Viernes 1
A lo largo de las ocho ediciones de vida del Faraday se han dado muestras de sobras del gusto en la programación y del cuidado en la organización. Aun así, este primer round no será recordado como el más brillante pese que la noche lució, sobre todo, gracias a los cuatro fantásticos; vayamos por partes.
Abriendo puntuales, con el sol en la cogotera y con muchos en la playa con el Faraday como hilo musical, tres buenas propuestas catalanas: buen gusto pop con Samitier (como brilla “Porter-Davanter”), tradición folk mediterránea de Litoral y Wooky; calentando Carpa Juanita. Allí mismo asistimos a uno de los momentos del viernes, a cargo del pop destartalado y hierático -entre Astrud y El Columpio Asesino- de Espanto. A continuación, una vez más, muestra de flojera y poco aplomo del dream pop de Aias. Asimismo, Klaus & Kinski, con discazo bajo el brazo, le sentaron mejor los sintels que los experimentos de pasodoble.
La noche iba cayendo y era el momento de nuestros superhéroes, para empezar: The High Llamas, delicia pop a lo Beach Boys, defendiendo “Talahomi Way” y presumiendo de rodaje. Ya con el festival de subida, más superpoderes con The Bluetones, de repaso por su colección de éxitos: mágica “Slight Return”. Un Mark Morriss excelente -de la escuela de poses Gallagher, pero más simpático-, se despedía del festival y de España, se nos va una de las bandas britpop más escondidas. Si la mecha ya estaba encendida, Polock consiguió que se consumiera más rápido. Habíamos salvado el día, aunque lo mejor estaba por llegar, porque lo de Za! no es de este planeta: ¡superhombres! Guerra metal, free jazz: si no les han visto, por favor, hagan el ejercicio.
Yeray S. Iborra
Sábado 2
Si el viernes fue un día de superhéroes, el sábado y domingo reinaron los antihéroes, con sus imperfecciones, sus cicatrices y su extrema sensibilidad. La segunda jornada del Faraday arrancó con la inclasificable propuesta de Bradien, situados en algún lugar entre la electrónica y la vanguardia. Cogieron el relevo Inspira, una banda cada día más sólida que además estuvieron arropados por su productor Pau Vallvé como segundo batería en su alineación. Los catalanes abrieron la veda de cinco conciertos consecutivos en el escenario principal del Molí de Mar: Tom Williams & The Boat dejó su barco en amarre y apuntó buenas maneras encima del escenario, con su parecido a James Murphy, camiseta de Girls y con ecos a Nick Cave a la recta final del concierto.
El cartel del sábado presentaba el mismo número de artistas franceses que de bandas procedentes de países de habla anglosajona. 2 a 2, aunque el pop cantado en inglés y de tradición americana de los franceses Da Capo consiguió decantar la balanza a favor de los anglosajones. Dejaron claro porque se nombre se inspira en el título de disco de Love y además de interpretar íntegramente el disco “Minor Swing”, avanzaron temas nuevos. Bien diferente fue lo de Arnaud-Fleurent-Didier, sin duda una de las sorpresas con mayúsculas de esta edición. La química innata con su pianista-corista hacía pensar en Gainsbourg con sus musas. Un hombre que, pese a llevar casi una década en la música, debería jugar en la misma liga que Benjamin Biolay o Dominique A. El elegido para actuar entre los dos galos fue el canadiense Ron Sexsmith, el gran cabeza de cartel. Actuó en compañía de tres músicos, pero sólo con su hipnótica voz y el piano hubiese sido suficiente (en este formato interpretó la lacrimógena “Nowadays”). Sexsmith, el antihéroe perdedor, ofreció un directo para bailar agarrado, y hasta se atrevió a entonar el “Eres tú” de Mocedades, creando una esquizofrenia entre la comunidad indie presente. Emilio José tuvo que luchar contra una hora (0:45h) complicada para su música de crooner moderno a base de loops, samplers y canción galega. ¿Y Standstill? Gracias, esto… ¿Cómo empezar? Me despierto en un gran estadio… A estas alturas, poco más se puede añadir. Un directo impecable, con un clímax mágico con el público. Fue el concierto con más expectación del festival, pese a su brevedad. Si la lógica se impone, Standstill tendrían que levantarse en grandes estadios. La gran rave montada por The Suicide of Western Culture no era lo más indicado para empalmar con un concierto de Els Surfing Sirles, así que el público se tuvo que decidir entre la electrónica o el rock&roll. Los que apostamos por lo segundo, vivimos uno de los momentos más emocionantes del festival. Los Sirles rompiendo una cuerda tan solo pisar el escenario y contando chistes malísimos para entretener a los asistentes. Una vez arrancado el concierto, un hit tras otro con el cantante Martí Sales pasando por encima del público y cogido a hombros por el 50% de Fred i Son, entregadísimos a primera fila. Cayeron los clásicos de “LP” y algunos avances del próximo. Nos quedamos con las ganas de invadir el escenario. Blai Marsé
Domingo 3
Resaca emocional, como todos los domingos del Faraday. ¿Por qué lo bueno pasa tan rápido? El año pasado lo logró Nick Lowe, ahora John Grant. La jornada de clausura gana fama edición tras edición. Muy buena convocatoria para ser un domingo por la tarde. Renaldo & Clara hacen grandes las pequeñas cosas. En formato trío, la extrema timidez de Clara y su voz, que dice mucho aunque parezca que no dice nada. Misterio y sensibilidad a partes iguales, con canciones tan bonitas como “D.” y “Sant Martí”. Nacho Umbert & La Compañía eran el puente perfecto para cruzar antes de llegar a John Grant. El ex Paperhouse cada día está más a gusto con su cancionero, derrochando sutileza y elegancia en cada escenario que pisa. Acompañado por cellista, contrabajista y batería, repasó su debut en solitario, “Ay…” y avanzó temas de su segundo largo, como la dramática “El mort està gelós del degollat”, inspirada en una dicha popular valenciana. Y llegó John Grant. Repeinado hacía atrás y afeitado, saludaba al público leyendo un texto escrito en catalán. Venía sin los Midlake, pero con un pianista. El artista de Denver se centró en las canciones de “Queen of Denmark”, intercalando pianos con un sintetizador, pero también cantando en el centro del escenario, con los brazos en jarras, haciendo valer su inmensa presencia escénica. Sus canciones son ríos de lágrimas, que se volvieron más caudalosos después de sus intervenciones entre canción y canción, explicando sus traumas infantiles y lo que trata de transmitir en cada letra, pero no cayó en el dramatismo en ningún momento. Grant es una persona que canta lo que ha vivido, es realismo puro y duro. Con una voz que hizo enmudecer toda la Platja del Far, ofreció un concierto inolvidable, que terminó dedicando una canción a su abuela. Blai Marsé
QUE MIERDA DE CRÍTICA.
ZA! MOLON?
caca
za! putus amos, les aias i surfing sirles si que son una bona cagarada