Quemando la pista

ConciertosElectric Callboy

Quemando la pista


8 / 10
Montse Galeano — 09-02-2026
Fecha — 22 enero, 2026
Sala — Sant Jordi Club
Fotografía — Montse Galeano

Que en 2026 todavía haya quien arquee una ceja cuando se habla de mezclar metal y electrónica es la prueba de que, al final, no todo está inventado o de que sigue habiendo margen para sorprender dentro de una escena que a veces parece girar en círculos. Electric Callboy llevan tiempo con la lección bien aprendida: humor sin complejos, breakdowns de infarto y un corazón pop tan pegajoso como irresistible. La combinación les ha convertido en el fin de fiesta imprescindible de cualquier festival que se precie. Pero su última gira busca ser algo más que una celebración de estas fusiones musicales de entrada imposibles y viene a confirmar que su propuesta es sólida, a prueba de fisuras y perfectamente preparada para devorar escenarios cada vez más grandes.

Un hambre por crecer que se hace aún más evidente si recordamos que en su anterior visita la parada fue en Apolo y que esta vez tocaba medirse en el Sant Jordi Club. Antes de que los alemanes tomaran definitivamente el control, Wargasm y Bury Tomorrow reivindicaron el costado más metalcore de la noche, con especial atención a unos Bury Tomorrow en auténtico estado de gracia. El juego de voces entre Dani Winter-Bates y Tom Prendergast volvió a sonar atronador y confirmó por qué hoy son una de las bandas más potentes de la escena británica. Dos sets que pasaron como un suspiro.

Con el ambiente ya caldeado, Electric Callboy saltaron con todo el arsenal: fuego, humo a discreción, estética post‑apocalíptica con robots gigantes de aire mecha‑anime y una sucesión de cambios de vestuario pensados para subir a bordo del ya mítico Tekkno Train. No es casual que la gira se llame Tanzneid, esa palabra inventada por la propia banda para describir lo que ellos han bautizado como “envidia de baile”: las ganas irrefrenables de dejarse llevar sin pensar demasiado y quizá la única forma (y la más honesta) de disfrutar de su directo.

Desde el arranque con la homónima “Tanzneid”, la invitación fue clara: soltarse la melena y entrar de lleno en su universo particular. Cualquiera que asista a una gran producción es consciente de la precisión y la mesura que conlleva cada golpe de fuego y cada lluvia de confeti, y es inevitable preguntarse si semejante despliegue no le roba algo de espontaneidad a un grupo que ha construido su imagen a base de humor y desenfado. Esa maquinaria perfecta, sin embargo, juega a su favor: visualmente el espectáculo es irreprochable y, cuando el engranaje funciona, no hay mucho que objetar.

El segundo gran golpe de la noche llegó muy pronto y marcó el tono nostálgico que atravesaría buena parte del concierto. Continuar con “Still Waiting” con Frank Zummo a la batería no es un detalle menor: el que fuera motor rítmico de Sum 41 hasta su reciente despedida revalidó el tema como ese himno generacional que puso al Sant Jordi entero a cantar y demostró que, aunque el relevo generacional es evidente, buena parte del público millennial sigue encontrando aquí su refugio emocional.

A partir de ahí, el Tekkno Train ya no permitió paradas. El bloque de “Hypa Hypa”, “MC Thunder”, “Neon” y “Pump It” mantuvo la sala en combustión constante y, tras la sacudida de la divertida “Hurrikan”, el show mutó en rave con el set de Electric Bassboy: un pequeño aparte que remezcló varios temas en una fiesta de techno salvaje y metal donde las sonrisas pícaras del público (quizá recordando cuándo fue la última vez que escucharon“Bodies” de Drowning Pool en un contexto festivo) y los cuerpos entregados fueron la tónica general.

Entre la tralla, hubo espacio para atmósferas más envolventes. “Revery”, teñida de lila y acompañada de visuales de truenos, nos transportó durante unos minutos a una dark fantasy elegante antes de que la locura volviera a estallar con “Hate/Love” y un medley de clásicos para los más old school como “Muffin Purper‑Gurk” o “Crystals”.

Pero el instante que realmente rompió la cuarta pared llegó antes del tramo final. La banda se desplazó al centro de la pista para un breve formato acústico que aportó esa cercanía tan necesaria y que a veces se pierde en los grandes recintos. La escena fue casi automática: medio Sant Jordi sacando el teléfono del bolsillo para intentar atrapar el recuerdo. Con “Fuckboi” pidieron guardar los móviles y agacharse para compartir algo especial. El público respondió creando una comunión tan insólita como efectiva, una imagen poderosa que demuestra que, detrás de todo el humo, la propuesta de Electric Callboy es ante todo real.

Acto seguido, “Everytime We Touch” (original de Maggie Reilly, aunque para muchos inevitablemente ligada a aquella versión eurodance de Cascada que todos bailamos alguna vez con el brazo en alto) arrancó en clave íntima para terminar estallando en un beat electrónico que hizo que hasta el metalero más purista se olvidara de los prejuicios y saltara con cada golpe de bombo.

Electric Callboy viven ahora un impás especialmente dulce, entre el éxito incontestable de TEKKNO y todo lo que está por venir. Por el calor del público y lo expansivo de su show, no hay duda de que el camino que tienen por delante es brillante. Subimos al tren, nos dejamos llevar y no tenemos ninguna prisa por bajar.

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