La XIX edición del festival La Mar de Músicas de Cartagena completó con notable éxito su primer fin de semana con propuestas musicales de calidad, mucho ritmo y diversión
A pesar de que el espectáculo inaugural se anunciaba con la inestable Sinéad O’Connor, en realidad una hora y media antes de ella, fue el londinense y polifacético, culturalmente hablando, Sam Lee el que abrió el telón musical en el bonito marco de La Catedral. Esas piedras llenas de memorias ahora también guardarán los ecos de una música preciosista y muy sugerente. Aunque lleva años trabajando alrededor de la música, Sam solo ha grabado un fascinante primer disco, “Ground Of Its Own”, que le ha reportado numerosos premios. Un álbum resultante de su investigación sobre la música gitana en Inglaterra y sobre las tradiciones acústicas de los pueblos nómadas de Irlanda y Escocia.
Se trata de un nuevo folk de aires contemporáneos en el que resalta su voz cálida y atemporal, y junto al quinteto que le acompaña con instrumentos no convencionales, chelo, violín, ukelele, tablas indias, cajón peruano, calabaza africana o koto (arpa japonesa), crean un universo especial y embaucador que rompe con todas las ideas preconcebidas de lo que es la música tradicional.
Mientras que a Sam Lee lo disfrutamos unas doscientas personas, a Sinéad le esperaba un Auditorio Parque Torres repleto. Cabía la duda del concierto que iba a hacer, sin embargo, después del excepcional disco de letras convulsas que grabó el pasado año, “How About I Be Me (And You Be You?)”, junto con los ecos de sus últimos intensos directos, presagiaban una buena noche. Y así fue. Hizo su aparición puntualmente y rodeada por su banda, una guitarrista y bajista femenina a sus lados, un guitarrista más, teclado y batería. Ella con su característico pelo al uno, bastante delgada, descalza, con gafas oscuras (que solo se quitó al final y porque le reclamaron que enseñara sus ojos), una gran cruz colgando de su cuello, con pantalón negro ajustado y una blusa también negra, pero con el blanco cuello clerical. Pero ella no canta con su aspecto, sino con una portentosa voz que sigue en perfecta forma y con unas inflexiones vocales que te llegan a las entrañas.
El repertorio se basó en su último disco y abrió con la estremecedora “Queen Of Denmark” que tiene un primer verso arrollador: “yo quería cambiar el mundo, pero ni siquiera podía cambiar mi ropa interior” y que musicalmente tiene un final impetuoso donde se vio la contundencia de esa banda, muy cómplice con ella. Siguieron tres temas más y abordó el esperado “Nothing Compares 2U” con algún desliz vocal, pero que fue obviado por un público que ya estaba entregado a su “predicadora”. A partir de ahí momentos especialmente brillantes como con la emotiva “The Healing Room”, la reggae “Fire On Babylon” o la eléctrica e impecable “The Emperor’s New Clothes”. A pesar de lo poco comunicativa que estuvo, la conexión con el público fue total y es una alegría que, al menos musicalmente, siga con ese vigor e intensidad. Ya en los bises salió ella sola con guitarra al cuello para cantar tres temas más de su álbum religioso “Theology”: “Something Beautiful”, “If You Had a Vineyard” y el tema con el que está cerrando esta gira, “Psalm 33” y que en España la ha llevado a La Mar de Músicas.
De la tranquilidad tensa de Sinéad a los ritmos bailables de Skip&Die. La propuesta que partió de la cantante y artista visual sudafricana Cata.Pirata y el productor holandés Jori Collignon tiene una efectividad total, y sus estudiados crescendos pusieron a bailar a todos los que subieron al Castillo Árabe. Y es que en directo sus latidos electrónicos ganan con una batería y percusión orgánicas, aunque lo trascendental es la presencia magnética de Cata que no paró de bailar. Incluso después de acabar su show, se mezcló entre el publico para animar a la gente a seguir el ritmo infeccioso de los dos dj’s peruanos de Dengue Dengue Dengue!
Para el sábado se había cancelado la actuación del trío formado por los dos brasileños Arnaldo Antunes y Edgar Escandurra junto al malí Toumani Diabaté, pero este último había recaído de una malaria mal curada, así que nos quedamos sin la magia de esos tres maestros de la música global. Para esa noche igualmente estaban programados los también peruanos Novalima y la loca nave de La Pandilla Voladora. Y de nuevo el Auditorio Parque Torres estaba repleto (o más) de un público con muchas ganas de fiesta.
Hay que recordar que Perú es el país invitado a esta edición de La Mar de Músicas y aunque Novalima ya habían visitado el festival estuvieron encantados de volver.
Su propuesta que bebe de la tradición y de la modernidad a la misma medida, tiene una puesta en escena muy rítmica. En pocos años han conseguido crear un sonido reconocible con esas bases electrónicas mezcladas con percusión, donde los graves tienen mucho peso y los sonidos de raíz afroperuana se dirigen directo a los pies. Hicieron un repaso de sus cinco discos y sonaron sus clásicos “Coba Coba”, “Mamaye”, “Hotel Barcelona” y “Exodus”, su versión de Bob Marley, pero fue justamente con “Se me van los pies” que hicieron que el respetable se disparara a bailar. Fue tal el buen ambiente que crearon, que alargaron su actuación bastante más de la cuenta y acabó con la invasión del público en el escenario. Seguro que mejoraron el recuerdo de su anterior actuación.
Aunque mucho del público parecía que había venido a ver a esa reunión de superhéroes de barrio formada por Muchachito, Albert Pla, El Canijo, Tomasito y El Lichis, y que en directo se acompaña de la guitarra explosiva de Diego Cortés, los teclados de David Saénz de Buruaga y en está ocasión de la batería de Ricardo Moreno.
Lo suyo es una reivindicación de la fiesta y solo verlos en el escenario con sus disfraces ya te abre la sonrisa. Tomasito en el centro, Jairo y Canijo flanqueándolo y armados de guitarras, y en los extremos Lichis al bajo y Albert Pla con guitarra también.
Si a Novalima le “costo” algunas canciones levantar al público, con estos al primer tema ya estaba todo el mundo de pie. Su repertorio es un irresistible grandes éxitos donde se reparten e intercambias sus canciones. Por decir algunas y para no desvelarlas todas, diremos que sonaron “Felicidad” o “La lista de la compra” de El Lichis, “La primavera trompetera” y “Después” del Canijo (Los Delinqüentes), “Azul” y “Será mejor” de Muchachito, "Sobreviviré” y “Camino del hoyo” de Tomasito, y “El lao más bestia de la vida” e “Insolación” de Albert Pla, que curiosamente fue el que más interaccionó con el público y hasta bajó del escenario y se recorrió el anfiteatro. Del resto de canciones destacar el “Joaquín el necio”, “Pirata del estrecho” o la versión de “Ama, ama, ama y ensancha el alma” de Extremoduro que pusieron a todos locos. Como colofón el que será su éxito del verano, “Se sale”.
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