“Mañana es hoy”, dice la letra de Nunatak , uno de esos mensajes optimistas que lanzan a los cuatro vientos los murcianos y que hicieron corear al público malagueño como leitmotiv de una noche para el futuro. Y es que sí, tanto Nunatak como Trepàt demostraron que su hora ha llegado –The Loud Residents, no por motivos legales, su cantante no ha cumplido todavía los 18-, que están listos para entrar en esa escena de nuevas bandas llamadas a regenerar la escena independiente desde propuestas diametralmente opuestas. Eso el público que llenó la sala Velvet de Málaga parece que lo sabía y se mantuvo expectante y cómplice durante toda la noche.
Trepàt abrieron la Demoscópica malagueña sin contemplaciones, no esperaron a desvelar una de las sorpresas de “La Fiesta Oscura” (Meridiana/Gran Sol) su próximo debut largo y el joven cantaor José Daniel Campos se subió con ellos para interpretar ese guiño morentiano que se llama “Miles de Estrellas” y que cierra un disco que va a dar mucho que hablar en los próximos meses. El quinteto de Granada, está fino, recién salidos del estudio, se les notaba enchufados en el escenario, concentrados, les sienta bien tocar fuera de casa, sin distracciones entre el público. Un concierto corto y expeditivo como manda la tradición demoscópica en el que mostraron ese “popdevil” que enaltece un estado emocional cercano a la hipnosis colectiva en “Ruperto” y te invita a una espiral de desenfreno en “Martirio”, su primer single.
Tras la oscuridad llegó la luz de Nunatak, la noche era de contrastes, pero con la emoción como moneda de cambio. Pese a que también tienen listo ya su primer álbum, “Nunatak y las luces del bosque", los murcianos tiraron de su repertorio más cuajado sobre el escenario. Y es que son conscientes de que sus canciones necesitan que el público las pueda leer en sus caras, esa energía vitalista debe radiar de dentro a fuera, y así fue. Temas como “Luz en su voz” o “Volverá a Nevar” esbozaron una sonrisa plácida en toda la sala, para unos de satisfacción –los que ya los conocían- para otros de agradable sorpresa. Como sorprendente la voz de Erin (su violinista americana) inédita hasta ahora, y que armoniza de forma excelente con Adrián. Nunatak son viento, pero en directo son también fuego.
Pero si hablamos de incendiar, The Loud Residents son gasolina de alto octanaje. Estos tres angelitos, cuyo cantante me recuerda a aquel Gaz Coombes (Supergrass) adolescente del primer FIB –tienen los mismos dieciséis años-, demonizan la cultura musical de su generación y aprietan, y de que manera, a los que van por delante. Su rock garagero, sucio y delirante no parece quedarse en un mero ejercicio de estilo y cortes como “Hypersonika”, te ponen en un verdadero aprieto, ¿este tema es suyo?, se preguntaban entre el público los más pintaos. The Loud Residents se quitan el acné inmolándose en un repertorio que en directo no les quema en las manos y lo resuelven con pasmosa naturalidad. Los malagueños dejaron en el ambiente ese zumbido necesario para que a nadie se le olvide los nombres de estos demoscópicos, porque ya sabes, pronto los verás por la tele.
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