DEATH IN VEGAS + Clearlake + Alex Torío
(13 diciembre; Sala Azkena, Vitoria-Gasteiz)
La noche de la actuación de Death In Vegas será recordada como la de la ausencia, anunciada con un día de antelación, de Dot Allison. Y no sólo por la presentación en directo de la escocesa de su notable “We Are Science”, sino por el juego que hubiera dado junto a los londinenses. Y es que por mucho que la crítica internacional se esfuerce por destacar las cualidades en directo de la banda de Richard Fearless y Tim Holmes (que las tienen, y muchas, por supuesto) dio la sensación de que esa intensidad electrónico-rockera merecía un cantante a toda costa. Parapetados tras sus controles, y arropados por otros cinco músicos –en el formato rockero clásico, más un gran órgano Hammond- Fearless y Holmes pusieron en marcha la nave espacial que llevan entre manos. Con un sonido inmejorable y con unas proyecciones tremendamente sugerentes, la banda se mostró certera, intensa y repleta de poder, tejiendo su particular “muro de sonido” con guitarras afiladas a lo Jesus And Mary Chain y bases programadas que buscaban un clímax que lograban con gran facilidad, repasando temas del enorme “The Contino Sessions” y de su último álbum “Scorpio Rising”. Sin embargo, y a pesar de lo sugerente e hipnótico de la propuesta, teníamos la sensación de ser testigos de un artilugio de estudio, puesto que el interesante juego entre lo orgánico e inorgánico de este grupo quedaba deslucido por la ausencia de un vocalista que se partiera la cara con la audiencia, en lugar de esas voces enlatadas. Aritza Basterretxea
LA BUENA VIDA + David Kitt + The Delgados + Volovan
(14 diciembre; Sala Roxy, Valencia)
Abriendo el festival, con una breve selección de los temas de su primer y único álbum actuaron los mejicanos Volovan, que consiguieron hacerse con el público rápidamente hasta el final, momento en el que homenajearon al fallecido Carlos Berlanga con “Ni tú ni nadie”. Continuando, The Delgados, con su personal estilo pop-folk, se dedicaron a repasar algunos temas de su anterior discografía, aunque hicieron especial hincapié en su ultimo trabajo “Hate”. Una puesta en escena admirable con su tradicional repertorio de instrumentos clásicos. La nota discordante de la noche la puso sin duda David Kitt, quien, en un intento de ejercer el papel de estrella del rock, acabó sobreactuando y demostrando que el papel le venía algo grande. Pero lo mejor estaba por llegar de la mano de La Buena Vida, que en una tónica habitual en ellos abrieron su actuación con “Segundas partes”, tema nuevo que, junto a otros como “Rumbo al sur” o “Amor mejicano”, fueron intercalando con clásicos de siempre. “Buenas cosas mal dispuestas”, “Tormenta en la mañana de la vida” o “Qué nos va a pasar” dieron el toque nostálgico a la noche e hicieron que el público se entregara totalmente coreando estos temas. Vanessa Prado y Luismi Romero
SAINT ETIENNE + Alpinestars + Budapest + Heike
(16 diciembre; Sala Pachá, Madrid)
No fue una noche que destacara por unas actuaciones brillantes. Para empezar, el tráfico en Madrid me impidió ver al grupo barcelonés Heike. Cuando entré en la sala acababan de empezar Budapest quienes me mantuvieron hipnotizado durante sus primeros veinte minutos: sonaban perfectos y su intensidad en la vía de Coldplay se deshojaba con cada canción; luego, cuando terminaron, descubrí que no recordaba ninguna de ellas. Lo de Alpinestars y su reconversión al rock electrónico tuvo algo de Madchester, poco de Primal Scream y mucho de espíritu fiestero; no apabullan, pero entretienen durante medio concierto. Para cerrar, Saint Etienne, con un considerable retraso y algunos problemas con el sonido, poniendo el piloto automático (programaciones a mansalva) y dejando a Sarah Cracknell (enfermizamente delgada) atrás en ciertas ocasiones. Esta vez fallaron con la elección del repertorio, tal vez más sofisticado que en otras ocasiones, basado principalmente en “Finisterre”, su último trabajo, y resultando más aburrido y menos certero. No hubo “He´s On The Phone”, pero sí “Nothing Can Stop Us”. Y ya está: la cabeza de los magos del pop estaba en Vitoria. José M. Gallardo
GROOVE ARMADA + Blue States
(18 diciembre; Sala Arena, Madrid)
Para continuar con la tónica habitual del Wintercase a su paso por Madrid, Das Pop se cayeron del cartel sin previo aviso porque, dicen, ¡alguien los metió en un avión con dirección a Barcelona! Abrieron boca entonces unos Blue States correctos, que se enfrentaban a la papeleta de reproducir el sonido preciosista de “Man Mountain” con una formación plenamente “orgánica”. Y no dejaron mal sabor de boca aunque, en general, su propuesta resulta demasiado fría para entusiasmar desde el escenario. No hay problema, porque para calidez la de Groove Armada. Sabedores de que el público quería pasar un buen rato, Findlay y Cato pusieron a todo el mundo a bailar desde el primer momento, tirando sin disimulo del bombo cuando la situación lo requería. ¿Resultado? La mayor comunión entre músicos y populacho de todo el festival. Y aunque tanta parafernalia percusiva hacía tener lo peor ( el “efecto mayumana”) la solvencia de la formación, cierta mala leche populista a lo ¡Rage Against The Machine!, y, especialmente, el protagonismo de unos vocalistas entregados (el rapper MAD dejándose el alma en su arenga y una Valerie que hizo pensar en Nicolette) convirtieron la hora larga de concierto en una fiesta que incluso convenció a profanos. Doy fe. Luis J. Menéndez
THE FLAMING LIPS + The Czars + Imperial Teen + Elf Power
(18 diciembre; Sala Razzmatazz, Barcelona)
Aunque su valía y resultados merecía mejor posición en el cartel, Elf Power subrayaron sus capacidades y su imaginería haciéndonos pensar en un mejor futuro del que vivimos a esas horas de la tarde. Imperial Teen convencieron, aunque sonaron descacharrados y algo amateurs. Si no tuviesen las disfrutables canciones que tienen, les hubiésemos olvidado inmediatamente. En cuanto a los The Czars, siguen sin ser la bomba, pero por lo menos cuentan con un directo que cumple las expectativas de quienes les tenemos en estima, pero sin sobrevaloraciones. Cerraban The Flaming Lips, convertidos en plato fuerte del festival, aunque acabasen dejándonos –por lo menos en la Ciudad Condal- con un agrio sabor de boca. Apenas unos cincuenta y pocos minutos de concierto, el decepcionante bis navideño, los problemas de voz de Wayne Coyne, un par de inesperados cortes de luz y las mismas tretas que su anterior gira (aunque esta vez con batería real) fueron un lastre que impidió que aceptásemos los mejores momentos de su actuación como merecían. Repasaron su repertorio reciente, echaron mano a una de Pink Floyd (en Madrid también acudieron a Radiohead) y dejaron que un par de fans vestidos de Teletubbies se uniesen a su fiesta particular.
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