Con las entradas agotadas con varias semanas de antelación, el cómodo recinto del Teatro Alameda de Sevilla aportó la nota de alta cultura (nada de fumar o beber en la sala de conciertos) que muchos reclamamos para el pop y acabó convirtiéndose en un nuevo punto de peregrinación indie muy a tener en cuenta en futuras ediciones (quizás por ello las gradas laterales acabaron recordándome las de la primera edición del Festival de Benicàssim).Viernes. Los franceses Téléfax, pese a su fama de delicados, se destaparon como unos enésimos (aunque competentes) clones de Sonic Youth y Diabologum. Después el proyecto del canadiense Matthew Adam Hart, The Russian Futurists estrenó las canciones de su tercer Lp, “Our Thickness”, pero su sonido tozudamente lo-fi convirtió su voz y sus melodías en un magma difícilmente identificable. En cambio, la juerga de Oslo Telescopic impactó a todos los presentes. Cinco tipos con las caras vendadas y con batas de colegial y acompañados por dos niños de igual guisa, la liaron con su mezcla de rock, breakbeat, dub y melodías. Tras el vendaval llegaron Migala, quienes naufragaron pese a las proyecciones que les acompañan. Aburridos y miméticos, dieron la razón a los que rezan por su disolución: ya hay bastantes grupos por ahí imitando mal a Manta Ray y a Tortoise. Afortunadamente, los alemanes Lali Puna nos reconciliaron con el pop sin usar ni una sola guitarra. Las canciones de “Faking The Books” brillaron en el escenario de la Alameda al conjugar melodía, innovación y dinamismo poniendo fin a una buena jornada. Sábado. La organización se reservó las propuestas aún más relajadas, empezando por el pastoral set de Otto Show, deudor de los primeros discos en solitario de Ben Watt de Everything But The Girl. Los valencianos Polar rompieron la tónica con una actuación nerviosa y contundente (al final afirmaban que aún querían haber hecho más ruido) en el que presentaron temas nuevos y versionearon el “Niagara” de los renacidos The Wedding Present. Con The Montgolfier Brothers volvió la calma y la englishness reafirmadas por las espléndidas fotografías proyectadas como telón de fondo. Sus melodías, como la de “Even If My Mind Can´t Tell You”, todavía su mejor canción, nos dejaron a todos a un paso del éxtasis místico. Es decir, a punto de levitar en cuanto The Married Monk salieron a escena. Los de Christian Quermalet arrasaron al combinar el nihilismo sardónico de Pavement con registros de crooner moderno. Para colmo, los miembros de Oslo Telescopic invadieron temporalmente el escenario volviéndola a liar. Para finalizar, los escoceses Camera Obscura rodaron las canciones que han de aparecer en su inminente tercer trabajo que, por lo escuchado, no les alejará de la alargada sombra de Belle & Sebastian, algo que tampoco parece importarles demasiado.
That's way the besetst answer so far!