Crystal Antlers llegaban tarde, y mucho, a Moby Dick. Fue éste un hecho que marcó necesariamente el desarrollo de lo que sucedería a continuación.
Para empezar, la actuación de Times New Viking se quedó en cosa rara. Las prisas hicieron que aquello no cogiese temperatura. Veintiuna canciones “a piñón” con ese estilo lo-fi ruidoso, enérgico, repetitivo y teñido de punk primitivo que les define. No lo hicieron mal, aunque la sensación fue que salieron a cumplir. Y si a esto le unimos la más de media hora de cambio que hubo entre grupos, cabe decir que la noche no estaba siendo precisamente para recordar.
A cuarenta minutos para el toque de queda, se nos presenta un Johnny Bell enfundado en un chaleco reflectante, agarrado a su bajo Fender Telecaster y tanto él como sus Crystal Antlers muestran gesto tranquilo. ¿Se saben ganadores o han perdido ya la esperanza con esta noche madrileña? A tenor de lo que fue ocurriendo justo tras ese momento, me decanto por la primera opción. Los californianos han logrado la fama, pero obviamente también han cardado la lana. Su actitud sobre el escenario hace entender rápidamente como un grupo con un solo disco va por dos giras europeas, y todo ello pese al descenso de popularidad que "Tentacles", su disco debut, ha marcado en la carrera de la banda, de quienes fueron en su momento uno de los máximos hypes del año 2008.
Bell es pura entrega. Salta, grita, suda su música acompañado por esas estructuras que por momentos suenan a blues psicodelia/rock progresivo de los sesenta/setenta y de pronto te golpean con unas líneas a lo Frodus o Sleepytime Trio que le dan al conjunto un estallido de adrenalina rabiosa. Los de California cumplieron con creces en la presentación de Tentacles, que obviamente cayó prácticamente entero, al margen de modas y tendencias, y se mostraron como una sólida nueva formación a tener en cuenta a partir de ahora. No hubo tiempo para bises, pero si para apuntarse este nombre en la libreta.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.