FESTIVAL SERIE Z
Conciertos

FESTIVAL SERIE Z

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15-10-2002
Empresa — Babilonia
Fotografía — Archivo

Lo que al principio podía parecer una utopía o una locura se convirtió finalmente en una realidad. Una selección de diecinueve de las mejores bandas de entre las que, pasando de modas, siguen apostando por el rock’n’roll más directo y visceral, se reunieron en un mismo escenario para provocar el delirio de incondicionales llegados desde infinidad de lugares. La gran mayoría de los grupos supieron beneficiarse de la calidad del sonido (a pesar de fallos puntuales), del ambiente de camaradería reinante en el backstage y de la buena predisposición de un público volcado que, aunque tuvo que soportar incomodidades, supo valorar la excepcionalidad de la ocasión. Así, a las 15:30 del viernes abrieron el festival los barceloneses Sol Lagarto, con su exquisito rock sureño que -además de llamar la atención de Ruyter de Nashville Pussy- a buen seguro dará mucho que hablar en cuanto aparezca el disco que están a punto de grabar. Ultracuerpos también lograron que su estilo enérgico tuviera una merecida buena acogida entre el público que iba llegando al recinto, mientras los germanos The Revolvers, por el contrario, a pesar de empezar con fuerza, acabaron resultando algo monótonos con su punk un tanto light. A continuación, el country-rock con actitud a lo Mike Ness de Speedbuggy USA se reveló de lo más efectivo y práctico. Los norteamericanos cuentan con un gran directo y supieron sobreponerse a algún problema técnico inicial. Firebird se cayeron del cartel a última hora, por lo que los siguientes en ocupar el escenario fueron Backdraft. Los suecos, mediante sonidos stoner cercanos al rock sureño (más algún tic metálico que incluso puede recordar a Metallica) fueron una de las sorpresas más gratas del festival. Sus compatriotas Sewergrooves, por su parte, se presentaron sin Robert Eriksson (el también batería de Hellacopters) y demostraron que, aunque no poseen el poder escénico de los propios Hellacopters, sus composiciones siguen la misma línea que la de éstos y mantienen en todo momento un buen nivel. Ya en la recta final del primer día, Five Horse Johnson dieron lo mejor de si y su incendiario boogie-blues puso el recinto patas arriba a base de riffs briosos y una fuerza descomunal. Fue así como quedó el terreno listo para que Nashville Pussy -cada día más clónicos de AC/DC gracias sobre todo a la inagotable Ruyter- ofrecieran una vez más otro fantástico show. Blaine sigue siendo un personaje entrañable, mientras que la nueva incorporación, Katie Lynn Campbell, encaja a la perfección con la idiosincrasia de la banda. El punto y final del día lo pusieron los míticos Hanoi Rocks, quienes a pesar de la monumental cojera de Andy McCoy y la deteriorada relación que mantiene el guitarrista con Michael Monroe, sacaron adelante su actuación gracias a la actitud positiva de ambos ante sus seguidores. Monroe, como era de esperar, derrochó glamour y sigue manteniéndose en gran forma, mientras McCoy, a pesar de todo, conserva buena parte de su carisma. Tras un merecido descanso, y casi sin darnos cuenta, ya estábamos ante The Nuggets, quienes supieron resolver la difícil papeleta de iniciar la segunda jornada con su buen hacer en escena. Señor No agradaron también con su rock contundente y trasgresor. Sus guitarras sonaron a gloria antes de que PPM pusieran el acento más punk del día. Una vez más, los “Ramones hispanos” supieron jugar bien sus bazas para lograr su objetivo. Raging Slab, en cambio, no acabaron de convencer, principalmente debido a las limitaciones a nivel instrumental de Elyse Steinman (válidas para un grupo punk pero no para uno sureño), así como al estado de un Greg Strzempka que ya había dado buena cuenta de la barra libre del backstage. Los siguientes en aparecer fueron The Bellrays, capitaneados, claro está, por la maravillosa Lisa Kekaula. Su fantástica mezcla de R&B, soul y rock’n’roll marcó el inicio de una serie de actuaciones difíciles de olvidar. The Nomads, auténticos padres del rock escandinavo, probaron que andan sobrados de clase. Southern Culture On The Skids, grupo genuino donde los haya, arrasó con su particular revisión a la música americana de raíces. Diamond Dogs aportaron una siempre bienvenida (e imprescindible) reivindicación al sonido Faces. Supersuckers y su versátil punk-rock canalla entusiasmaron (enlazando el “Cowboy Song” de Thin Lizzy con su sensacional “Born With A Tail”). Y ya para terminar, The Dictators, con Ross The Boss como único guitarrista, pusieron el broche de oro final con otro show demoledor y un emotivo homenaje a Joey Ramone al grito de “¡hey ho, let’s go!”. El cartel era de ensueño y el festival también lo fue. ¡Que se repita!

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