosas cambiaron. La efervescencia desapareció. Quisieron demostrar que no eran los Cardigans y lo consiguieron, dejando atrás la frescura twee y quedándose con un sonido más, ejem, adulto. Como Suede en “Dog Man Star”. Como los Smiths en “Meat Is Murder”. Sus nuevas canciones no enganchan a la primera. No nos encogen el corazón como “Seymour Why?”, infalible repesca de su primer álbum, pero aún así aprietan fuerte tras unas cuantas escuchas. “Someone Else Is In The Room” es fantástica, por mucho que se acerque más a Portishead que a Eggstone. “Postcards From NYC” arde con un punteo que busca su último minuto. “Ocean Blue Pop Band” y “Red Night” desempolvan a los Fine! de hace tres temporadas. “Fighting” fuerza los agudos de Desirée a ritmo de disco-funk y es, gracias al directo, mi momento favorito del álbum. “Two Moves” es la canción más Sundays que Fine! han hecho nunca. Nos negamos a dejar escapar a este grupo. A los chicos y sus guitarras. A la chica y su glamour. Al falsete de “Fighting”, puro Donna Summer, y a sus correspondientes coros, puro Brand New Heavies. Sólo estamos enamorados. Y algo confusos. Pero ¿quién no lo está a los treinta?
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