Resulta complicado resumir a grandes rasgos lo que ha supuesto esta nueva edición del invernal Estrella Damm Primavera Club. El balance, a fin de cuentas, ha sido positivo, pese a que hubo algunas decepciones que lastraron la sensación definitiva de que, en su modestia y más allá de que no hubiesen los grandes nombres de otras ediciones, el festival fuese tan atractivo artísticamente como otros años. Si debemos coronar a los vencedores de este año, no hay demasiadas dudas. En Barcelona, por la excitación provocada entre el público y a la energía que se desprendió sobre el escenario, es de justicia subrayar la actuación de Darren Hayman y Jack Hayter (acompañados durante buena parte del show por The Wave Pictures) como la cumbre del disfrute. Pasan los años, y da la sensación de que Hayman va centrándose emocionalmente y enriqueciendo sus actuaciones. Sus apadrinados The Wave Pictures no acabaron de reproducir en directo el espíritu de sus discos. Demasiados desarrollos y solos finales para unas canciones que solamente piden honestidad. The Thermals tampoco cuajaron. Su puesta en escena fue fría, sin alma y sin esa energía vital a lo Superchunk que sí tienen en disco. Que un grupo de sus características acabe aburriendo no dice mucho sobre su futuro. Por suerte para ellas y para nosotros, Mika Miko consiguieron todo lo contrario. Que su espasmódico y chillón directo se amplificase frente al público. Sonaron sucias, torpes y caóticas, pero ahí está su gracia. Se atrevieron a rendir tributo a sus héroes punk, clavándola sobre todo al emular a Misfits. Hubo conciertos que contentaron tanto a quienes ya sabían previamente lo que iban a encontrarse como a aquellos que fueron atraídos por el respeto a las propuestas (Giant Sand, Wovenhand, 12twelve y algunos otros) y algunos que sorprendieron por motivos diversos: The Extraordinaries (por su descaro, por lo contagioso de su propuesta, por lo alocados, por unas canciones que divierten), Boss Hog (por culpa de una Cristina Martínez incapaz de seguir a los auténticos protagonistas de la velada, Jon Spencer y Mark Boyce), Abe Vigoda (los problemas de sonido descuartizaron un directo que apuntaba maneras), Meneo (porque combinar reggaetón, gabba y desnudo integral tiene que funcionar por narices) y Eli ‘Paperboy’ Reed & The True Loves. Pese a tirar de tópicos del soul hasta lo indecible, tanto en sus canciones (un recorta y pega del soul de los sesenta que debería llevarle hacia terrenos más personales) como en su puesta en escena (speeches constantes, chillidos, saltos), los quince minutos finales de su actuación fueron lo más excitante del todo el festival en Barcelona. Se despidió entre ovaciones y con el escenario invadido por centenares de personas a las que él mismo situó estratégicamente para que nadie dejase de disfrutar.
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