Doble o nada, así se presentaba la cuarta edición de Electromar. Dos jornadas, una selección musical más variada y un nuevo recinto que fuera capaz de abarcar la expectativas de público que por lógica, debían duplicarse. Digamos que el balance es bastante favorable. En lo artístico visto lo visto, ha sido un notable éxito y el papel ha estado a punto de agotarse, lo que certifica que Electromar ha experimentado ese crecimiento. Sin embargo, esta nota, esta condicionada a que se mejoren esas fisuras organizativas propias de una edición con tantos nuevos frentes abiertos. De puertas a fuera señalización, información y canjeo de entradas. Una vez dentro, los cantos rodados que poblaban la explanada del escenario principal -afortunadamente ningún artista mereció ser lapidado- y el impedir que la gente saliera del recito antes de las cuatro de la mañana fueron notas negativas. Esta última porque no sirvió para impedir un festival paralelo en los aledaños del recinto, ubicado en plena zona residencial (esto puede ser un problema gordo de cara al futuro). Salvando lo anterior, Electromar brindaba a su público un recinto cómodo y fluido en lo que a los servicios se refiere, sin colas ni esperas para pedir una copa. Para la próxima, los vasos reutilizables. En el aspecto técnico, el sonido de los tres escenarios impoluto, en especial el de un majestuoso escenario principal que largaba alto y claro. Con todo esto el viernes arrancaba sin el completo convencimiento de que iba a ser una noche memorable. Una incógnita que debía despejar la estrella de la noche y de la edición de este año, Moby. El de Harlem suele jugar al despiste en sus conciertos, eso unido a la linealidad de su último disco nadie se podía imaginar un espectáculo vibrante, donde repasó todos su hits, de “Porcelaine” a “Extreme Ways”, o lo que es lo mismo de "Play" a “18”. Una puesta en escena orgánica, donde destacó la voz negra de Shayna Steele y un concepto audiovisual impecable. Ataviado con una camiseta de “Democracia Real” y chascarreando español bien pudo salir a hombros de Los Alcázares. Como dijo alguien “este sabía donde venía”. La otra apuesta de la noche, por lo menos para el que suscribe, eran los londinenses Foreign Beggars, pero su pólvora de grime y electro se mojó en un sonido que no les acompañó y evitó que cortaran una oreja que por actitud la tenían en el bolsillo. Los que si aprovecharon la torre sónica del escenario Electromar fueron Cyberpunkers, los italianos pusieron boca abajo a un público “desatao” con su ruidoso electro punk. En el apartado patrio, Varry Brava fueron los encargados de abrir el festival –con sol en el horizonte todavía- sin que por ello perdieran su divertida actitud disco y Delorean cuyo oficio quizá hubiera dado más de si en la madrugada. También se puede decir que The Leadings tocaron a deshora, pero alguien tenía que empezar la jornada del sábado y eso no achantó ni un pelo a los murcianos. Supersubmarina venían de la otra punta del país (el día anterior tocaban en Santander) pero los andaluces se realimentaron con sus nuevos temas para, una vez arriba, rematar ante el delirio de las primeras filas –como dice el tema “Ola de Calor” algunos morían a sus pies- con “Electroviral”, “Supersubmarina” y la histórica “Cientocero”. Cortésmente el Chino dio paso a sus hermanos mayores, Lori Meyers, que de uniformado negro riguroso –Alfredo el batería ponía el contrapunto blanco- y corbata fina, se posaron en ese majestuoso escenario con la convicción de que son una banda grande. En su caso esa grandeza la da un repertorio capaz de unir en una secuencia “Dilema”,”Luciérnagas”, “Explícame” y “Luces de Neón”. Botón de muestra de una pródiga discografía que los granadinos ejercitan en directo con maestría, Noni ejerció de altivo frontman silueteando al borde del escenario al tiempo que arengaba a la marea murciana que no tenía descanso entre tanto hit. Tanto se ha hablado del contenido electrónico de su último disco que no dudaron en aprovechar su presencia en Electromar para despedirse con una apoteósica autoremezcla de “Mi realidad”. Como solapa entre ese pop del siglo XXI y la electrónica culta, 2020 Soundsystem, la formación del Ralph Lawson llevaron al directo ese acercamiento que hace el dj británico entre el electro y la música puramente de canciones. Un concierto en cierto modo. El público se lo tomó como un ejercicio de calentamiento para evitar tirones musculares con lo que se avecinaba. Y es que con 2ManyDjs llegó la fiesta, los reyes del bootleg, provocaron al personal con remezclas de Motorhead, Kiss o Aretha Franklyn y como viene siendo habitual en sus sesiones por la costa mediterránea no faltó el gran Chimo Bayo. La explosión de confeti y la invasión de pelotas luminosas hizo que el público que rozaba las veinte mil personas triturara el denostado pedregal. Después de esto, que Zombie Kids la liaran parda en el escenario Barceló y que a las nueve de la mañana hubiera todavía quince mil personas bailando en el recinto entraba en lo previsible. Concluyendo, se puede decir que tras el salto, Electromar ha caído de pie.
Como una imagen (y sobre todo en movimiento) vale más que las 860 palabras que ocupa esta crónica podéis dar fé de lo dicho a través del reportaje que de Electromar hizo Mondo Tv.
Your article was exeenlclt and erudite.