Tercera vez que yo, personalmente, hago una crónica de la banda sevilllana, y lo primero que tengo que decir es que se agotan ya los adjetivos para describirlos. Podríamos decir aquello de una “banda única”, y efectivamente no equivocarnos, ya que no hay otra banda como ellos, sobre todo porque nadie se atreve a hacer nada siquiera cercano a lo que hacen Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Porque aquel símil de sus inicios que los catalogaba como “Los nuevos Triana” se queda cortísimo para todo lo que han aportado desde que debutaran en 2019, con un álbum homónimo que fue una revolución. Y es que, cuando intentas parecerte a la mítica banda de Jesús De La Rosa corres el riesgo de quedarte en Medina Azahara, algo que, por suerte, no ha pasado con los sevillanos, quienes desde sus inicios han demostrado una inquietud y una curiosidad musical fuera de lo normal, que les ha llevado a investigar por diferentes caminos, por los que siempre han sabido transitar sin perderse en ningún momento.
En esta ocasión, DMBK llegaban a Bilbao en uno de los últimos conciertos de la gira de su último trabajo hasta el momento, “Bolsa amarilla y piedra potente”, que están despidiendo con honores y, como en este bolo, con una gran acogida por parte de sus fans. La intro “Agua grande” anunciaba el inicio de un trepidante concierto que se movió, como ya es habitual en los sevillanos, en una continua montaña rusa de emociones y sonidos, demostrando su capacidad para llevarlo todo a ese terreno inhóspito del flamenco-rock progresivo-psicodelia-stoner… -y que cada cual añada lo que le dé la gana-, al que ningún otro grupo ha llegado todavía.
Así, se movieron cómodos por las partes más funkys de temas como “Porselana Teeth”, o “Daddy Papi” -donde también sonaron muy grunges-, disfrutaron de los ritmos moriscos de Canciones como la muy rockera “Prodigio”, la oscura “El valle” o la también muy críptica “RGTQ”, mientras daban rienda suelta a su vena más flamenca en composiciones como “Ef Laló”, “Manteca” o la rumbera “Las leyes de la frontera”. También llenaron de distorsión el escenario de Santana 27 con la maravillosa “Gitana”, y lo envolvieron todo de surrealismo con “Manguara” y de psicodelia en “Pétalos”. Tampoco faltaron hits como “Samrkanda”, la épica de “Tierra”, “Dámela”, o la trepidante “El Chinche”, entre otras, en un concierto que se cerró, como ya es habitual con esa maravillosa locura que es “El salto del gitano”.

Unas dos horas –más o menos, porque lo que menos me importaba era mirar el reloj, la verdad- que pasaron como una exhalación, y en la que todos y cada uno de los miembros de la banda demostraron sus capacidades para llevar a buen puerto el extraordinario espectáculo que, a día de hoy, supone acudir a un concierto de Derby Motoreta's Burrito Kachimba. Tal vez sea de justicia destacar la presencia escénica de un Dandy Piranha que se come el escenario, que controla los tiempos, que baila, que canta como los ángeles, que se lleva al público de calle y que todo lo hace bien… eso sí, con la aportación imprescindible del resto de los miembros de una banda que, como he dicho en otras ocasiones, funcionan como un reloj, dentro de ese caos perfectamente controlado que son DMBK. Y es que no debe de ser tan sencillo como ellos lo hacen parecer, llevar al directo trabajos con tantísimas capas y tantísimos recovecos como los que crean los sevillanos, sin aburrir en ningún momento.
En fin, que fue un auténtico placer volver a reencontrarnos con los sevillanos antes del parón anunciado para meterse en el estudio y volver a hacer magia y, a buen seguro, seguir explorando caminos imposibles, que sólo ellos podrán hacer realidad.
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