Seguramente, no siempre es necesario poner a un grupo en su contexto, aunque sea por la enorme cantidad de reuniones que podemos disfrutar / sufrir hoy en día. Pero nunca está de más, para calibrar el auténtico valor de la banda y poder identificar la necesidad de su vuelta a los ruedos musicales. Así que no deberíamos obviar lo que supusieron en los 80 unos americanos como The Long Ryders (en la foto). En una época donde las mejores y más arriesgadas propuestas del after punk ya habían sido amortizadas y la música se dirigía por meandros sintéticos en los que la imagen vacua y la estulticia mental parecían su único valor, aparecen cuatro tipos recuperando la tradición más clásica de la música americana, la que bebía directamente del country, del rockabilly, del blues, de las gotas de energía garajera... Por extraño que pueda parecer hoy en día, evocar y recuperar sonidos propios de The Byrds era en aquella época una simple prédica en el desierto. The Long Ryders no fueron los únicos, sino que todo aquello que por aquí se llamó Nuevo Rock Americano, con bandas como The Dream Syndicate, Green on Red, Rain Parade y tantas otras, trataban de volver a retomar el rock'n'roll como una música que miraba a los ojos de su pasado. Etiquetas actuales como americana o alt-country tuvieron así su origen.
Años después, Sid Griffin, Stephen McCarthy, Tom Stevens y Greg Sowders suenan como lo hacen muchas de las bandas que vemos a lo largo del año sobre nuestros escenarios. Sus canciones están frescas, han envejecido de manera brillante y el hecho de que sean los cuatro miembros originarios quienes las ejecutan, las dota de todo el crédito que merecen. The Long Ryders suelen juntarse esporádicamente desde aquellos ochentas, esta vez para apenas cuatro fechas en el Estado, y esta reunión huele a simple celebración, a fiesta. Y comenzar el set con “Tell it to the judge on Sunday”, “Lights of downtown” y “Run Dusty Run” lo corrobora, porque no parece que en su momento lo dejaran, porque su cancionero tiene la actualidad del mejor rock’n’roll, sin escapar de los ritmos rockabilly de “I don’t care what’s right”, la intensidad de “Gunslinger Man”, los aires psicodélicos de “Close to the light” o esos compendios de maestría pop sobre base country que son “Capturing the flag” o “Sweet mental revenge”, todo melodía. Y cuando se enfrentan a los Flamin’ Groovies de “I can’t hide”, con la Rickenbacker de Griffin actuando como banjo, a los eternos NRBQ de “I want you bad” o a la deliciosa “Have you seen her face” de Chris Hillman, entiendes lo cerca que estuvieron de acariciar el cetro de The Byrds. Así que la despedida a los sones de lo más cercano a un hit que tuvieron, “Looking for Lewis and Clark”, dedicada a los pioneros que cruzaron de costa a costa Estados Unidos por primera vez, adquiere su buscado sentido de celebración. Y de las buenas.
Pero si la noche terminó por todo lo alto, también la tarde había comenzado de la misma manera. La fundación Walk on Project, centrada en ayudar a la investigación de enfermedades neurodegenerativas, nos proponía, como en ellos es habitual, un cartel deslumbrante. Porque deslumbrates siguen siendo los getxotarras The Fakeband, que cada día suben un peldaño más hacia la excelencia, si es que eso es posible en ellos, que con el puro sabor americano de “Back on the road” desde el principio dejaban bien claro el sentido de toda la jornada. Los juegos de guitarras de “Fool me”, las armonías de “Don’t save my life”, que aunque sean tan cercanas parecen ya eternas, o la belleza de “Kate” no hacen sino acentuar el sopapo power-pop que han conseguido en “Top of the world” o la stoniana chulería de callejón de Something about you”.
Igualmente deslumbrantes resultaron los tejanos The Ugly Beats, presentando su reciente disco, “Brand new day” y llenando el escenario de puros ritmos sixties, de garaje, de farfisas y guitarras invitando al desenfreno. El que consiguen con “Up on the sun”, con el country-rock de “You turn to cry”, el power-pop de “Green will come”, tratando de emular el clásico muro de sonido, o el beat castellanizado de “Los Gusanos”. Y demuestran también su exquisito gusto con la deliciosa “If I were a carpenter” de Tim Hardin, que gozaran en su momento desde Bobby Darin a June Carter y Johnny Cash, o con la frenética “Walking out on love” que incluyera Paul Collins en aquel soñado debut con The Beat, pero que compusiera en la época de The Nerves y The Breakaways. Sí, noches así también son de ensueño.
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