La Península de la Magdalena volvió a convertirse en el corazón musical de Cantabria durante dos jornadas en las que más de treinta mil personas transitaron entre los dos escenarios del festival. El Santander Music 2026 –festival que cuenta con el apoyo de CANTUR y Turismo de Cantabria– abrió puertas con las colas ya formadas y una temperatura veraniega que fue cediendo conforme avanzaba la noche.
Biela inauguraron el Escenario Repsol con la energía de quien no tiene nada que perder y muchas ganas de demostrarlo. Los madrileños arrancaron con la batería pegando con ganas desde el primer compás de “Un Día Más”, estableciendo una dualidad vocal que funcionó como motor de un set dinámico y bailable. Su canción compartida con La Milagrosa “Si tu Corazón Fuera para Mí” fue uno de los primeros momentos de conexión real con el público, aunque el punto álgido llegó con una versión de “El Encuentro” que se llevaron completamente a su terreno, demostrando que tienen criterio y personalidad para reinterpretar sin complejos. El escenario Repsol ya presentaba una acogida notable para ser la hora de apertura.
La Paloma tomaron el relevo en el Escenario Estrella Galicia con una propuesta que pidió algo más de atención de la que a veces permite el formato festival. Arrancaron con una potencia contenida que tardó en desplegarse del todo pero que fue ganando en consistencia conforme el set avanzaba. Los teclados anunciaron el giro: cuando el público empezó a meterse de verdad en el concierto cantando, la banda se apoyaba en tres guitarras sobre el escenario. En directo les acompañan Tomás Rojo y Ade Martí. El tramo final fue el más rockero con “Bravo Murillo”o “La Edad que Tengo”. Fueron de menos a más, y el público también.
Los Punsetes salieron, hicieron lo suyo y se marcharon. Sin tiempos muertos ni charlas entre canciones, la banda fue al grano con un set que alternaba sus ritmos aparentemente alegres con las letras deprimentes de siempre. El bajo brilló en “Idiota”, las guitarras melódicas dieron algún toque de luz inesperado en “Tu Puto Grupo” y el público se vino arriba especialmente en los tramos más reconocibles del repertorio “Tus Amigos”, “Una Persona Sospechosa”. Su fórmula sigue teniendo fieles, aunque ya no sorprende tanto como cuando todo aquello resultaba más rompedor.
Rigoberta Bandini fue uno de los momentos del viernes. Paula Ribó desplegó un espectáculo muy coreografiado, con ella jugando constantemente con una cámara subjetiva en el micrófono para proyectarse en las pantallas, cambios de vestuario, bailarinas que bajaron a interactuar con el público y una capacidad de conectar con el recinto que pocas veces se ve en un festival. El set transitó por sus distintas caras: desde los momentos más electrónicos y techno “Simpática pero Problemática” hasta la versión acústica de "Mayonesa" junto a Las Ketchup, pasando por cortes más lentos que en directo resultaron algo más insulsos que en estudio “Amore Amore Amore”. Presentó material nuevo con cierto aire electrónico ambiental. "Ay mamá" y "Busco un Centro de gravedad permanente" cerraron un show que fue, sin duda, el más variado de la primera jornada.
Las Ketchup funcionaron como un intermedio festivo entre los dos grandes cabezas de cartel del viernes. Las tres hermanas, con escena sobria y música grabada, repasaron su catálogo de rumbas entre dedicatorias y nostalgia. "Aserejé" desató lo que tenía que desatar y "Kusha las Payas" confirmó que hay canciones que no necesitan contexto para funcionar.
Guitarricadelafuente ofreció uno de los conciertos más completos y dinámicos de las dos jornadas. Álvaro Lafuente demostró desde el primer tema que sabe moverse entre lo íntimo y lo extravagante sin que nada resulte forzado: arrancó con "Full time papi", pasó por una rumba moderna, se sentó al piano para escalar hacia la épica en "Puerta del Sol" —con la niebla del humo inundando el escenario—, bajó de nuevo la euforia para subir lo sentimental con él y la guitarra, y puso a bailar con sus cortes más festivos. Hubo un momento especialmente humano cuando interrumpió "Guantanamera" para pedir atención médica para alguien del público, retomándola solo con la guitarra minutos después. "Tramuntana" cerró de manera teatral, con él en alto tras el gran biombo de fondo, en lo que fue probablemente el cierre más redondo de la noche. Junto a Sanguijuelas, los claros vencedores del viernes.

Sanguijuelas del Guadiana transformaron el escenario en el exterior de una cochera extremeña y convirtieron ese espacio en el lugar más vivo de la Magdalena durante su actuación. La banda de Casas de Don Pedro llegó con el escenario 2 completamente lleno y desplegó un set que transitó entre el flamenco rock moderno de guitarras densas “Puñales de Plata y momentos más puristas “Yesca”, pasando por sus registros más rockeros y cañeros “100 Amapolas”. Hubo organillo, guitarras que rezumaban intensidad, hubo una dedicatoria a Robe Iniesta que encogió el corazón de quienes sabían lo que significaba. El público cantó los comienzos de sus canciones más conocidas mientras los móviles llenaban el aire. La fusión electrónica del cierre “llevadme a mi Extremadura”, con algo de Crystal Castles mezclado con su estilo propio, fue el mejor broche para una actuación que confirmó que Sanguijuelas ya juegan en otra liga.
Rusowsky cerró la noche en el Escenario Principal con un show que empezó siendo más experimental de lo esperado y fue reencauzando conforme avanzó. Arrancó con mucha base, sample y poca letra “ALTAGAMA”, con los músicos todavía sin posicionarse del todo tras los instrumentos, en una fase más de laboratorio que de concierto. Cuando anunció el "momento romántico" y se puso al teclado, el show encontró su lugar. Los cortes más conocidos, incluida "Ella" y los ritmos latinos del cierre, desataron lo que el público llevaba un rato esperando. Terminó alargando todo lo posible “malibU”, con la gente completamente entregada, en una despedida que pareció no querer acabar nunca.
El sábado llegó con el recinto más lleno desde primera hora y la sensación de que el cartel tenía mucho que decir. Xoel López abrió la tarde en el Escenario Estrella Galicia con más público del que suele haber a esa hora. El gallego construyó un set de canciones que caminó por la línea del pop rock con pasos desviados hacia los sonidos del mundo de manera sutil, con mucho coro y una banda de cuatro músicos perfectamente engranada que no necesitó más palabras que las justas. Los primeros acordes de sus temas más conocidos “Historia Universal” o “Tierra” levantaron los primeros júbilos de la tarde, y el tramo final, con "Campos de Castilla para siempre" tomando impulso y un cierre casi Juan Luis Guerra en "El tigre de Bengala", fue de lo más celebrado de la jornada.
La URSS aportaron el contrapunto más rugoso de la tarde. Post-punk, punk-rock, todo a la vez y a mucho volumen. Su cantante se liberó pronto del pie de micro y se entregó a sus espasmos rítmicos habituales mientras las letras críticas y ácidas con rudez casaban perfectamente con un sonido denso y machacón. La guitarra de "Cristal" fue uno de los momentos donde el instrumento actuó como un actor principal más. Intensos y sin concesiones.

Carlos Ares fue la gran actuación del sábado. El gallego llegó al escenario con su formación habitual —entre ellos el cántabro Marcos Cao— y un show muy medido que fue cambiando las intros habituales de sus canciones, dando un giro a la estructura habitual que en un primer momento dejó al público algo desubicado pero que terminó por funcionar como una declaración de confianza en su propio material. El bajo arrancó en solitario en “Materia Prestada”, hubo un interludio sin letra que elevó la tensión antes de los momentos más emotivos. "La Boca del Lobo" fue el estallido colectivo: los "lololo" del público sonaron tan fuerte que Ares aguantó en silencio en el escenario un par de minutos antes de retomar "Peregrino", dejando que la gente cantara sola. Sin duda Carlos Ares rivalizó en cancionero y público con Siloé.
Triángulo de Amor Bizarro llegaron al Escenario Repsol para hacer exactamente lo que llevan años haciendo y para lo que siguen siendo insustituibles. Veteranos curtidos en cientos de frentes, su torbellino sonoro —con el bajo de Isa como columna vertebral— funcionó como un muro de intensidad que movió a quienes estaban dispuestos a dejarse llevar. Sus letras siguieron casando con su estilo rudo y sin adornos. “Robo tu Tiempo”, “Matar a un Rey” o “Mi Catedral” sacudieron cabezas, domaron caderas y propulsaron brazos en alto.
Siloé (foto de portada) fueron el cabeza de cartel indiscutible del sábado por derecho propio. La banda vallisoletana llegó al Escenario Estrella Galicia con el público más entregado de las dos jornadas y lo devolvieron con intereses. El set arrancó con “Terrorismo Emocional” y un sonido contenido, pero de enorme calidad, que fue creciendo hasta momentos de estadio, apoyado en unas proyecciones del live con buenos efectos que compenetraban con el omnipresente rojo con el que construyeron un universo visual propio. Fito Robles interactuó, vivió cada canción y motivó al resto con una energía que se extendió por todo el recinto. Carlos Ares subió al escenario en "Esa estrella" y recibió una de las mejores acogidas de la noche. El set derivó hacia su lado más electrónico con texturas de Depeche Mode antes de volver a la emoción más directa con “Quédate Esta Noche” y “Campo Grande”. El bis llegó con un alegato a favor de la música y los directos y las salas, con Fito metiéndose entre el público, antes de que "Todos los besos" pusiera el punto final a uno de los conciertos más completos del Santander Music.
Rata generaron expectación antes de salir y no defraudaron. La banda murciana llegó con el público ya posicionado y con camisetas que rivalizaban en número con las de Siloé. Son solo dos músicos sobre el escenario y a veces se echó en falta alguien más, pero lo de Dani Sabater a la batería fue un espectáculo en sí mismo: no paró ni un segundo. Tienen canciones que funcionan, un momento casi stoner con “De Mal en Peor” en el que la guitarra sonó a Queens of the Stone Age puro. “Tipos Duros” hizo gala de esa dualidad vocal en las letras de la que hacen gala. Bajaron la intensidad con “Hacer el Amor” antes de un cierre con "Yo de Mayor Quiero ser Yo" que desató el pogo más continuo de la noche, con Félix bajando el bajo al público. Todavía verdes en algunos tramos, pero con todo lo necesario para crecer.
Pignoise llegaron tarde al escenario, con más de cinco minutos resolviendo problemas con los in-ears antes de poder arrancar. El arranque con la melodía de Oliver y Benji fue la declaración de intenciones de una banda que jugó la carta de la nostalgia con honestidad. Su concierto fue canónico de banda de rock, con el trío apoyado por una segunda guitarra adicional que dio más cuerpo a un sonido que tuvo sus mejores momentos en los tramos más punk-rock con “Cama Vacía” o “Quiero”, cuando el bajo y la batería aceleraron el paso hacia latitudes cercanas a Sum 41 con “Por Verte”. "Sube a mi Cohete" buscó la interacción con el público, que cantó el estribillo con devoción mientras la guitarra quedaba perfectamente definida en volumen. "Nada que perder" fue el momento más emotivo: arrancaron sin cantar, dejando que el público hiciera el trabajo, antes de que Fito Robles de Siloé subiera a compartir estribillo en lo que fue uno de los mejores momentos de los dos días. El "Back to 90s" final certificó que hay una generación que sigue necesitando estas canciones.

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