Digna antesala del FIB para algunos, uno de los mejores festivales de la escena independiente nacional, según otros, en ocho ediciones el Festival ContePOPránea ha pasado de ser una convocatoria minoritaria a posicionarse en la parrilla de salida de las citas musicales del verano español. Cada vez más concurrido, no faltan fieles que repiten año tras año, verano tras verano, y que aún recuerdan las primeras ediciones, cuando la entrada era gratis y los contadísimos metros cuadrados del Paseo de la Ladera del Castillo de Luna, en Alburquerque, daban de sobra para albergar a los asistentes, incluido un más que generoso espacio vital per cápita para desparramar a gusto. De aquello hace ocho años.Tras la octava edición, el balance es cada vez más positivo. La organización apuntala el diseño del cartel en una filosofía tan clara como incuestionable. Tan sencilla como infalible. La buena música. Bandas ya consagradas comparten cartel, escenario y noche con formaciones más jóvenes, pero de impecable trayectoria. Lejos del carácter “galáctico” de otros festivales, el contemPOPránea nació con pretensiones de familiaridad, como una apuesta por la cercanía, por las posibilidades de que se establezca un flujo recíproco entre los artistas y el público que, obviamente, se están viendo mermadas por las dimensiones que el Festival va adquiriendo año tras año.El cartel es netamente nacional. El de 2003 ha contado con los buques insignia de los principales sellos independientes del país, como Subterfuge, Sinnamon Records, Mushroom Pillow, Jabalina Records, Criminal Records, Elephant, Limbo Starr o Grabaciones en el Mar. Todo un lujo. Nada que envidiar. Un total de dieciséis bandas dan cuerpo a un cartel cargado de matices, que hurga en los entresijos del pop para ofrecer un muestrario completo de las distintas caras del género. Desde las vertientes más dulzonas hasta las más rockeras pasando por una amplia gama de tendencias con reiterados guiños al techno y a la electrónica.Por el escenario de contemPOPránea desfilaron Panorama 73, que inauguraron el festival aún con poco público la tarde del 25. Siguió la propuesta electrónica de los valencianos Kindergarten. Tras ellos, Maga alcanzaron momentos de gran intensidad con sus incursiones en sonidos ambientales. Xoel, de Deluxe, estrenaba banda con un concierto en el que arriesgaron con tino por una línea diferente a la que nos tenían acostumbrados. Los mallorquines Sexy Sadie asaltaron el escenario con una soberbia “In the water” que abrió una sesión pletórica. A continuación, Mercromina hicieron gala de un repertorio básicamente instrumental, muy en su línea, pensado para hacer evadir. (Tal vez algo… ¿soso?). Los leoneses Galáctica siguieron por los derroteros marcados por la electrónica. Ellos cerraron la primera noche con un concierto divertido que Santi y Guille supieron conducir con brillantez, pensado para bailar, corear y pasarlo bien. Acabados los directos, la música siguió en Alburquerque con la sesión de C! & Georgy Girl dj´s, que se ocuparon de lo que restaba de noche. Los más animados decidieron quedarse a esperar despiertos la segunda jornada del Festival.Tras un día de calor, resaca y piscina, los conciertos del sábado 26 arrancaron con Lou Anne, que este año era el “Grupo revelación”. Tras ellos les tocaba el turno a Cola Jet Set, artífices de un pop naïf muy en la línea de sus predecesores, los Fresones Rebeldes. Siguieron los cordobeses Deneuve, animados desde el foro por una incombustible legión de fans que calentaron el ambiente. Con La Buena Vida se alcanzó uno de los momentos más esperados de la noche. Los donostiarras, uno de los platos fuertes del cartel, emocionaron una vez más. Como todo el público esperaba, J, de Los Planetas, cantó junto a Irantzu el primer single del último disco de LBV, de nombre homónimo a la banda granadina. Los Planetas, por su parte, reincidieron en sus ya habituales formas, despertando amor y odio a partes iguales. Ofrecieron un concierto de singles, básicamente, echado a perder por las estridencias y los acoples de un sonido lamentable. Desde Ponferrada venían Juniper Moon, que se encontraron con un llenazo total. Y es que el sábado, el foro estaba a reventar. Tras ellos le tocaba el turno a Chucho. Comenzó a circular el rumor de que Fernando Alfaro estaba aquejado de una grave afonía, y que el concierto se iba a suspender. No fue así. Mejor tarde que nunca, la banda albaceteña salió al escenario para repasar los temas más simbólicos de su repertorio. El colofón corrió a cargo de los cacereños Luxury 54, que condujeron con soltura y descaro algunos de los momentos más animados de la noche en un concierto que dejó un estupendo sabor de boca.
Como ya es habitual, cada edición del ContemPOPránea se dedica a homenajear a un grupo o artista cuya aportación tenga un significado especial en el universo del pop. Este año, el tributo se ha dedicado al fallecido Carlos Berlanga, una de las figuras más polifacéticas y necesarias para entender la música española de las últimas décadas. Compositor, diseñador y creativo, autor con mayúsculas ligado al arte en toda su extensión, Carlos Berlanga fue artífice y partícipe de la época dorada del pop español.Además, y aprovechando la ocasión, Austrohúngaro ha reeditado “Indicios” (1994), el segundo trabajo en solitario de Berlanga. Un disco muy significativo que fue concebido en un momento de absoluta gracia creativa y que recoge muchos de sus temas preferidos junto a himnos míticos como “Aguas de Março”, “Indicios de arrepentimiento”, “La funcionaria”, y una selección de fotografías inéditas que inmortalizan, más si cabe, la figura de Berlanga. “Perlas ensangrentadas”, “Tazas de té”, “Ni tú ni nadie”, “El rey del glam” y “Crisis” fueron algunos de los temas elegidos por los grupos, que el público coreó en episodios cargados de delirio y emoción que moldearon algunos de los grandes minutos del ContemPOPránea.Y como la música nunca viene sola, ContemPOPránea 2003 celebró también dos actividades paralelas: la 1ª Muestra de Fanzines, que nace con vocación de perpetuarse en futuras ediciones, y el habitual mercadillo de música y moda.
Hablando de números, en 2003 el antes íntimo ContemPOPránea batió su propio récord, con la asistencia de cinco mil festivaleros. Las páginas podridas de la crónica son las que se han escrito con la crítica unánime a una deficiente organización. Un espacio reducidísimo, insuficiente para albergar a tanta gente, la descarada precariedad de los cuartos de baño, las limitaciones de la zona de acampada, la aglomeración imposible ante la única barra y la falta de agilidad para canjear la entrada por la consabida pulsera, que provocó una espesa cola, sobre todo la noche del viernes.Como la botella, medio llena o medio vacía, según se mire, hay quien hace de esta desorganización patente una lectura positiva, pues tal vez el hecho de que el festival esté creciendo por encima de las expectativas es un claro síntoma de su potencial, que no hace sino afianzar el contePOPránea dentro del circuito y del calendario anual del pop independiente español.
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