Tres han sido los géneros musicales más habituales en el Faraday en sus cuatro pasadas ediciones –el rock, el pop y la canción de autor– y ha sido uno el que ha predominado en los cabezas de cartel y en la valoración general del quinto aniversario del festival: la canción de autor, representada por Robyn Hitchcock y Howe Gelb y las espléndidas actuaciones acústicas de Bart Davenport, Russian Red y esa criatura folktrónica y paranormal que es Momus. El pop seguía bien representado por Jonston, The Lodger, Gentle Music Men y Mishima; hubo un poco de nostalgia mod (Hatcham Social), energía post punk (The Violets) y una casi final descarga eléctrica de banalidad (We Are The Physics). Si la proporción rockera fue menor que en anteriores ocasiones, lo que creció –y mucho– fue la presencia de DJ’s, que dilataron la noche del viernes y especialmente la del sábado, precedida por la actuación de El Guincho. El cartel de la quinta edición indicaba una ruptura, con esas gafas de pasta negras rotas que podían también simbolizar la extinción del público moderno: el Faraday 2008 presentaba una alineación musical que quería huir de las modas –del oportunismo del cual se nutren tantos otros festivales–, y empezó pisando fuerte con el experimentalismo gamberro de Fred Galvan & Frida Calo, el pop con voz de sirena de ambulancia de Manos de Topo, el country-folk intrigante de Lidia Damunt y Francisco Nixon, que mezcló las canciones de su primer disco en solitario, Es perfecta, con los nuevos temas de su inminente nuevo álbum, igual que hizo Bart Davenport, que subía al pequeño escenario ADN con su guitarra acústica y las canciones de dos discos imprescindibles y poco conocidos, “Game Preserve” y “Maroon Cocoon”, además de algunas novedades estrenadas en primicia. La excesiva brevedad de la actuación de Davenport fue compensada por una espléndida demostración de savoir faire escénico a cargo de Robyn Hitchcock, que repasó buena parte de “I Often Dream Of Trains”: las versiones minimalistas de “Flavour Of Night”, “Trams Of Old London”, “Sounds Great When You’re Dead” o “Ye Sleeping Knights Of Jesus” (con Howe Gelb al piano acaparando la atención) sonaron espléndidamente. Hitchcock dejó el listón muy alto a unos Mishima que salieron un poco despistados y no encarrilaron su actuación hasta el tramo final con las ejecuciones entregadas de “El temple” y “Set tota la vida”. Poco después, The Violets escupían tres cuartos de hora de post-punk marcado por la sombra de Siouxsie And The Banshees. Inmediatamente después, Hatcham Social finiquitaban la noche del viernes con su colección de singles poppies y frescos y su estética mod. A las ocho en punto de la tarde del día siguiente Gentle Music Men repasaron las canciones de su disco de debut, además de estrenar una de las nuevas composiciones de su frontman Dani Poveda (“Moon”), con una afluencia de público reseñable que ya se quedó para ver el show acústico de Russian Red, que consiguió una de las mejores actuaciones del festival gracias a sus inflexiones vocales, que nos recuerdan gratamente a la olvidada Hope Sandoval. Jonston presentó las canciones surrealistas de su disco de debut junto a una audiencia que decrecía para ir a buscarse un bocadillo y perderse, así, otra buena muestra de pop con mucho humor, que continuó con la brillante performance del escocés Momus, vestido con túnica y delantal y con un parche rosa en el ojo derecho. Momus gesticuló, bailó e interpretó a la perfección su universo particular con “Count Ossie in China”, “Robin Hood” o “Giapponese A Roma”. Después de los cuarenta y cinco minutos de rigor correctos de Tachenko, Howe Gelb apareció en el escenario Stolichnaya con su mueca perpetua y mucha calma –demasiada–; acompañado por un contrabajista danés (su última excentricidad es que solamente toca con músicos daneses), Gelb exhibió su genialidad más comedidamente que en anteriores ocasiones, dedicó buena parte de su concierto a versiones estrafalarias (el aria “Una Furtiva Lacrima” y “I Walk The Line”, de Johnny Cash, mezclada con “Hey Jude”) y mezcló su repertorio con referencias a los cuatro pilares de la cultura catalana y a, ejem, Rodolfo Chikilicuatre. A partir de Howe Gelb, la noche decayó con el emo-pop oportunista de Get Cape. Wear Cape. Fly y la tralla histérica de We Are The Physics, que fueron seguidos por la última actuación de El Guincho con el set actual que ha paseado por medio mundo gracias al extraño “Alegranza”.
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