El Monkey Week finalizó el pasado martes con un balance artístico y profesional algo desigual, en el que la lluvia se empecinó por momentos en convertirse en la protagonista desagradable del evento sin lograrlo, afortunadamente, del todo. Y cabe decir que el nutrido equipo de MondoSonoro que se desplazó ya desde el viernes día 8 al Puerto de Santa María en Cádiz hasta el lunes 11, regresó contento y agotado de la experiencia, aunque con unas cuantas humildes anotaciones de lo que se puede mejorar en el futuro, siempre y cuando la intención de los organizadores es que el Monkey crezca y se convierta en referente de la industria musical estatal alternativa e independiente. Para empezar lo que se echó en falta fue una mayor presencia de público no profesional tanto en las actuaciones como en las diferentes mesas redondas o presentaciones que se realizaron. Sobre estas últimas decir que las hubo para todos los gustos: De interés, como la dedicada al futuro de la radio y su presencia digital; de copete artístico, por la presencia de músicos como Juan Aguirre (Amaral), Nacho Vegas, Miqui Puig i Hendrik Roever (Los Del-tonos, Hank), moderada además por nuestro jefe de redacción Joan S Luna; y de contenido más empresarial como las dedicadas a todo el fenómeno de la sponsorización o las políticas culturales. Mesas redondas en las que no faltó el protagonismo del público a la hora de preguntar o interpelar a los ponentes, pero que en algunos casos quedaron algo diluidas por la temprana hora de su inicio. Ese fue el caso de la entrevista pública realizada por nuestro redactor jefe en Madrid Luís J. Menéndez a una figura como Colin Newman, líder de Wire, que no contó con un número de presentes acorde con la calidad del entrevistado. Pero al margen de cierto desencanto en el área profesional y sobre todo entre el personal que había acondicionado su stand con la previsión de un mayor volumen de negocio o de visitas, debemos hablar también de las numerosas actuaciones protagonizadas principalmente por grupos de nuestro territorio. En este punto la principal pega sería la gran cantidad de conciertos que se solapaban en una misma franja horaria, la cual debería ser ampliada para dar la oportunidad a programadores, prensa y profesionales varios, a poder presenciar un mayor número de actuaciones. Pero vayamos por partes.
Viernes 8.
Pese a que el Monkey Week ya ofrecía el viernes un buen número de mesas redondas y presentaciones durante su jornada diurna, por la noche no había actuaciones en el escenario principal del festival. Así que los asistentes se tuvieron que conformar tan sólo con la fiesta auspiciada por la Unión Fonográfica Independiente (asociación que reúne a los sellos discográficos “indies” de nuestro país). Abrieron el coqueto y algo rococó escenario de la sala Mucho Teatro los madrileños Jonston que esta vez, con un directo endeble y descacharrado, más allá de su propio ejercicio de estilo de pop rematadamente lo-fi, no lograron convencer a casi nadie. Todo lo contrario que La Débil, ese grupo de inclasificable rock que no dejó títere con cabeza en un alarde de brutalidad sonora bien ejecutada y una salvaje puesta en escena. A continuación, Tom Bennet lo tenía muy difícil por no decir imposible para mantener la atención del público y no lo hizo, pese a la voluntad en el esfuerzo. Su propuesta de crooner latino hizo aguas y provocó cierta indiferencia.
Sábado 9.
Fue precisamente el escenario MondoSonoro el encargado de abrir, ahora sí, la programación oficial del festival a las doce del mediodía con una epatante actuación de una Ainara LeGardon que convenció incluso a aquellos que nunca habían comulgado hasta la fecha con su propuesta. Y lo hizo a base de rabiosos guitarrazos contundentes y una voz tan carismática como bella a la vez. Ya por la tarde y ante la imposibilidad de hacer frente a las diversas actuaciones solapadas nos tuvimos que decidir por desdoblar todos nuestros efectivos por los diversos escenarios de la ciudad. Y a modo de resumen podemos apuntar quienes fueron los artistas que más se destacaron, aunque fueron muchos los nombres que consiguieron a su público. Nosotros nos quedamos con Autumn Comets, el siempre epidérmico Joaquín Pascual, los barceloneses Mujeres –esta vez no jugaban en casa y empezaron algo fríos, para pasar a desprender energía a raudales a los pocos minutos-, los andaluces y muy metálicos The Tractor y Hola A Todo El Mundo, más por su propuesta que por un directo que aún no es lo bastante consistente y que requiere de un acelerón de experiencia para no quedarse atrás. Por la noche, Andrew Bird se enfrentaba solo a la responsabilidad de llenar con su música el mayor recinto del festival y curiosamente el espacio se decoró con unos carteles que solicitaban silencio al respetable por expreso deseo del artista. Poco debes confiar en la capacidad hipnótica de tu música si has de pedirle al público lo que se debe ganar sobre las tablas, y lo peor es que luego resultó que no hizo falta alguna. Su actuación gozó de ese respeto porque sin duda lo merecía. Tras el estadounidense les tocó a unos Pony Bravo que tuvieron que jugar con un atroz sonido, que provocó su incomodidad escénica e instrumental, regalándonos una actuación desigual e impropia de una de las bandas que ha generado mayor expectación en cuanto a sus posibilidades de futuro. Y a partir de aquí el temporal de lluvia se empeñó a llevárselo todo al traste (los conciertos de Faust y Chrome Hoof quedaron definitivamente cancelados y únicamente Lüger pudieron trasladar su actuación a la jornada siguiente).
Domingo 10.
Por la mañana en el escenario auspiciado por esta revista, Ornamento y Delito daban cuenta con corrección de su pop oscuro aunque algo desangelado heredero de Surfin’ Bichos, sin el descaro etílico que su vocalista mostró al día siguiente en una actuación acústica para Radio 3. Ya por la tarde hubo propuestas de todos los pelajes, pero unos de los que presentaron sus credenciales con mayor fuerza y entusiasmo fueron Guadalupe Plata que, con su blues rock grasiento y cavernoso, dieron muestras de que su carrera tiene un futuro esperanzador. Todo lo contrario que Audience, quienes con un directo sobrado de técnica y buenas maneras, constataron que, tras tantos años en la carretera, las han visto de todos los colores y se saben moldear, pero difícilmente irán mucho más allá de lo ya logrado. Eso sí, la banda sonora para un documental que acaban de publicar resulta de lo más recomendable. Y como ocurriría durante todas las jornadas, las hubo de todo tipo. Entre lo destacable, el directo bruto de los italianos Stearica (recientes teloneros de la gira europea de Acid Mother’s Temple), el concierto recuperado de los madrileños Lüger, la energía de los gallegos Holywater y un Dani Llamas, acompañado por batería y contrabajo que sonó incluso más americano que de costumbre al interpretar su material en solitario al margen de GAS Drummers. Esa misma noche una inoportuna pero pasajera tormenta nos hizo presagiar lo peor, aunque por fortuna el escenario principal resistió, y la gente pudo asistir con cierto retraso a las actuaciones de Cave, Sonic Boom junto a los andaluces Tom Cary, la divertida y psicotrónica puesta en escena de Quintron And Miss Pussycat, The Strange Boys y sobre todo un Kid Koala que cerró la noche con efectividad y desenfreno.
Lunes 11.
La mañana ya mostró las dos caras de un evento como este. La cara la pusieron los catalanes Me And The Bees que, con sus pizpiretas canciones de indie pop bien trazado e imaginativo, dieron una lección de desparpajo y simpatía contagiosa (con miembros de Half Foot Outside y Tokyo Sex Destruction respaldándolas en el escenario). Todo lo contrario que Papá Topo, que, para el que suscribe estas líneas, confirmaron los prejuicios que tenía de antemano: me parecieron una broma de mal gusto sin coartada aparente y un amateurismo tan desternillante del que no vale la pena decir nada más. Por la tarde y ante una nueva propuesta de actuaciones destacar las que nos provocaron mejores sensaciones. Unas por intentar ser diferentes a la media como el ruidismo electrónico con instrumentos elaborados con juguetes o cafeteras de Los Caballitos de Dusseldorf. Otras por ser tan serias como interesantes como la de Mursergo que, con las capas de loops generados con su violonchelo y unas canciones de arraigo tradicional muy crudo, provocaron los admirados aplausos de los pocos congregados. También The Guinea Pig demostraron sus buenas maneras recordándonos a unos Wilco en versión reducida a trío. Mientras tanto en otro de los bares que se ponen a disposición de la organización, los portugueses A Jigsaw se encargaron de demostrar que el folk estadounidense es tan universal que, con su propuesta cercana a la de Willard Grant Conspirancy o para ser más evidentes Tom Waits por eso de la voz cazallosa, se convirtieron en una de las más recomendables y sólidas propuestas de todas las que pasaron por el Monkey Week. Algo que también se encargaron de demostrar los siempre convincentes DeVito, quienes, dado el número de actuaciones que están protagonizando últimamente, ya empiezan a ser de sobras conocidos con su post-punk bailongo y efectivo a partes iguales. No lejos de ahí, el efectista rock de unos Murfila que, con la poderosa voz y presencia escénica de Mar Orfila, su vocalista, fueron uno de los nombres más en boca de todos. Aunque todavía dudo si por las buenas maneras de su cantante o por la cucaracha gigante que promocionaba durante todo el día sus actuaciones. Otros conciertos a destacar fueron los de la leyenda de la guitarra experimental Rhys Chatham quien se dejó acompañar en la Plaza Alfonso X por casi una decena de músicos españoles (entre ellos miembros de Leda Tres o Lüger) que le ayudaron a maltratar guitarras y a mantener la tensión eléctrica durante su hora corta de concierto; y el breve pero intenso show de los canarios This Drama, con su combinación de rock bruto y hardcore sin descanso. Por la noche, Ginferno convencieron con su arriesgada propuesta, Triángulo de Amor Bizarro hicieron del ruido y el atronador volumen un aliado, Buzzcocks fueron lo suficientemente solventes como para contentar tanto a los nostálgicos como a los más jóvenes y The Herbaliser protagonizaron un elegante show que quizás estaba un poco fuera de lugar tras las animaladas previas. En definitiva todo un tour de force del que se hace difícil hacer un resumen exhaustivo ante la gran cantidad de propuestas, y frente a lo que esperamos que nadie se enfade si no ha sido incluido en esta crónica de una muestra, que promete ser tan necesaria para nuestro sector como necesitada de pulir ciertos detalles para afianzarse como cita obligada. Don Disturbios
+INFO puedes ver un resumen en vídeo en Mondo Tv: Monkey Week en Mondo Tv
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.