Sea o no sea “Exciter” uno de los discos menos inspirados de Depeche Mode en los últimos años, pocos dudaron a la hora de acudir a un nuevo concierto de los británicos (y, en consecuencia, un nuevo sold out). Aunque era algo que podíamos imaginar a priori, por lo menos más que el set list que Gore, Gahan y Fletcher iban a tenernos preparado. Y se trata de algo subrayable porque, por lo general, Depeche Mode no ha sido un grupo que le haya hecho ascos al pasado. Ahí es dónde la enésima visita de los firmantes de “Just Can´t Get Enough” patinó, en la selección del repertorio y no en si sonaron más o menos rockeros (que da grima leer según qué cosas), que deberíamos ya estar acostumbrados a sus guitarras tras tantos años. Porque, vamos a ver, Dave Gahan demostró estar en mejor forma de lo imaginado, Andrew Fletcher cumplió como de costumbre, ahora tocando, ahora bailoteando (sin demasiada convicción, permítanme que se lo recuerde), Peter Gordeno funcionó como teclista de soporte, Chris Eigner, a la batería, hizo su trabajo y Martin Gore la jodió de nuevo –también como de costumbre- con sus minutos de protagonismo y un atuendo que ni Björk se calzaría. Es decir, que por ahí todo correcto. En cuanto a que ignorasen gran parte de los éxitos del pasado, tampoco debería haber supuesto un problema. Centrar el set en los noventa no era una idea nada mala (menos aún si, en medio, nos permitían disfrutar de “Black Celebration”, por otro lado uno de los momentos cumbre de la noche, tanto en lo musical como en lo visual) puesto que, aunque el viraje al rock fuese evidente, Depeche Mode han dado también durante esa década con un buen puñado de grandes canciones. Así, resultó agradecido paladear –por muy evidentes o rockeras que sean- “Walking In My Shoes”, “World In My Eyes”, “I Feel You”, “It´s No Good” o “Enjoy The Silence”, pero alguien debería haberles advertido que partir de la intro acústica de “Dream On” –que más tarde sonaría en condiciones- y no conseguir un momento álgido hasta seis temas más tarde, no iba a hacerle ningún bien a su actuación. Demasiadas piezas grises y demasiado Gore, lo cual como ustedes sabrán no suele ser bueno. Ni para ellos, ni para nosotros. En cuanto al minimalista espectáculo de Anton Corbjin, ninguna objeción, aunque esa lluvia figurada estuviese muy por encima del resto de efectos. Volverán de nuevo y olvidaremos el mal sabor de boca, así que ¿por qué quejarnos?
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