Este año las fiestas Demoscópicas en Madrid han tocado el cielo con un cartel de primerísimo nivel. Fue una noche de valientes, de tirarse al pozo sin mirar el fondo. Valientes por osadía, por agallas y hasta por apellido.
Para abrir boca Karen Koltrane, autores de una de las demos más interesantes del año, "Plantas de interior" (número dos de 2014 para la redacción de Madrid). El proyecto liderado por Ángel Valiente mostró una robustez inusitada en una banda de tan corto recorrido. Los cuatro integrantes de la banda parecen ensamblarse con la facilidad de los que llevan toda la vida tocando juntos. Algo que tiene todavía más mérito si tenemos en cuenta que Valiente reside en Noruega (donde compuso y grabo estas canciones) y no ha sido hasta muy recientemente que han comenzado a preparar sus directos. Las infinitas distorsiones de guitarra se funden con ráfagas de sintetizador difuminando los límites entre el synth-pop y el shoegaze. No en vano, toman su nombre de una canción de Sonic Youth, cuya discografía (junto con la de My Bloody Valentine, The Radio Dept o Broadcast) han debido devorar con ahínco.

Tras semejante vendaval llegaba el turno de Pablo Und Destruktion. El asturiano publicó uno de los mejores discos nacionales de 2014, "Sangrín" (número 3 del año para Mondosonoro). Rodeado de su peculiar banda de multi-instrumentistas, se lanzó directo a la yugular con "Pierde los dientes España". Así, sin anestesia. Tremenda canción. Si alguien pensaba que hay algún atisbo de ironía en sus estrofas, se equivoca de pleno. Esto es una crónica socio-política en toda regla. Descarnada y feroz, además.
"Estamos en una época de colectividad, de debate de la nación", comentó jocoso. Y es que ese aire de dandi graciosete ("Monaguillo-payasete-pistolero", qué diría el mismo) puede llevar a equívocos a los menos avispados. Lo cierto es que estamos ante un cronista visceral y astuto como pocos. Además de un auténtico showman, claro. Tiene una presencia escénica importante (por momentos parece que el escenario se le queda pequeño) y es capaz de trasmitir arrojo y sentimiento en cada movimiento. Su interpretación de "Powder", tan intima y universal al mismo tiempo, fue de lo más memorable.
Se dejó fuera "Limónov, desde Asturias al Infierno" ("La de Limónov no la tocamos, que no tenemos banda" avisó), pero poco importaba ya. Nos tenía a todos en el bolsillo.

Y para cerrar la noche Nacho Vegas, autor del disco del año 2014 para esta revista. Flanqueado por La Cuarta Trama Asturiana (Abraham Boba, incluido) abrió el set con "Nuevos planes, idénticas estrategias" en lo que sería una de las pocas concesiones a sus seguidores más longevos (la otra sería "Gang-Bang"). Sorprendió también recuperando "Me he perdido", de su disco conjunto con Christina Rosenvinge. A partir de ahí se centró casi por completo en los temas de "Resituación"; que si bien ha dividido a ciertos sectores de la crítica (no a la de Mondo Sonoro), no se puede decir que haya causado el mismo efecto en el público. Una a una iban recibiendo con júbilo las canciones que conforman el álbum, cantando a viva voz las letras de "Ciudad Vampira" o "Adolfo Suicide". El salto a la, ejem, "arena política" de Nacho Vegas tiene más de coherencia que de carambola. Al fin y al cabo, el asturiano siempre se ha caracterizado por su narrativa de observación minuciosa. Y por hurgar el dedo en la llaga. Su valentía y honestidad son de agradecer.
En "Polvorado", la más claramente reivindicativa ("hay fantasmas recorriendo Europa entera"), invitó al escenario a algunos miembros del coro Ladinamo y el Patio Maravillas. Y cuando tocaba el turno de "Actores poco memorables", una chica me aseguraba que "mucha gente de derechas había cambiado su ideología por este disco". Ahí es nada. Justo entonces comenzaba "La Gran Broma Final"; fantástico e insuperable colofón para una gran noche. Sino fuera porque todavía quedaba un epílogo en forma de momento para el recuerdo: Nacho Vegas y Pablo Und Destruktion juntos cantando "En El Pozo María Luisa", triste y emblemático himno de los mineros asturianos y leoneses: "Traigo la camisa roja, tranlaralará, tranlará, tranlará, de sangre de un compañero, mira, mira Maruxina mira...". Tiempos nuevos, tiempos salvajes.

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