La edición barcelonesa del San Miguel Primavera Club tenía en su primera jornada del miércoles dos de los nombres más queridos del pop underground yanqui del momento. Los primeros en aparecer en el escenario fueron Wild Nothing, que con una sala abarrotada (La 2 de Apolo), repasaron su debut, “Gemini” (“Bored Games” brilló por encima de las más celebradas “Chinatown” y “My Angel Lonely”), alguna canción de su reciente Ep, “Golden Haze”, y más de una joyita que tienen repartidas en singles. Sin casi utilizar los teclados, el grupo liderado por Jack Tatum demostró que sus canciones también funcionan en un formato más desnudo, dejando bien a las claras que, lejos del hype, son una de las bandas que mejor llevan el testigo de la escuela Flying Nun y de los The Go-Betweens del principio. Un diez a pesar de, eso si, faltarles un aire. Tras Wild Nothing la sala grande de Apolo acogió el concierto de Frankie Rose And The Outs, última banda de chicas americana en unirse a la nueva escena de pop chispeante y ruidoso que ahora mismo encabezan Dum Dum Girls, Vivian Girls y Best Coast. Las neoyorquinas (a las que también pude ver el jueves en el Marula Café) sorprendieron con un bolo muy garagero que las emparentaba directamente con los The Cramps más poperos. De hecho, sus cuatro integrantes eran, en espíritu, unas Poison Ivy wannabes la mar de encantadoras. Tuvieron algunos problemas de sonido (fue una lástima que sus cuidados coros casi no se oyeran), pero convencieron gracias a trallazos como “Candy” y “Girlfriend Island”.
El jueves, el festival se ponía en marcha con el pase de Senderos por el Marula Café, un concierto casi de sobremesa (tocaron a la siete de la tarde) que acabó congregando el suficiente público para animar el tema. Formados por tres miembros de Veracruz y un Fred i Son, Senderos, a pesar de ser aun una banda maquetera, se confirman con una de las grandes esperanzas blancas patrias del pop destartalado a la K Records. Síganles la pista. Tras Senderos y un rato de de Frankie Rose And The Outs tocaba ir corriendo a la sala Bikini para disfrutar de uno de los cabezas de cartel del festival, Edwyn Collins. Y la verdad es que, sin miedo a ponerme cursi, el retorno a los escenarios españoles del músico escocés tras su paso por el ya desparecido Summercase fue tremendamente mágico y emotivo. Acompañado de una banda súper aplicada (entre ellos Paul Cook de los Sex Pistols a la batería) que no traicionaba en ningún momento el espíritu pop y soulero de las canciones de Collins, el otrora líder de Orange Juice voló alto en un concierto de poco más de hora donde tuvo tiempo para repasar todo su cancionero. De Orange Juice cayeron, entre otras, unas inmensas “Falling And Laughing”, “Dying Day”, “Rip It Up” y “Blue Boy” (esta sirvió de cierre al concierto). De “Gorgeous George”
cayeron la celebrada “A Girl Like You” y una conmovedora “Make Me Feel Again”, dedicada a su esposa Grace, que disfrutó como la que más durante todo el concierto, escondida entre el público y ayudando a su marido las pocas veces que tuvo problemas para expresarse. También tuvo tiempo para repasar un buen número de canciones su excelente nuevo disco “Losing Sleep”, un repaso que tuvo su punto álgido y emotivo cuando interpretó “In Your Eyes” acompañado de su hijo William, que hacía las veces de Jonathan Pierce de The Drums, con un resultado sorprendente y nada forzado. Las miradas cómplices y las sonrisas que Collins lanzaba a su retoño son el perfecto resumen del concierto. Una auténtica celebración del radiante presente que tiene por delante el músico escocés, un aquí y ahora que le hace disfrutar de cada show como si fuera el último, rodeado de familiares, amigos y fans. Tenemos Edwyn Collins para rato, y el que esto escribe solo puede estar más feliz que unas castañuelas.
Hahaaahh. I'm not too bright today. Great post!