Durante seis días en diferentes espacios de la ciudad se desarrolló la quinta edición del festival Cultura Pop con múltiples actividades como conciertos, mesas redondas, audio-forums, exposiciones, cine o teatro con la cultura pop contemporánea como denominador común. Sin duda la atracción principal del programa era el concierto gratuito que ofrecieron seis bandas el sábado por la noche en la sala de columnas del Círculo de Bellas Artes. A las nueve en punto apareció el primer grupo en escena, los catalanes Stay, con un look que recordaba a los hermanos Gallagher y con una buena canción en el repertorio “The world is in our hands”. Su directo, que estuvo aceptable, no consiguió enganchar del todo a las primeras doscientas personas que acudieron al festival a primera hora, quizás fuese falta de actitud por parte del grupo o porque aún el público estaba un poco adormilado. Una de las primeras sorpresas de la noche fue el concierto de la banda granadina Ana Lógica, su baterista Dani que hace también de cantante nos recordó con su timbre de voz y forma de cantar al mismo Álex Cooper. Las canciones que tocaron, todas incluidas en su primer disco “Apueste su vida”, tienen pop pero en directo suenan con bastante más energía, más rockeras, y eso fue algo que sumó aplausos a medida que pasaban los minutos sobre las tablas. A continuación le llegó el turno a Nine Stories, banda liderada por Nacho Ruíz (ex-Seine) que para la ocasión lució sombrero, corbata y americana abrochada. Intentó ganarse a la gente con diferentes piezas de pop-indie muy íntimas, pero no lo consiguió y el público se puso a charlar. Bastante cabreado pidió varias veces silencio y eso enturbió un poco su actuación. Las colaboraciones de Guillermo (Wild Honey) o Alondra Bentley con quien hizo en acústico “Dream a little dream of me” animaron un poco el recital y subieron la moral del propio Nacho. También en un tono suave y algo melancólico sonó Wild Honey, que tampoco cuajó con sus habituales canciones folkies como “Diamond mountain” llenas de detalles, instrumentos pequeños y armonías casi invisibles. En momentos así, muchas de las más de quinientas personas que deambulaban por el festival aprovecharon para salir fuera y echarle un ojo los collages que Carmen Alvarado tenía expuestos en una sala contigua o para pasear por el vestíbulo entre los puestos de bisutería, moda y complementos que algunos jóvenes diseñadores, participantes del mercadillo Nómada Market, habían traído al festival. Otra gran sorpresa fue la reaparición en escenario grande de The Happy Losers que llevaban como seis años sin tocar en condiciones y que mostraron una excelente buena forma. Aunque las canciones de power-pop siguen siendo las mismas de siempre con un sonido bastante lineal y guitarrero parece ser que al público le encantó, ya que no pararon los aplausos y apenas nadie se movía de los aledaños del escenario. A la una y media de la noche salieron Los Coronas a tocar entre ovaciones y gritos. Un solo de trompeta inició una puesta en escena frenética, divertida y enérgica que dio paso a temas con fuerte olor a surf, spaghetti western y banda sonora cinematográfica durante una hora de show. Bajo unos sombreros de cowboys y con camisas tuneadas con el nombre de Coronas a la espalda dieron un conciertazo muy digno donde sobró la clase y el sentido del humor. “Secret agent man”, “Wipeout”, el “Flamenco” de los Brincos o una versión de Elvis instrumental fueron algunas de las maravillas con las que tocaron el cielo de Madrid y con las que cerraron un festival variopinto cuanto menos.
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